dimanche 29 janvier 2012

Martín AMIS/Vladimir NABOKOV, Divina levedad



Vida y obra / Vladimir Nabokov
Divina levedad
Por Martín AMIS

Las recientes ediciones en inglés de Stalking Nabokov y del poema que integra la novelaPálido fuego echan nueva luz sobre la escritura del autor de Lolita, según la aguda interpretación que en este artículo hace su colega y admirador británico

Jake Balokowsky, mi biógrafo,
hizo microfilmar esta página. Sentado en /su silla
en su cuarto con aire acondicionado
de Kennedy, en jeans y zapatillas,
no puede ocultar cierta leve impaciencia /con su hado?

Con el último verso, el poeta inglés Philip Larkin (1922-1985) pretende minimizar el sentido. Para Jake Balokowsky [el futuro biógrafo que Larkinse inventa en su poema "Posterity", N. de E.], el proyecto Larkin es tan sólo una vía para convertirse en catedrático y un par de semestres de licencia, que le darán la oportunidad de concentrarse en algo más interesante -por ejemplo, "Teatro de protesta" (el poema, "Posterity",está fechado en 1968)-. De manera que el Philip Larkin del profesor Balokowsky,si alguna vez lo terminara, probablemente no sería nada peor que un ejercicio de trabajo duro, con la hostil condescendencia del autor ("este viejo chocho", "este bastardo") mantenida bajo un viril control. No obstante, podemos señalar, al pasar, que en el curso de dieciocho versos el poeta le ofrece a Jake una considerable oportunidad de interpretar con precisión a su biografiado? mucho mejor que la interpretación de los críticos que hicieron cola para demoler la reputación de Larkin a principios de la década de 1990, tras la publicación de su biografía y de sus cartas. "¿Cómo es usted?", le pregunta Jake:

Cristo, ya te dije. Lo que nos enseñaron,
esa cosa espantosa del libro de texto de
/Psicología Elemental,
no debido a golpes ni a cosas que pasaron,
uno de esos tipos asquerosos, de manera /natural.

Larkin demorará a Jake durante apenas un año, así que lo más posible es que el presunto biógrafo no quede resentido por la experiencia de manera definitiva. En la actualidad, en el mundo literario real, habitualmente los biógrafos quedan encerrados durante una fracción significativa de su vida, y la "leve impaciencia" tiene oportunidad de hacer metástasis (hasta convertirse en "patografía", como la denomina JoyceCarol Oates). Además, en una época culturalmente igualitaria, resulta más difícil resistirse a la tentación de emular. Los potenciales Boswell empiezan a preguntarse si su particular Dr. Johnson es realmente digno de una labor tan prolongada y, por ser ellos mismos escritores, con las ambiciones y angustias de todo escritor, empiezan a gimotear porque nadie les presta atención. Podemos imponer un sencillo correctivo a esa tendencia: el Dr. Johnson no escribió la monumental Vida de James Boswell , y por razones obvias. Un experimento similar revela la imposibilidad de la existencia de Andrew Motion: A Writer'sLife , por Philip Larkin (o, digamos, James Atlas: A Biography , por Saul Bellow). Jake Balokowsky mereció un poema; no merecería una biografía. [Andrew Motion es biógrafo de Larkin y James Atlas, de Bellow. N. de E.]

Vladimir Nabokov murió el 2 de julio de 1977. Antes de que terminara ese mes Andrew Field por fin publicó Nabokov: His life in part . El libro se había estado gestando desde mediados de la década de 1960; Nabokov lo vio primero pasado a máquina en 1971, y respondió nada menos que con 200 páginas de correcciones. Aunque Field es un escritor interesante (¿por qué otro motivo Nabokov le hubiera dedicado tanto tiempo?), podemos decir con seguridad que no es uno de los mimados por la naturaleza. Tal como resultó, su biografía se hizo tibiamente famosa debido al tonelaje de sus inexactitudes (Field da 1916 como fecha de la Revolución Rusa, y parece pensar que Nabokov se trepaba a los árboles cuando cazaba mariposas); pero lo que nos concierne más es su turbia impertinencia? y la profundidad de la afrenta que logró infligir. "No puedo decirte lo alterado que estoy por todo el asunto", escribió Nabokov (a su abogado). Un sentimiento de desperdicio y violación fue responsable de gran parte de su talante sombrío en la última década de su vida.

Nabokov: His life in part empieza con Field y Nabokov abocados a un estilizado diálogo sobre el tema de la metodología. Después, tras nueve páginas de insoportable tensión, llegamos a lo que Field denomina "nuestra pequeña diferencia" (una frase reveladora, aunque el contratiempo permanece en la oscuridad:

Ni Nabokov ni yo nos dirigimos mutuamente palabras iracundas? yo estaba alterado. Hay, debo decirlo desde el principio, aspectos (y no estoy hablando de sus muchas virtudes y atributos) en los que soy demasiado parecido a Vladimir Nabokov como para poder juzgarlo. Arrojé pedazos de pan seco a las gaviotas desde el balcón del piso catorce?

Etcétera, etcétera (le lleva otro medio párrafo calmarse). ¿Cómo podemos responder a esto? ¿Con una obediente ensoñación sobre las flaquezas supuestamente compartidas por un novelista ruso-estadounidense (cuyo retrato aparece en la tapa del libro) y un académico australiano excepcionalmente desgreñado (cuya foto aparece en la solapa posterior)? No, por supuesto que no: simplemente nos restregamos los ojos ante el intento de Field de reclamar para sí cierta paridad del ego. Evidentemente, el biógrafo está descontento con su lugar, y una parte de su mente simplemente no puede entender por qué Nabokov nunca escribirá un libro titulado Andrew Field . En realidad, uno puede imaginar ese texto: cobraría la forma de una despiadada novela corta. ¿Pero por qué el águila tendría que desplegar sus alas? El engaño literario extremo y florido era un área queNabokov ya había recorrido y colonizado? con Hermann Hermann en Desesperación , con (el verdadero) NikolaiChernishevski en El don y, de manera más escandalosa, con Charles Kinbote enPálido fuego .

La inexistencia de un volumen de Nabokov titulado Stalking Boyd (Asediando a Boyd) evidentemente nunca perturbó al autor de la recientemente publicada Stalking Nabokov . Fue Brian Boyd quien, a fines de la década de 1980, puso la vida de Nabokov (y su archivo) en orden. Produjo luego Vladimir Nabokov: The Russian Years (1990) y Vladimir Nabokov: The American Years(1991). Esos dos volúmenes son rigurosos, vigorosos y, por supuesto, atractivamente legibles: la huida de la Rusia revolucionaria del poeta principesco de diecinueve años; el asesinato de su padre, el estadista liberal V. D. Nabokov, en 1922; el noviazgo, el matrimonio y la paternidad en los departamentos alquilados y las pensiones de Berlín; el ascenso de otra "asquerosa dictadura"; la huida de Francia en 1940, con la Wehrmacht atacando París; la heroica reinvención en Estados Unidos; la fama mundial a fines de la década de 1950, después de 40 años de penurias sin una queja, y luego, el enormemente industrioso crepúsculo en el Montreux Palace Hotel, a orillas del Lago Ginebra. Es una historia que parece cada vez más fantástica a medida que pasa el tiempo.

Boyd es impecable en cuanto a los hechos y a su tacto. Podemos estar seguros de eso, porque su biografía sobrevivió al escrutinio de la viuda de Nabokov. Aunque Vera Evseevna Nabokov era una mujer bella, encantadora y talentosa, su grado de protección conyugal podría ser calificado con justicia (y admiración) de brutal. Y, lo que viene más al caso, el comportamiento de Boyd es ejemplar, y su prosa está energizada por un apasionado amor de lector. Es un escritor que ha prestado atención al réquiem deAuden dedicado a Yeats, que concluye: "En la prisión de sus días/ enseña al hombre libre cómo hay que alabar".

En Stalking Nabokov , Boyd intenta algo bastante ambicioso: toma al titánico Nabokov y procura revisarlo hacia arriba. Según Boyd, Nabokov no es tan sólo el más grande novelista del siglo XX, sino que es también un poeta considerable, un científico importante, un traductor polémico y original, un crítico intrépido y liberador, un psicólogo erudito (y no tan sólo un freudofóbico), un dramaturgo prolífico, un inimitable autor de memorias, y un corresponsal literario humildemente incansable y elocuente. Después de esta salva de cañonazos de logros, resulta casi ridículo que nos recuerden que los problemas de ajedrez ideados por Nabokov se consideran de "clase mundial" (el problema de ajedrez, escribe Nabokov en Habla, memoria , es "un arte bello, complejo y estéril"? pero lo mismo puede decirse del ajedrez, tal como lo demostró en su brillante novela temprana La defensa ). Stalking Nabokov , finalmente, es un tributo no sólo a un extraordinario animal literario, sino también a la dimensión, la fuerza y la energía de un cerebro extraordinario.

Los nabokovianos enfrentamos ahora un futuro más o menos obliterado por la perspectiva de mantenernos a la altura de la escandalosa fecundidad del maestro? porque Boyd nos advierte que hay más, mucho más por venir. Las futuras publicaciones incluirán 800 páginas de piezas dramáticas (incluyendo los dos guiones hechos para la Lolita de StanleyKubrick), dos gruesos volúmenes de notas sobre el Eugenio Oneguin , de Pushkin;tres gruesos volúmenes de traducciones de poesía rusa, un inminente volumen de Collected Poems , una edición ampliada del ya considerable volumen de Short Stories , las cartas a Vera (y las cartas a su madre, a su padre, a su hermana, a su hermano y a un amplio círculo de amigos rusos), para sumarse a las Selected Letters y a Dear Bunny, Dear Volodya: The Nabokov-Wilson letters ; "dos o tres volúmenes de nuevas lecciones", para completar las Lecciones de literatura , Lecciones de literatura rusa yLecciones sobre Don Quijote , y Think, Write, Speak , un compendio de piezas en prosa y entrevistas que completan su deslumbrante obra crítica Opiniones contundentes .

Esta épica de fanática diligencia debería cerrarse con una nota al pie transmitida en susurros. Después de la crisis nerviosa, perfectamente comprensible, sufrida por el traductor al francés deAda o el ardor: una crónica familiar (la más larga y tortuosa de sus novelas), Nabokov se levantaba todos los días a las cinco de la mañana para traducirla él mismo. Le quedaba un año de vida. Tenía 76 años.

* * *
Hay que admitir que Stalking Nabokov arranca con un principio decididamente poco sólido. "Desde que terminé mi biografía", escribe Boyd, bastante alegremente, en su introducción, he explorado nuevos campos, peroNabokov sigue cortándome el paso. Ya he publicado mucho material sobre él, algunas cosas muy conocidas, otras no. Cuando recientemente tuve ocasión de consultar uno de mis trabajos menos conocidos sobre él, decidí que a algunos les gustaría ver ese material.

Y por alguna razón (no es una razón cronológica), pone todo el material más ligero y menor al principio? un brindis que Nabokov hace en una cena celebrando un centenario, un discurso que pronunció en una ceremonia de entrega de premios, y cosas por el estilo. El tono amigablemente informal de Boyd lleva a vulgarismos ("ofertas que no puedo rechazar", "no lo digo en broma"), feas locuciones como "retroalimentación" e "inagotabilidad", algún raro error injustificable (un hablante de ruso debería estar doblemente seguro de que no existe nada semejante a "un gulag"), y una buena cantidad de desvergonzada repetición. Algunas partes parecen redactadas en la combi que nos traslada a una conferencia ("Por los derechos de los trabajos de Nabokov sobre mariposas por un volumen por el que..."); otras parecen producto de una larga reflexión, bajo una lámpara caliente, en el hotel del aeropuerto:

¿Acaso la pasión [de Nabokov] por las papillons [mariposas] indica que las personas no le interesan suficientemente? ¿O deberíamos argumentar lo contrario, que la manera en que usó la red de cazar mariposas en su niñez no influye sobre la manera en que blandió su pluma? Después de todo, Humbert perseguía nínfulas, no Ninfálidos; Luzhin capturaba piezas de ajedrez, no mariposas a cuadros; Pnin acumulaba penas, no Sulfuradas.

Y cuando, en uno de sus curiosos apartes, Boyd revela que "los últimos ocho años de mis nueve como estudiante no usé otra cosa que batas violeta, mandarina, verde lima o escarlata", empezamos a preguntarnos en qué nos habremos metido. En ese momento -página 18- Boyd se está acicalando para su primer encuentro con la señora Nabokov (se sentirán aliviados al enterarse de que se puso su único traje). Tal como ocurrió, Vera Evseevna pronto empezó a valorarlo y a confiar en él, y nosotros deberíamos seguir el mismo camino.

Durante gran parte de la década de 1940, Nabokov trabajó en el Museo de Zoología Comparada de Harvard. Pasó casi catorce horas diarias ante su microscopio y escribió varios trabajos importantes (uno de ellos, "una monografía de 90 páginas sobre los miembros neárticos del género Lycaeides"). El profesorBoyd, como autor de libros sobre la evolución y la cognición, está bien equipado para transmitirnos el verdadero sentido del peso científico de Nabokov. Los lepidopterólogos, nos dice:

han confirmado recientemente que la Cyclargus de Nabokov, tras pasar un análisis cladístico de muchos rasgos anatómicos, revelaron que las Cyclargus y las Hemiargus no son siquiera géneros inmediatamente hermanos? Johnson y Balint anuncian que "siguen los métodos de Nabokov (1945), (el primer revisor de las poliommatinae neotropicales), quien subrayó la importancia taxonómica de las armaduras genitales en la sistematización de las lycaenidae? Kurt Johnson comenta que los resultados confirman "que la contribución de Nabokov fue significativa, histórica, y reveladora de una notable y casi misteriosa intuición biológica".

Eso es impresionante, y no simplemente por casualidad: nos conduce al quid nabokoviano. Aunque reconocía la belleza y la brillantez de la teoría de Darwin, Nabokov estaba incurablemente atraído hacia una versión personal de lo que ahora llamaríamos "diseño inteligente", y la base de esa atracción era el tema del mimetismo. En El don , el joven poeta Fiodor Godunov-Cherdintsev reflexiona sobre el increíble ingenio artístico del diseño mimético, que no puede ser explicado por medio de la lucha por la existencia (el crudo apremio de las fuerzas no calificadas de la evolución), era demasiado refinado para apenas engañar a los predadores accidentales? y parece haber sido inventado por algún artista burlón precisamente para los ojos inteligentes del ser humano.

Boyd nos asegura que "los trabajos experimentales sobre los índices de supervivencia de los animales camuflados? confirmaron que hasta el mimetismo más elaborado podía ser perfectamente explicado por la selección natural", y prosigue preguntándose si Nabokov, o su espectro, habrían capitulado ante estos descubrimientos. Cree que no? y probablemente esté en lo cierto. Y Nabokov, después de todo, fue un científico profesional. ¿Cómo podemos justificar una intransigencia tan profunda?

Tal vez corresponda en este caso, por una vez, aceptar una explicación ingenuamente "biográfica". Nabokov vivió en Berlín desde 1923 hasta 1937. Fue testigo del darwinismo "social"; la ideología de "la lucha por la existencia" era lo que le decían desde los altoparlantes de las terrazas. El Tercer Reich hubiera sido imposible de tragar para él en cualquier caso, pero debemos tener en cuenta que vio la aprobación de las leyes de Nuremberg en compañía de su esposa Jüdin (judía) y de su hijoMischling (mestizo, mixto), que tenía entonces un año. Nabokov rara vez aborda la cuestión alemana en su obra de ficción? un único párrafo inolvidable en Pnin , una oración hiriente en "Signos y símbolos", una obra de cinco páginas, y estas líneas de otro relato, "Una vez en Aleppo?" (1943):

Aplastado y empujado en medio del apocalíptico éxodo [de París], esperando trenes sin horario que se dirigían a un destino desconocido, caminando a través de la rancia escenografía de ciudades abstractas, viviendo en un permanente crepúsculo de agotamiento físico, huíamos; y cuanto más huíamos, más claro se hacía que lo que nos impulsaba a seguir era algo más que un necio con botas y cinturón con su colección de basura impulsada de manera diversa? algo de lo cual él era un mero símbolo, algo monstruoso e impalpable, una masa atemporal y sin rostro de horror inmemorial que aún me acecha desde atrás incluso aquí, en el verde vacío de Central Park.

Y el castigo del narrador es definitoriamente nabokoviano: "con todos sus negros pecados, Alemania estaba condenada a ser eternamente el hazmerreír del mundo".

* * *
Es posible ser un vigoroso entusiasta de Nabokov y permanecer en casi absoluta ignorancia de su poesía. Poems and Problems (1970) incluía 53 poemas y 18 problemas de ajedrez, y esa configuración aparentemente juguetona indujo a muchos de nosotros a creer que la poesía, para Nabokov, era algo marginal o hasta un hobby . ¿Pero acaso no fue eso lo que supusimos que era la entomología? Boyd nos convence de que Nabokov era incapaz del abordaje superficial: en todo lo que hacía empleaba todos los recursos de los que disponía.

Sin embargo, hay una épica en verso (le falta un pentámetro para completar los mil versos) que todos los admiradores de Nabokov seguramente han leído al menos dos veces: me refiero a "Pálido fuego". La novela que lleva ese título nos obliga a saltar entre los pareados heroicos de John Shade y el loco "Comentario" de Charles Kinbote(que es una distracción en todos los sentidos de la palabra). El extenso y fervoroso ensayo de Stalking Nabokov y la nueva edición hecha por Boyd de "Pálido fuego" solo y libre de interferencias nos insta a examinar el poema como un todo autónomo. Y ese ejercicio es epifánico. "Pálido fuego" centellea con nuevo pathos y vitalidad? y lo mismo le ocurre a Pálido fuego . Por primera vez vemos el poema en toda su inocencia, y registramos el vandalismo de la desesperada parodia de Kinbote.

Así, finalmente, se nos revelan claramente las verdaderas dimensiones de Pálido fuego . Y esa proeza de vigorización tardía califica como una de las más audaces apuestas a la grandeza de Nabokov. En Lolita nos enteramos del destino de la heroína en el prólogo del "editor":

"Louise" es ahora estudiante universitaria de segundo año. "Mona Dahl" estudia en París. "Rita" se ha casado recientemente con el dueño de un hotel en Florida. La señora de "Richard F. Schiller" murió dando a luz a una niña muerta, el día de Navidad de 1952, en Gray Star, un asentamiento del más remoto noroeste. "Vivian Darkbloom" ha escrito una biografía?

Lolita no aparece con su nombre de casada hasta la página 266 (a unos pocos breves capítulos del final); no se puede esperar que ningún lector que lea el libro por primera vez recuerde su superficial obituario de la página dos. Cualquier otro escritor hubiera reforzado su apuesta con algo como "la señora de Richard F. Schiller, Dolly". Pero no Nabokov. Algo le dijo que Lolita sería releída y re-releída. En 1958 agregó un epílogo, "Sobre un libro titulado Lolita ", en el que subrayaba que Gray Star (mencionada solamente una vez) es "la ciudad capital del libro". Dolores Haze, la obliterada heroína, sólo tuvo que esperar tres años a que su tragedia fuera plenamente reconocida. John Shade, el héroe asesinado, se vio obligado a esperar medio siglo.

Los libros y las reputaciones tienen vida después de la muerte. ¿Pero también la tienen los seres humanos? John Shade lucha por creer en alguna clase de resurrección, aunque más no sea para mitigar el dolor por la muerte de su hija ("Estoy razonablemente seguro de que sobrevivimos/ y de que mi querida hija está viva en algún sitio"). Y Nabokov, desde la niñez en adelante, estaba dispuesto a rechazar lo que Shade llama "el inadmisible abismo" del olvido. Por supuesto que desestimó la fe religiosa formal, que con su dócil aceptación comunitaria le resultaba indigna sin esperanzas. "La búsqueda de Dios: el anhelo del sabueso de tener un amo", señala Fiodor en El don . "Estoy convencido de que nos esperan extraordinarias sorpresas", dice en otro momento. "Es una lástima que uno no pueda imaginar lo que no puede comparar con nada. Genio es un africano que sueña con la nieve". Hay algo inexorable en la necesidad nabokoviana de imaginar nieve africana: es una extensión de su temperamento, y de su sobrealimentado equipamiento sensorial.

En cuanto al timbre del espíritu artístico de Nabokov, Boyd es fundamentalmente sensato:

Era un maximalista: alguien que apreciaba, tanto como el que más, las riquezas que ofrece el mundo, en la naturaleza y el arte, en las sensaciones, la emoción, el pensamiento y el lenguaje, y la sorpresa de esas riquezas, si las animamos con toda nuestra atención e imaginación? Y su generosidad para con los lectores iguala y revive y rinde tributo a lo que él mismo siente como la generosidad de nuestro mundo.

Y ésa es una descripción necesaria. Es hora de desmentir al supuestamente frío, cruel, oscuro, desalentador Nabokov, que es en gran parte una criatura mitológica (un mito creado como una suerte de mecanismo de defensa, quizás, de los lectores que se sienten amenazados por la fuerza de su penetración). Nabokov era un celebrante, y el secreto de su prosa es su divina levedad.

Boyd nos dice que María (1926), la primera novela de Nabokov, fue provisoriamente tituladaFelicidad (de manera similar, el héroe de El don quiere escribir "un manual práctico: Cómo ser feliz"). Varios de sus primeros relatos -"Dioses", "Beneficencia", "Una carta que no llegó a Rusia"- son poco más que himnos deslumbrados a la dicha de la existencia. "En la vida y en toda mi configuración mental soy indecentemente optimista y radiante; la depresión y el abatimiento (tal como lo expresa Boyd)son solamente para los "ridículamente desatentos". A los 22 años Nabokov le envió a su madre un breve poema, como prueba de que "mi ánimo es tan radiante como siempre. Si vivo cien años, mi espíritu seguirá andando por ahí de pantalones cortos". "Esto es el éxtasis -escribe en Habla, memoria (está al aire libre cazando mariposas)-, y detrás del éxtasis hay algo más, difícil de explicar. Es como un momentáneo vacío en el que se arrojan todas las cosas que amo." Hacia el final del libro habla de "las mejores cosas de la vida" (la paternidad en un matrimonio armonioso, la naturaleza inteligente y -sorprendentemente- la inactividad), y concluye:

¡"La lucha por la vida", sin duda! La maldición de la batalla y el esfuerzo lleva al hombre de regreso al jabalí, a la loca obsesión de la bestia gruñona con la búsqueda de alimento? ¡Trabajadores del mundo, desbandaos! Los viejos libros están equivocados. El mundo fue hecho un domingo.

* * *
Por si nos olvidamos: la parte del león de lo que heredamos de Nabokov nos llega bajo la forma de ficción. En ese punto, naturalmente, Boyd tiene sus propias predilecciones. Gravita hacia el Nabokov profesoral o enseñable, el alusivo, el de los juegos de palabras, el finamente cincelado? el de la orfebrería en plata o, en una palabra, el autoindulgente. Lo que es más, está comprometido con el enfoque interpretativo, afirmando, por ejemplo, que ha resuelto el "acertijo" de Cosas transparentes , y confesando (haciéndose querer por eso) que todavía no entiende Lolita . Entre los no especializados, esta clase de lectura inductiva ha estado muerta desde hace una generación; ya no leemos novelas para resolverlas o entenderlas? si es que alguna vez lo hicimos.
Boyd también es algo así como un apologista de la única incomodidad significativa que produce todo el corpus de Nabokov. De las 19 obras de ficción, no menos de seis se refieren, en parte o totalmente, a la sexualidad de niñas prepúberes. En Stalking Nabokov , esas seis son reducidas a tres: Boyd ignora el tema de la pedofilia de Cosas transparentes , y justifica su presencia en ¡Mira los arlequines! y El original de Laura diciendo que Nabokov tan sólo trataba "de subvertir nuestras expectativas". Esa argumentación falla en dos aspectos. Claramente, no hace que las dos niñas desaparezcan (el tema de la pedofilia sigue siendo el tema). Y se imputa un saber trivial y totalmente implausible. Nabokov amaba a sus lectores, pero podemos estar seguros de que ni por un momento tomó en cuenta sus "expectativas". Para ser tan claro como es posible: la plaga de ninfas, imposible de ignorar, en Nabokov no es un tema de moral sino de estética. Simplemente, hay demasiadas.

En las páginas de Boyd aparece una distinción, confesadamente artificial pero útil, entre Nabokov el estilista y Nabokov el narrador. Se podría encarar de manera un poco diferente, y dividir los dones de Nabokov en a) los que derivan del genio, y b) los que derivan del talento. El genio sería el don natural de la altitud de percepción y la facilidad de articulación, y el talento sería la técnica y todas las habilidades que vienen bajo el rótulo del Oficio. A veces predomina el talento, como en esas dos melódicas pero ferozmente concentradas farsas negras, El hechicero y Carcajada en la oscuridad . A veces, como ocurre en esas dos potenciales obras maestras, El don y Ada , el genio se agranda y el talento se encoge y muere (lo mismo ocurre en el caso de Finnegans Wake ). Todo depende de qué le parezcan a cada uno esas dos sátiras distópicas, Curva siniestra e Invitación a una decapitación , pero parecería que en alrededor de una docena de las novelas de Nabokov (e incluimos entre ellas Cosas transparentes ) el talento y el genio se encuentran en equilibrio casi perfecto.
El delicioso y doloroso cuento "Lips to Lips" (1932) se inicia con un aspirante a novelista agachado sobre su escritorio:

Los violines aún seguían interpretando lo que parecía un himno de pasión y amor, pero Irina y el profundamente conmovido Dolinin ya se encaminaban rápidamente hacia la puerta?

Sus dos corazones latían al unísono.
"Deme su talón del guardarropa", dijo Dolinin (tachado)
"Por favor, permítame buscar su sombrero y su abrigo" (tachado)
"Por favor", dijo Dolinin, "permítame buscar sus cosas" ("y mis" insertado entre "sus" y "cosas")
Dolinin fue al guardarropa y tras extraer su pequeño talón (corregido a "ambos pequeños talones")?
En este punto Ilya Borisovich Tal quedó pensativo.

Aunque Nabokov -con gran ingenio y ternura- atribuye a su maduro literato un mínimo de genio ("las descripciones de la naturaleza y de las emociones le brotaban con sorprendente facilidad"), le niega el más mínimo neutrino de talento. El pobre Ilya Borisovich sufre horriblemente en manos de sus pronombres? "ella" por ejemplo, siempre que hay otra "ella" en la habitación, forzándolo a un duro "esa dama" o "su interlocutora". Es muy torpe con los elementos esenciales de la realidad (puertas, billetes, abrigos, "cosas"), pero los "artículos de lujo", o eso imagina, parecen "ser mucho más obedientes":

y ahora, tras haber acabado reflexivamente con el lío del guardarropa, y a punto de obsequiarle a su héroe un elegante bastón, Ilya Borisovich ingenuamente se deleitó en el brillo de su rica empuñadura y no previó, ¡ay!, los reclamos que haría ese valioso artículo, cuán dolorosamente exigiría ser mencionado, cuando Dolinin, mientras sus manos palpaban las curvas de un flexible cuerpo joven, estuviera cruzando a Irina a través de un arroyo primaveral.

Es un lugar común decir que Nabokov estaba bendecido por una sobreabundancia de genio. Sí, y también con una sobreabundancia de talento. Su transición de una escena a otra y de un punto de vista a otro, su paso, sus modulaciones, su control de la escena, sus siempre alertas cambios de perspectiva, su libertad que no comete descuidos, su seguridad del ritmo: todo eso se produce sin fricciones. Al principio, "Lips to Lips" parece una inverosímil proeza de empatía: ¿cómo hizo Nabokov, justamente, para abrirse paso en la mente de un hombre que no puede escribir? Pero hay días en los que cualquier escritor se siente como Ilya Borisovich. Tal como nos recuerda Boyd, una sola oración de Lolita (la importante pero para nada esencial evocación del peluquero Kasbeam en el capítulo 16) le costó al autor un mes de trabajo. "Mis lápices duran más que mis gomas", dijo Nabokov en Opiniones contundentes . "He reescrito -con frecuencia varias veces- cada palabra de las que publiqué."

El panegírico es considerado con justicia la más aburrida e innecesaria de las formas literarias. En nuestro intento de evaluar el brillo febril de Nabokov, con sus "distantes espasmos de silenciosos relámpagos", no tenemos nada para aducir salvo nuestra indefensa subjetividad; eso y las citas. De manera que he aquí un aparte personal, o "biográfico". Este escritor recientemente dictó un curso sobre primeras novelas, entre las que se contaban Decadencia y caída , de Evelyn Waugh;Hombre en suspenso , de Saul Bellow; Adiós Colón , de Philip Roth y La subasta del lote 49 , de Thomas Pynchon. Aunque estos viajes inaugurales contienen resonancias y anticipos de lo que vendrá, sólo una novela entre ocho, y sólo una oración, entre decenas de miles, daba la impresión de que algo sobrenatural anunciaba lo que vendría. La novela era María (1926) y la oración (que curiosamente contiene un error técnico digno de Ilya Borisovich: la repetición de "sacudir") se encuentra en la página 113:

Los negros trenes pasaban rugiendo, sacudiendo las ventanas de la casa; con un movimiento como el de hombros espectrales que se sacudieran de encima un peso, arrojando montañas de humo hacia arriba, borrando el cielo de la noche.
Los emigrados rusos más vigilantes, en los raídos pero dinámicos círculos literarios de la capital alemana, seguramente esperaban con ansiedad la segunda novela del misterioso V. Sirin. Al abrirla, habrían advertido de inmediato que "el negro tren" sin duda había llegado a destino (y que otra vez estaba a punto de partir, exactamente a horario). Rey, dama, valet (1928), un relato de asesinato, locura y disolución, empieza de esta manera:

La enorme manecilla negra del reloj todavía está inmóvil pero a punto de hacer su gesto de cada minuto; ese salto elástico pondrá un mundo en marcha. La esfera del reloj se alejará lentamente, llena de desesperación, desprecio y aburrimiento, mientras uno por uno empiezan a pasar las columnas de hierro, llevándose con ellas la cúpula de la estación como atlantes ciegos; el andén empezará a moverse, llevando consigo en un viaje desconocido las colillas de cigarrillos, los boletos usados, las salpicaduras de sol y de saliva; un carro de equipaje se deslizará a un costado, con las ruedas inmóviles, seguido de un puesto de diarios en el que cuelgan revistas de seductoras cubiertas -fotografías de bellezas desnudas, de un gris perlado-, y gente, gente, gente en el andén que se mueve, cada persona moviendo también sus pies aunque inmóviles, avanzando a grandes pasos aunque retirándose como en un torturante sueño lleno de increíble esfuerzo, náusea, una debilidad algodonosa en los propios tobillos?

Toda la vieja ciudad en su rosada bruma matinal del otoño también se movía: la gran [estatua] piedra de la plaza, la oscura catedral, los carteles de las tiendas ?un sombrero de copa, un pez, el tazón de cobre de un barbero.

Ya no había manera de detener el mundo.

Y era un mundo que Nabokov estaba decidido a ver -para decirlo con las palabras de María , una primera novela notable principalmente por su serenidad- "con ojos nuevos y amorosos".

(Traducción: Mirta Rosenberg) 

Articulo : http://www.lanacion.com.ar 28/01/2012

Cristina CARRILLO DE ALBORNOZ/Entrevista a Harold BLOOM


Harold BLOOM
«Siempre he sido un outsider, llevo 35 años con anti-colegas»
Por Cristina CARRILLO DE ALBORNOZ 

Harold Bloom (Nueva York, 1930), el sublime pope de la literatura y majestad de la critica literaria, es incansable: prepara una obra de teatro sobre Whitman y el Cervantes de Nueva York va a dedicarle una exposición en abril de este año. Es, en persona, tan apasionado, encantador, brillante e ingenioso como los personajes de las obras de su adorado Shakespeare.

Y como el teatro del Globo de Shakespeare, que atraía a todas las clases sociales, ha convertido a los grandes maestros de la literatura de todos los tiempos en accesibles, llevando a los lectores por caminos jamás soñados. No es extraño que mientras conversamos en su casa de New Haven, al lado de la Universidad de Yale, (donde desde hace 55 años es profesor), cierre los ojos y recite poemas, como poseído por ellos. El Cultural habla con él ahora que coinciden en España Anatomía de la influencia (Taurus), La escuela de Wallace Stevens (Pre-Textos) y Novela y novelistas (Páginas de Espuma).

Hace mucho tiempo que Bloom ha interiorizado esos poemas que le han acompañado desde la infancia y que ahora recita, como invitándonos a un mundo mucho más bello del que sus ojos ven. Y entonces uno se da cuenta que las palabras son más que suficientes. En su compañía amable y espontánea -llama a sus cercanos siempre dear, my son, my child-, lo banal no tiene espacio; incluso uno se olvida del bastón que necesita para dar un paseo cada 15 minutos y mejorar la circulación de sus 81 "ya inocentes años". No es ahora Bloom ese hombre enorme que todos conocemos: el escritor ha adelgazado más de 40 kilos. 

Bloom nos hace trascender. Su talento es innegable pero debe mucho a su excepcional memoria. Una memoria portentosa, similar a la de un prodigio matemático o musical, capaz de captar las escondidas estructuras, en su caso de los textos. 

El porqué de su obsesión

Desde que a los siete años descubriera la poesía de Hart Crane como “una experiencia abrumadora”, su forma de vida ha sido la literatura. Y ese es el subtítulo de su penúltimo libro, Anatomía de la influencia donde vuelve al tema literario obsesivo de su carrera de crítico: la influencia. Lleva más de 50 años analizando la influencia, trazando secretas genealogías literarias, descubriendo los verdaderos ancestros de los mejores poetas, “algo difícil -señala- porque los grandes siempre enmascaran sus influencias”. En este libro ha querido “contar todo lo que he aprendido sobre cómo la influencia determina la literatura”. De hecho, lo describe como retrato autocrítico en el que “trazo mi propio mapa mental de escritores y críticos que me han inspirado”. Comienza volviendo a su idolatrado Shakespeare, “el universal e insoslayable padre fundador de todos”, para pasar a Blake, Whitman y demostrar cómo el Satanás deEl Paraíso Perdido de Milton es el retoño de Hamlet. Mientras tanto, escribe una obra de teatro sobre Whitman y el Cervantes en Nueva York prepara una gran exposición sobre su obra el próximo mes de abril. 

-Han sido siete años, desde 2004, los que ha tardado en escribir Anatomía de la influencia.
- He tardado tanto por mis enfermedades sucesivas. Había escrito un borrador tres veces más largo y finalmente la magnífica editora Allison McKeen me ayudó a cortarlo. 

- Dice que en sus largas noches de recuperación de esas enfermedades se despierta y se pregunta el porqué de su obsesión con el tema de la influencia. ¿Cómo nació esa obsesión?
- De niño estaba abrumado por la inmediatez de los poetas a los que amaba. Mi subjetividad se formó leyendo poesía desde los diez años. Con esa edad, parecía que los poemas se memorizan solos en mí. Muchos fueron hospedándose en mi mente y el placer de poseerlos en la memoria me ha mantenido muchas décadas.Y al interiorizarlos, y llevarlos conmigo tantos años, reverberaban en mi cerebro, enfrentándose unos con otros, y creando relaciones complejas entre ellos en forma de modelos enigmáticos. Recuerdo la conexión que hacía entre Blake y Crane, de Milton en Shelley, de Whitman en T.S. Eliot o en Wallace Stevens.Gradualmente los ecos, alusiones y búsquedas de fuentes fueron transcendiendo hasta convertirse en un tema crucial. Y mientras escribía mi disertación sobre Shelley para mi doctorado, comprendí de que el gran problema por resolver era el de las influencias. 

- Ese mapa de genealogías... 
- Sí. Wallace Stevens estaba obsesionado por la genealogía de su familia en Pensilvania. En una de sus cartas a un experto en genealogía le escribe una línea que Nietzschte habría admirado: “Genealogía es el arte de corregir los errores de los otros expertos en genealogía ...”. Una de mis amigas era su hija Holly, mi nexo con su padre, al que sólo vi una vez. 

- En su libro Genios incluye a muchos escritores en español además de Cervantes, como Paz, Borges, Cernuda o Lorca. 
-Con Borges, cuando nos veíamos en Nueva York, discutía mucho sobre la influencia literaria, aunque él siempre la idealizaba pues excluía cualquier rivalidad. Mi favorito es Cernuda. No sé por qué hay críticos españoles que no le aprecian. Para mí es uno de los dos mejores en lengua española del XX; es el poeta de poetas, increíblemente refinado. Lorca es un gran poeta pero más popular. Yo prefiero leer a Cernuda. 

El gran poeta español es Góngora

-¿Cuáles son los puntos esenciales en el mapa de los genios españoles?
- Todos tiene una relación muy compleja con la grandeza de la literatura del Renacimiento y barroco español. El gran poeta español es Góngora. Con él, los otros grandes exponentes del barroco, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, crean un grupo de literatura tan poderosa y rica que combinado con el mayor genio de todos, Cervantes, producen un efecto abrumador en todos estos escritores de lengua española del XX. 

-¿Cómo ha cambiado su forma de pensar durante la escritura del libro?
-Es simplemente un cambio de perspectiva. Shakespeare, y luego Shelley, usan la palabra influencia para referirse a lo que llamamos inspiración y me parece que es la forma básica de entenderlo. Originalmente escribí The Anxiety of Influence en el verano de 1967, aunque no lo publiqué hasta enero de 1973. Me llevó mucho tiempo hasta que maduré dónde quería ir. Luego escribí una secuencia de libros, el más importante El Mapa de Misreading sobre las afinidades y nexos entre escritores, que también desarrollé en libros como La escuela de Wallace Stevens(Pre-Textos). Pero tenía que volver a combatir la visión que se defiende en Occidente respecto a que la influencia es un proceso benigno, distante, que evolucionó como un beneficioso impulso hacia un escritor posterior de uno anterior. Yo creo en la forma antigua de influencia, muy importante en los griegos, que es la de agon, es decir, la lucha por el lugar más prominente. Es una competición que los griegos extendían a la política, al derecho, al deporte, al arte y a todo tipo de organización social. Con mi combate, seguramente una visión idealista, quise forzar a los lectores y poetas a reconsiderar la influencia. En realidad lo que yo llamo influencia es amor literario. Amor entre escritores pasados y futuros. La presencia del amor es vital para entender lo maravillosamente que funciona la literatura. Creo que mi primer libro se debía haber llamado Las ambivalencias de la influencia; la palabra ansiedad fue desorientadora. 

-Dice usted que no diferencia entre amor humano y literatura: “la vida imita al arte”.
- Es dictum con el que Wilde brillantemente vulgariza a mi gran héroe Walter Pater. Y es la visión de Henry James. Y la mía. Cualquier diferenciación entre literatura y vida es equívoca. 

Los equívocos de la realidad

-La literatura es su forma de vida. Vivir transcendiendo, en ese mundo de genios, ¿le ayuda a afrontar la realidad?
-Como bien sabe, la realidad es un término muy equívoco. ¡La palabra realidad quiere decir tantas cosas para cada ser humano! Y en el siglo XXI, la realidad es virtual. Para mí la literatura no es sólo lo mejor de la vida sino una forma de vida que no tiene otra forma. Cuanto mayor me hago, más intensifico mi búsqueda de la vitalidad en la literatura. Siempre fue una gran liberación sentir la libertad a través de mi amor hacia los grandes poetas. Recuerdo como si fuera ayer la extraordinaria fuerza y el deleite que me causaba leer a Crane o Blake de preadolescente (diez u once años), y ello a pesar de que no tenía noción de lo que contaban. ¿Por qué esa extraordinaria experiencia de enamorarte violentamente de la gran poesía y de su poder antes de entenderla? Porque a veces, la poesía esta encarnada en uno, y otras, como en mi caso, hay una voz que te dice que es la de un crítico. 

- ¿Sigue ejerciendo la crítica literaria “en primer lugar de forma personal y apasionada?” 
- Sí, no es filosofía ni política ni una religión. Es una forma de sabiduría literaria y una meditación sobre la vida. 

- Cuénteme esa bonita historia de un tío suyo, el que le habló por primera vez de Yale... 
-Sam Kaplan, un hombre maravilloso que tenía una tienda de golosinas en Coney Island. Era mi tío favorito, siempre me encontraba leyendo poesía. Un día me preguntó: “¿Qué vas a hacer con toda esa poesía cuando crezcas?”. “No tengo ni idea” le contesté. Y me explicó: “bueno, hay unos sitios llamados Harvard y Yale, en los que puedes ser profesor de poesía aunque no sé cómo”. Y le contesté : “seguro que lo seré”. Y pensé mucho en su explicación en 1987-88, cuando era simultáneamente profesor de poesía en Harvard y sterling profesor de humanidades aquí en Yale. 

- Creo que aprendió a leer en hebreo antes que en inglés...
-Me enseñé yo mismo a leer. Aprendí a hablar en yídish y yo solo aprendí a leer, primero en yídish, luego hebreo y luego inglés. Me he autoenseñado leyendo lenguas. Puedo leer español como leo el inglés pero mi pronunciación es desastrosa porque aprendí todas las lenguas a través del ojo y no del oído. 

-¿Lee el Quijote en español?
- Sí, a pesar de que escribí la introducción de una traducción al inglés escrita por Edith Grossman. Shakespeare leyó la primera traducción por Thomas Shelton y le afectó mucho. De hecho, escribió una obra de teatro sobre ello llamada Cardeniobasada en algunos episodios del Quijote; lamentablemente no ha llegado a nosotros. 

-Todo el mundo tiene un Quijote y un Sancho dentro…
-... Lo mejor escrito sobre el Quijote, obviamente tras Cervantes, es una gran parábola de Franz Kafka que se llama The truth about Sancho Panza, en el que dice que Don Quijote no existe sino que es una fantasía o ficción creada deliberadamente por Sancho Panza para entretenerle todos los días de su vida 

Falstaff y Sancho Panza

- ¿Está usted más cerca de Don Quijote o de Sancho?
-Si yo fuera un personaje no sería Don Quijote, ni Hamlet, sino Falstaff y Sancho porque son como las grandes figuras del Pantagruel en Rabelais. Los tres son espíritus juveniles y energéticos, bendecidos. En el sentido arcaico de la bendición, del judío brakhot; la frase para brindar en hebreo es L'Chaim(literalmente) por la vida. Su bendición es sinónimo de “más vida”. 

- ¿Cómo va la obra de teatro que escribe sobre Whitman?
- He tomado el siguiente semestre de clases de descanso porque estoy escribiendo una obra de teatro llamada, To you, whoever you are y subtitulada A pageant celebrating Walt Whitman. Se representará en Broadway y mi amigo Murray Abraham (Salieri en la película Amadeus) será Walt. Todo empezó en febrero de 2011. Estaba enfermo en la cama, por la noche, y no podía dormir; oí una voz que decía “quien seas (whoever you are. I fear you are walking in the walks of dreams..../whoever you are I place my hand upon you that you maybe my poem)…Me temo que estás andando por los caminos de los sueños/ quien seas pongo la mano ya que quizás seas mi poema- Y cuando me desperté unas horas más tarde, ¡cielos!, me di cuenta de que era Whitman. Y así comencé. 

- También comenzó leyendo a los románticos y escribió sobre Shelley. Su defensa de la corriente romántica fue su batalla en Yale. ¿Por qué se lanzó a tal disputa? ¿fue una forma de encontrar “su lugar” allí? 
- Sin duda. Además era en la edad de la corriente crítica de Eliot; había desterrado a Whitman y toda la tradición romántica -Keats, Byron, Shelley, Coleridge, incluso Blake-. Libré una batalla terrible en Yale contra un estudio de los ricos, esencialmente en la tradición anglo católica, muy corta de miras, estrecha mentalmente, unida a prejuicios sociales de toda clase. Siempre he sido un gran outsider en Yale, desde que llegué hace 60 años como estudiante graduado. Ahora estoy en el año 56 consecutivo de enseñanza pero nunca me he sentido en casa. Volviendo a 1976, hace 35 años, fui al equipo rector de Yale y les dije que no volvería al departamento de inglés y así no tendría colegas. No sé cómo pero aceptaron y creé mi departamento de uno solo. Llevo 35 años con “anti colegas”. Hace 15 años dejé de dar clases a graduados y me limité a los más brillantes estudiantes. 

- ¿Cuántos alumnos tiene?
- Desde hace dos años sólo tengo dos grupos de doce alumnos. Uno deShakespeare siempre (ahora analizamos El cuento de invierno) , y otro de poesía; ahora estamos con Emily Dickinson y vamos a comenzar con Wallace Stevens. 

Shakespeare siempre, efectivamente. Bloom empezó a leerlo a los 8 años y lleva más de 50 dando clases sobre Shakespeare. Dice que vuelve una y otra vez a él no sólo para analizarlo sino porque “es insoslayable para todos los que estamos detrás. Es un escritor global, aclamado, leído y representado en todo el mundo; todo lo que creó esta vivo y es universalmente relevante. Sin Shakespeare no nos veríamos tal como somos. Desde los 80 doy siempre una clase sobre Shakespeare. 

-Califica usted el estado de la cultura de "willy.nilly" (de cualquier manera) , no sólo la lectura es un arte moribundo sino que el lenguaje se ha empobrecido terriblemente.
- El estado de la cultura en el Occidente, particularmente en Estados Unidos, es crítico. Uno de nuestros dos partidos nacionales, el llamado partido republicano, y nadie dice la verdad, se ha vuelto el partido americano fascista. Y un país en el que uno de los dos partidos principales es fascista, está en condiciones muy peligrosas. 

Se escucha música en su estudio y Bloom dice: “Mis dos piezas de música favoritas son Musical offering, de Bach, y el G minor Quinteto, de Mozart. Ayer estaba cansado y triste y las escuché. Me curan”. También hay multitud de fotografías: “Fui un gran viajero pero ya no puedo y mi gran lamento es no haber visitado Andalucía. Siempre quise ver Granada y Córdoba”. 

***
La escuela de Wallace Stevens
Harold Bloom
Edición: Jeannette L. Clariond. Vaso Roto. 815 pp. 38 euros
Por Antonio COLINAS 

Creo que el canon literario posee su utilidad cuando el tiempo ha decantado los valores de autores y tendencias.

Sin embargo, seguimos fijando tempranamente aquellos escritores u obras que preferimos como lectores, algo que comparten la crítica y los autores. Hay que recordarlo ante esta fundamentada obra que fija más un canon que una generación, pues desde el propio Stevens (1879-1955) hasta Wadsworth (1950) o Lee (1957), hay 80 años de evolución en la poesía norteamericana; impuesta por el natural proceso creativo, pero también por la respuesta a la poesía anterior de los EE.UU, desbordada y contundente (Whitman), fiel a la mirada interior (Dickinson), arraigada y autodidacta (Frost), desconfiando de las ideas y dialogando con las otras artes (Williams) o revulsiva y provocadora (Pound). Tras estos grandes ejemplos -como “fin del camino” o “ruptura del canon”, escribe Jeannette L. Clariond-, es donde hay que situar la prueba y el valor que supone este espléndido volumen, subtitulado Un perfil de la poesía estadounidense contemporánea, en el que Bloom ha fijado escuela y canon. 

A él se deben los sabios textos previos de quince de los poetas, a los que la editora del libro ha añadido los de William Wadsworth y Li-Young Lee. Ésta nos recuerda que no nos hallamos ante una antología sino ante una verdadera escuela, que se basa en valores que completan los del pasado, pero a la vez aportándonos lo nuevo. De aquí la significativa inmersión que Clariond hace en la literatura española de las tres culturas para fijar tres de las claves centrales de la escuela norteamericana: misticismo, naturaleza, pensamiento. 

Un libro para descubrir y gozar, iluminador en lo que tiene no sólo de reacción contra los “grandes” de la poesía norteamericana del XIX y XX, sino de búsqueda de nuevos caminos. En fin, en los presupuestos teóricos de este volumen se nos recuerdan dos principios de Bloom: que la más alta libertad en la creación literaria corresponde a la poesía, y que ser humano y poeta deben retornar hacia aquella mirada interior que este libro busca, alcanza y anuncia, y que Emily Dickinson nos dejó expresada de manera radical en su apartamiento. 

***
Novela y novelistas: el canon de la novela
Harold Bloom
Traducción de Eduardo Berti. Páginas de Espuma. 879 pp. 29 e.
Por José Antonio GURPEGUI 

El canon occidental de Bloom fue, sin la menor duda, el volumen de crítica literaria más polémico jamás publicado. Corría el año 1994 y por circunstancias personales frecuentaba, los fines de semana, el domicilio de Bloom en New Haven.

Desde entonces sus obras han estado sujetas al escrutinio público, y en muchas ocasiones hemos mostrado más interés en la anécdota de los “excluidos” -como fue el caso de El canon occidental- que en el contenido de sus libros. Y sería una desgracia que también fuera ese el destino de Novelas y novelistas: el canon de la novela en el que se recogen sus autores favoritos. Bloom escribe sólo sobre lo que ha leído así que el número de autores anglosajones supera con creces al conjunto del resto de nacionalidades representadas. En castellano solo aparecen Cervantes -el primer autor mencionado- y García Márquez. Sí parece que ha reconsiderado ciertas apreciaciones, pues ahora incluye mayor número de autores pertenecientes a grupos étnicos y mujeres.

Pero, como se acaba de mencionar, si nos detenemos en este tipo de disquisiciones perderemos la esencia de lo que su autor tiene que aportarnos. La obra sigue una disposición similar a la que ya conocimos en su recomendable Cómo leer y por qué, si bien ahora trata sólo de los novelistas, y también pudiera ser entendida como una suerte de implícita y postrera explicación de los motivos que condicionaron la selección en su polémico Canon. Se trata de sus apreciaciones personales sobre la novela en cuestión que esté tratando. Se estará o no de acuerdo con él, pero lo cierto es que su capacidad analítica y el universo de significantes derivados de interrelacionar unas obras con otras es portentosa, sublime, genial. También sorprende la elección de las obras, pues a menudo opta por las consideradas como “secundarias” en perjuicio de las “canónicas”. Sirva como muestra el capítulo dedicado a Steinbeck, en el que además de incluir Las uvas de la ira opta por De ratones y hombres en detrimento de Al este del Edén. Y son en sus análisis de estas obras de, digamos, menor trascendencia, cuando encontramos al mejor Bloom, capaz de sorprendernos con propuestas interpretativas que nunca hubiéramos imaginado pero que al leerlas resultan tan obvias como determinantes. 

***
Anatomía de la influencia
Harold Bloom
Traducción de Damià Alou. Taurus. 444 pp. 24 euros
Por Darío VILLANUEVA 

Este libro es recomendable para los lectores que estén dispuestos a encerrarse en un gabinete cálido, umbroso y agobiado de libros para escuchar, sin osar decir ni mu, el prolijo sermón, a veces brillante, de un venerable erudito, eminente universitario, reconocido polemista e incansable lector.

No para quienes precisen un libro de historia, crítica o teoría literarias al uso. Asimismo, aunque de vez en cuando cite algún autor no anglosajón, el territorio por el que se mueve como Perico por su casa es el de la literatura en inglés. Tampoco se hallará en estas páginas una biografía como Errata (1997) de Steiner. Bloom, en la intimidad de su sabia leonera, nos hace, sin embargo, confidencias: sus achaques, recuerdos de la juventud en función de sus lecturas de entonces y de su amistad con críticos y poetas. Nunca vivencias. El título bien lo apunta: la literatura (inglesa) como modo de vida. Y hay otro guiño. Bloom rescata los ecos de The anxiety of influence (1973), y los funde con Anatomy of Criticism (1957) de N. Frye, con el que mantiene una relación ambivalente de amor y -si no odio-, reticencia. Le acompaña toda la razón en que no puede haber escritura vigorosa y creativa sin el proceso de influencia literaria, porque los grandes escritores no eligen a sus precursores, sino que son elegidos por ellos. Y siempre planea la noción, obsesiva, que hizo a Bloom, Bloom: el canon literario. Lo fundamenta aquí todavía más en la enunciación del valor de una obra por parte de una especie de gurú rabínico, si tal figura nos fuese admisible. 

Efectivamente, algo hay de concepción religiosa en su acercamiento a la Literatura. Su fijación “shakespearólatra” (p. 23), que pervive sin el más mínimo atemperamiento en este “mi canto del cisne, mi deseo de decir en un solo libro casi todo lo que he aprendido” (p. 24), le hace considerar al poeta de Stratford el único escritor convertido en un “dios mortal”, el primer “autor universal” capaz de sustituir a la Biblia “en la conciencia secularizada”. Lo más interesante deAnatomía de la influencia resulta, así, el encumbramiento de Whitman como el “único poeta norteamericano que ha ejercido una influencia mundial”, “la respuesta de la Tierra del Ocaso a la vieja Europa y a Shakespeare”. 

Articulo : http://www.elcultural.es 27/01/2012

Soledad PLATERO/Michel HOUELLEBECQ, Solo en el Paraíso


NOVELA DE MICHEL HOUELLEBECQ
Solo en el Paraíso
Por Soledad PLATERO

EL PROPIO Michel Houellebecq (Reunión, 1958) ha sido siempre, de modo más o menos explícito, el personaje principal de sus novelas.

No porque los protagonistas de sus ficciones experimenten situaciones de la vida personal del autor, sino porque son férreamente conducidos por un narrador intrusivo (generalmente desde la primera persona gramatical, aunque no siempre) que les atribuye un modo inconfundible y reiterado de relacionarse con el mundo.

No es raro que, además, compartan con el autor algún rasgo de la biografía (llamarse Michel, querer poco a la madre, ser bastante misógino y con notorias dificultades sociales); pero en lo que más se le parecen es en el modo de estar en la vida. Solos, ganados por un cinismo involuntario que parece surgir de alguna experiencia profunda del alma. Sometidos a una afectividad precaria como la de un perro, pero conducidos por una inteligencia feroz, tan adaptada a las condiciones materiales como ajena a las destrezas sociales.

En El mapa y el territorio Houellebecq refuerza ese esquema poniendo a interactuar a dos personajes con esas características: uno es Jed Martin, un artista plástico que alcanza un desmesurado éxito de mercado; el otro es Michel Houellebecq, un escritor francés que goza de gran reconocimiento crítico y vende muchos libros, pero vive en el extranjero, en un exilio algo paranoico al que fue obligado por el rechazo de sus coterráneos. (Un rechazo que consiguió a fuerza de intervenciones imprudentes y opiniones pocas veces bien interpretadas, pero que parece siempre teñido de la envidia y el resentimiento que los simples proyectan sobre los más listos).

Claro que el narrador (esa figura teórica; esa presencia que algunas veces conviene llamar voz narrativa) se expresa siempre a través de Jed Martin. Michel Houellebecq, en cambio, es visto siempre desde afuera, mediado por la impresión que deja en Jed y por los comentarios que hacen, al pasar, los personajes secundarios.

MARCAS Y CONTIGUIDADES.

Antes de avanzar en los detalles de la trama convendría señalar que lo más interesante de esta novela es el modo inteligentísimo en que se da cumplimiento a lo que podríamos describir como la poética de Michel Houellebecq (el escritor detrás de la novela, ayudado, claro, por el personaje dentro de ella): la del mundo como yuxtaposición y no como relato.

En Interventions, un famoso conjunto de ensayos publicado en francés en 1998 (Anagrama lo publicó en español en 2005 con el título de El mundo como supermercado) el escritor postulaba la idea de que el verdadero paraíso moderno es el supermercado. En el mundo actual, dice, la voluntad -entendida como fuerza vital que se orienta hacia un objetivo- se ve anulada por el sobre abastecimiento y por la oferta infinita y siempre renovada de cosas, y se diluye en un apetito disperso que se ve atraído por todo simultáneamente, sin ser capaz de concentrarse en nada.

Esa incapacidad de concentración hace imposible el pacto de lectura tal como la modernidad lo concebía. "Los libros piden lectores; pero estos lectores deben tener una existencia individual y estable: no pueden ser meros consumidores, meros fantasmas; deben ser también, de alguna manera, sujetos". Por otra parte, la fuerza de la publicidad -retórica que sustenta al mundo como supermercado- también ha minado la capacidad de los occidentales de ser interpelados por la literatura. Lo que Houellebecq llama "la humilde petición de un libro abierto: que sean simplemente seres humanos, que piensen y sientan por sí mismos" ya no parece posible. El sujeto, entonces, no parece tener lugar en el mundo transformado en supermercado. Y ese mundo de híper abastecimiento no puede ser dicho bajo la forma retórica del relato, sino bajo la forma más precaria, más antigua o más simple de la yuxtaposición.

Houellebecq es, sin embargo, un escritor, y aunque es poeta -y eventualmente ensayista- no ha renunciado a escribir y publicar novelas. De hecho, es precisamente como novelista que ha sido traducido a varios idiomas y reconocido en todo el mundo. Es en ese punto paradojal que sus novelas pueden ser entendidas como la puesta en obra, la ejecución o realización, en un sentido material, de esa poética.

Para decirlo más claramente, podríamos postular que Houellebecq es un escritor realista tanto como los grandes novelistas que forman la riquísima tradición de las letras francesas. Es, como todo escritor, alguien que hace un mundo en el lenguaje. Pero es, sobre todo -como Flaubert, como Stendhal- un escritor que hace su mundo en el lenguaje. Alguien que, aunque use procedimientos distintos, extiende un espejo sobre el camino o fabrica la materialidad de una gorra, de un par de botitas o de unos guantes mediante el dominio preciso y lúcido de las herramientas de la escritura.

Claro que en tiempos en que la ingenuidad referencial del lenguaje parece haberse roto para siempre, el modo de construir una representación realista del mundo tiene, por fuerza, que diferenciarse del que servía en el siglo XIX. El sistema de referencias de Houellebecq está hecho de marcas comerciales, de logotipos, de minuciosas descripciones de productos, de alusiones al mercado y a la imposición de formatos siempre cambiantes de bienes y servicios.

Sus novelas incluyen tramos más o menos largos extraídos de manuales de funcionamiento de alguna máquina, de catálogos y folletos y, ciertamente, de la Wikipedia. Así, a medida que la vida del héroe sigue su derrotero, la voz narrativa pasa sus avisos acerca del desarrollo tecnológico en áreas tan diversas como la agricultura o la fotografía, explica los cambios económicos que se han producido a partir de la introducción de tal o cual material específico y se detiene en las ventajas y desventajas comparativas de los múltiples productos y modelos al alcance del consumidor. Como es lógico, esas reflexiones (porque son reflexiones: no hay que dejarse engañar por su aspecto puramente descriptivo) no rozan nunca las teorías del sujeto tan queridas por la tradición intelectual francesa. El método Houellebecq es el de decir lo que no está, mediante el silencio.

CORRESPONDENCIAS, FIGURAS, IMÁGENES.

Como decíamos, en esta novela hay, además de un protagonista que se parece un poco a Houellebecq, otro personaje que es el propio Michel Houellebecq. Ambos se conocen cuando el primero, Jed Martin, viaja a Irlanda para pedirle al segundo que escriba un texto para el catálogo de su próxima exposición. Houellebecq acepta el encargo -presumiblemente tentado por los diez mil euros que le van a pagar- y se queda con las reproducciones de las obras de Martin que le permitirán opinar sobre el asunto. Pero la visita al escritor dispara en Martin las ganas de retratarlo, así que los encuentros volverán a producirse cada cierto tiempo. Para ahorrar camino digamos que el retrato titulado Michel Houellebecq, escritor se convertirá en uno de los más interesantes (artísticamente hablando) de la serie "Retratos" de Jed Martin.

Acá conviene que nos detengamos en Jed Martin, nuestro héroe. Huérfano de madre, como corresponde a un héroe del planeta Houellebecq, Jed tiene con su padre una relación incómoda, de personas que, aun queriéndose, no tienen nada que decirse, o no saben cómo decirse lo que haría falta.

Sabemos de Jed que comenzó su aventura artística fotografiando objetos (tornillos, tuercas, herramientas, piezas mecánicas) a los que dotaba de cierto brillo plástico mediante la elección justa del fondo y el dominio preciso de la luz, el ángulo y la posición. También sabemos que la carpeta con que solicitó el ingreso a Bellas Artes se titulaba "Trescientas fotos de herramientas" e incluía información sobre los materiales empleados a lo largo de la historia para la fabricación de piezas mecánicas. Sin embargo "le había costado mucho (dificultad que lo acompañaría durante toda su vida) redactar la nota de presentación de sus fotos". Jed no posee la facultad del relato. Es mudo, aunque sepa hablar y mantenga una comunicación funcional, utilitaria, con quienes se cruzan en su camino. Y eso, dicho al pasar y nunca repetido, es lo más importante que sabemos de Jed.

MUNDO Y REPRESENTACIÓN.

El ingreso de Jed Martin al mundo del arte (recordemos que "el mundo" en el planeta Houellebecq es indiscernible de "el mercado") ocurre mediante la elevación al rango de objeto artístico de un objeto utilitario clave en la Francia turística de principios del siglo XXI: el mapa Michelin de carreteras. Tal como había hecho antes con tuercas, pistones y llaves, Jed fotografía los famosos mapas Michelin de tal modo que su limpia, luminosa belleza artificial es exaltada y restituida al universo de lo sublime, de donde nuestra perezosa mirada pragmática lo escamoteaba.

El siguiente escalón, sin embargo, será una sorpresa: Jed Martin abandona la fotografía y vuelve a la pintura figurativa. La serie que lo consagra como artista y lo vuelve multimillonario es, precisamente, la de personas retratadas en el acto de ejercer su oficio: el dueño de un bar posando ante el mostrador; una prostituta sonriendo mientras se desviste; dos genios de la informática conversando mientras juegan al ajedrez. La última pieza de esa serie es, naturalmente, la que se titula Michel Houellebecq, escritor.

Entonces está todo pronto: Jed Martin retrata a Houellebecq; Houellebecq escribe sobre Jed Martin.

RETRATO E INTERPRETACIÓN.

Obviamente, hay mucho más en esta novela de casi cuatrocientas páginas. Los cruzamientos no se limitan a la interacción entre personajes "reales" (conductores de televisión, escritores, políticos, etc.) y personajes inventados, ni a la mezcla de registros discursivos. También la novela parece cambiar de forma en la tercera parte y transformarse en un policial (pero es apenas un simulacro: las condiciones estructurales del policial no se cumplen).

Sin embargo, se podría postular que lo más significativo desde el punto de vista crítico es el recurso de explicitar la pérdida (o la retirada) del relato como forma privilegiada del lenguaje que da sentido al mundo. En el mundo como supermercado las imágenes se yuxtaponen del mismo modo que los productos y los negocios lo hacen. Se impone entonces una forma mimética del arte para dar cuenta del mundo (la fotografía, el retrato), pero esa forma de representación siempre resulta insuficiente. La imagen reclama un texto crítico que la ponga en sentido.

El gran asunto en esta novela, podríamos decir, es el de la imposibilidad, en un mundo que se ha vuelto sólo territorio y cartografía (y todos los títulos de las novelas de Houellebecq son, de algún modo, indicadores de esa convicción o de esa percepción territorial) de enlazar las dos dimensiones del plano -metáfora perfecta de las dos dimensiones de una vida social que discurre apenas en el "imaginario" lacaniano, en las proximidades y los intercambios- a una tercera dimensión -la simbólica- que solo es posible en el lenguaje complejo del relato.
La incapacidad verbal de Jed Martin, su imposibilidad de poner en palabras tanto su obra artística como su vida afectiva es correlato, a su vez, de una ausencia siempre presente en la narrativa de Houellebecq: eso que algunos psicoanalistas han llamado "función materna". Jed Martin es huérfano (Houellebecq no, pero fue abandonado por su madre), y es notoria la ausencia de esa función de enlace que, en el mundo occidental, la madre realiza para que el niño pueda desarrollar ciertas habilidades que lo instalen en lo social.

En la novela hay, además, un personaje femenino que es reiteradamente nombrado (Pépita Bourgignon, la más importante crítica de arte de Francia) pero nunca habla. Pépita no es, como otros críticos mencionados en la novela, un personaje "real". Es un invento del autor. Es un personaje puesto ahí para ignorar al protagonista. Para negarlo mediante el silencio.

Se ha hablado mucho de los aspectos misóginos de la narrativa de Houellebecq. Se ha insistido en el lugar equívoco que la mujer tiene en sus historias y se ha interpretado como machismo y resentimiento esa violenta amputación de lo materno en su obra. Pero tal vez no valga la pena hacer una evaluación moral. Seguramente es más interesante pensar que Houellebecq escribe desde y sobre un lugar -el primer mundo en tiempos de auge y caída del capitalismo de libre mercado- que puede ser pensado y dicho incluso mediante el procedimiento de postular la imposibilidad de decirlo. Pensar que tal vez el rol que esta narrativa atribuye a la función de enlace es tan significativo que todo el edificio se arma para poder dar cuenta de la enormidad y la relevancia de su falta, y para mostrar en qué mundo helado e inhabitable nos arroja su ausencia.

EL MAPA Y EL TERRITORIO, de Michel Houellebecq. Anagrama, 2011. Barcelona, 377 págs. Distribuye Gussi.

Articulo : http://www.elpais.com.uy 28/01/2012

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...