dimanche 25 septembre 2011



ENTREVISTA: a Tahar ben Jelloun
Autopsia del desarraigo
Por Javier VALENZUELA 

Tahar ben Jelloun narra en su novela El retorno la historia del inmigrante magrebí “tratado como un perro” en su tierra de origen y “como un asno” en la de acogida. Pero el premio Goncourt marroquí también manifiesta su esperanza en ese combate por la recuperación de la dignidad de los árabes que son las revueltas en el norte de África

EMIGRADO DESDE una polvorienta aldea bereber del sur de Marruecos, Mohamed lleva cuarenta años trabajando en Francia, en una fábrica de automóviles. Siempre ha vivido en el mismo suburbio parisiense y allí han nacido y crecido sus cinco hijos. Ahora le ha llegado la hora de la jubilación y no sabe qué hacer con lo que pueda quedarle de vida. Así que decide regresar a su aldea natal y construir allí una gran mansión para toda su familia. Pero sus hijos no le siguen en este viaje al sur primigenio, el torbellino de Francia se los ha tragado.

Esta es la historia de El retorno (Alianza), el último libro de Tahar ben Jelloun. Nacido en Fez en 1944 e instalado en París desde muy joven, autor en lengua francesa y premio Goncourt en 1987, de pálido rostro lunar, Ben Jelloun está hoy ligeramente acatarrado, carraspea y tose con frecuencia. Faltan solo dos días para el comienzo oficial del otoño y aunque la luz del sol entra por las ventanas del salón de su apartamento en la Rue Broca, en París hace más bien fresquete y la gente camina ya por las calles con cazadoras de cuero.

PREGUNTA. La de El retorno, Tahar, es una historia triste, muy triste, ¿no le parece? 
RESPUESTA. Es una historia triste, por supuesto. Le pasa a un marroquí, pero, tiempo atrás, podría haberle pasado a un español, un portugués o un italiano, y hoy podría pasarle a un peruano o un chino. Es la historia de alguien que ha dedicado toda su vida al trabajo, un trabajo que, de alguna manera, le protegía, le daba cierta seguridad interior. Y de un día para otro, ya no hay trabajo, ya no hay seguridad, se queda desnudo, sin saber qué hacer con su jubilación. Es patético pero es verdadero. He conocido a gente así, gente de una tristeza desesperada. Para los trabajadores nacidos en este país, para los franceses, la jubilación puede ser una oportunidad para hacer cosas que no podían hacer, como practicar deporte, viajar, desarrollar una afición, pero un inmigrante puede quedarse repentinamente vacío.

P. Cierto, El retorno no es solo un libro sobre la jubilación, trata de la jubilación no deseada de un marroquí emigrado a Francia. Mohamed no hacía aquí otra cosa que trabajar, vivía en este país como en una burbuja. Y lo más horrible es que cuando vuelve a Marruecos descubre que ha perdido a sus hijos
R. Sí, Mohamed, que ha sido muy cuerdo en Francia, se vuelve loco al regresar a Marruecos. Construye en su aldea una casa surrealista, inhabitable. Se gasta todo su dinero en esa casa, intentando materializar el sueño de unidad familiar que tenían sus padres y abuelos, un sueño de hace un siglo. Y se va hundiendo en la locura.

P. Es curioso: usted ha escrito de un modo realista las tres cuartas del libro que transcurren en Francia, pero cuando Mohamed vuelve a Marruecos la cosa empieza a ser mágica, cada vez más mágica. Mohamed va a terminar siendo un santo y su casa, un morabito. Y antes han aparecido en la narración los amuletos contra el mal de ojo, los curanderos y los brujos.
R. Es que Francia no es un país que haga soñar. En cambio, sí que hay algo mágico en Marruecos, yo diría que como en la Andalucía de antes. Es la belleza del país y es también la especie de poesía que hay en las relaciones entre la gente. Allí todo es posible.

P. Querría hablar ahora de animales. En El retorno, usted escribe que cuando Mohamed está en Francia se comporta como, literalmente, un borrico: laborioso, manso, humilde, rutinario, intentando pasar desapercibido. El propio Mohamed reflexiona así en la novela: "¿Qué podemos hacer? Que se nos vea lo menos posible, somos expertos en no hacernos notar". Y en otro libro suyo publicado hace poco en España, La primavera árabe (Alianza), un ensayo sobre las actuales revueltas democráticas en el norte de África y Oriente Próximo, usted dice que los árabes son tratados como perros en sus países por sus propios Gobiernos. El amargo destino del árabe contemporáneo sería, pues, trabajar como un burro en Europa y ser tratado como un perro al sur del Mediterráneo.
R. Algo así. En los países árabes que te llamen perro es el peor de los insultos. En la época de Hassan II, la primera cosa que la Policía le decía a un opositor era: "Acércate, perro". El opositor era un perro o un hijo de perra. Y aquí, en Francia, los inmigrantes magrebíes son considerados como ganado. Para todo: en el trabajo y en la vivienda, en esos suburbios donde uno solo puede sentirse desdichado. Sí, en este lado del Mediterráneo son bestias y en el otro también. Pero, en fin, esa es la condición del pobre. El pobre es el que ha sido desposeído. En el caso de los inmigrantes magrebíes, como antes de los italianos, españoles o portugueses, de lo que se les ha desposeído es del campo, del sitio y de la cultura de donde proceden.

P. Comparto la lectura que hace usted en La primavera árabe de las revueltas que han sacudido este año Túnez, Egipto, Libia, Siria y otros países. Son combates por la libertad, los derechos y la democracia, pero sobre todo son combates por la dignidad. Al árabe se le negaba la dignidad en Europa y, lo que es más grave, en su mismísima tierra. Hasta que se puso a reivindicar su humanidad.
R. Así es como yo lo veo y no sé si los europeos se dan cuenta de veras de lo que está pasando. En Siria, por ejemplo, la gente baja desarmada a la calle todos los días para recibir balazos. Sale de su casa sin saber si volverá por la noche. Y sigue saliendo. A manifestarse. Y no por el pan o por el empleo. Se manifiesta por la libertad y la dignidad, para que se respete su integridad física y moral, se le reconozca, como usted dice, su humanidad. Y esto es nuevo. Es la primera vez que en el mundo árabe vemos manifestaciones no contra el exterior, contra el sionismo, contra Occidente, no; las manifestaciones son contra los canallas que nos gobiernan y nos despojan de nuestra condición de seres humanos. Si en Túnez, Egipto o Libia hubiera habido manifestaciones para mejorar los salarios, Ben Ali, Mubarak o Gadafi podrían haber cedido y haberlos subido un diez por ciento. Pero la gente no pedía eso. Pedía mucho más que eso. Llega un momento en que el humillado se niega a seguir viviendo de rodillas, esta es una verdad universal.

P. Vayamos, si le parece, a su país natal, a Marruecos. Usted se ha pronunciado favorablemente sobre el deseo de cambio político del rey Mohamed VI, afirma que ahora se puede respirar allí más libremente y que los emigrantes ya no son desvalijados por los aduaneros cuando regresan a pasar las vacaciones. También se lo hace decir en la novela a Mohamed, quien dice del actual monarca: "Es un buen tipo, lo contrario de su padre".
R. Sí.

P. Pero en El retorno también recuerda que allí persisten la pobreza, las desigualdades y la corrupción.
R. Sí.

P. Son cosas que no pueden cambiarse con una mera reforma de la Constitución.
R. No. Y de hecho por eso estoy implicado personalmente en la lucha contra la corrupción en Marruecos. La corrupción lo pudre todo; se puede hacer una nueva Constitución, se pueden celebrar elecciones estupendas que den paso a un nuevo Parlamento, pero mientras persista la corrupción es como si no se hubiera hecho nada. Hay que hacer una Marcha Verde contra la corrupción, hay que cambiar las mentalidades y eso no lo pueden hacer de un plumazo ni el rey ni nadie. Habría que empezar por la escuela primaria. Pido para Marruecos una pedagogía que haga socialmente repugnante la corrupción, que se diga que del mismo modo que no se puede robar, mentir o matar, no se puede corromper ni ser corrompido. Y si no se empieza con los niños, no hay nada que hacer.

P. Esto me trae a la cabeza la visión del islam del protagonista de El retorno. Mohamed es un buen musulmán, pero la religión que practica es muy sencilla. n un momento dado, él mismo dice que el islam es fácil de entender: lo importante ante los ojos de Dios es el modo en que tratas a la gente, especialmente a los débiles y los pobres. De modo que lo que hay que hacer, concluye, es rezar y no hacer daño a los demás.
R. Eso es lo que me explicaba mi padre cuando yo era pequeño, cuando tenía cinco o seis años. Vivíamos en Fez y en invierno hacía mucho frío en nuestra casa, que no tenía calefacción ni agua caliente. or las mañanas, el agua para hacer las abluciones antes de la oración estaba helada y yo temblaba de frío. Y un día mi padre me dijo: "Escucha, hijo, puedes saltarte las oraciones. Lo esencial del islam es ser limpio, respetar a tus padres y profesores y no mentir, no robar, etcétera". Creo que, en el fondo, todas las religiones comparten esta misma moral básica. Lo que complica las cosas son algunas interpretaciones que hacen unos y otros. Cuando las interpretaciones son literales, al pie de la letra, entramos de lleno en el fanatismo y la estupidez.

P. Acabo de leer en Le Monde de hoy que una treintena de tumbas musulmanas en el cementerio de Carcassonne han sido profanadas. Eran tumbas de magrebíes que habían muerto luchando por Francia en las guerras mundiales y les han pintado encima cruces gamadas. El periódico añade que, hace un año, un vandalismo semejante tuvo lugar en un cementerio de Estrasburgo. Lo llamativo es que la noticia es apenas un breve en página par y bajo la rúbrica Faits divers, sucesos. Como si la islamofobia fuera algo banal, sin la menor importancia, sin la menor dimensión ideológica, política, social y cultural. Y sin embargo, la islamofobia se extiende por Europa sustituyendo al viejo antisemitismo. Ahí está la matanza del ultraderechista de Noruega.
R. Hay dos elementos en la satanización actual del islam. Por una parte, la extrema derecha está haciendo sus campañas basándose en el miedo al islam, diciendo que los musulmanes están invadiendo Europa y van a cambiar las vidas cotidianas de los europeos. Y por otra, los islamistas fanáticos les regalan argumentos en un plato de oro. El año pasado estuve en Suecia, en Goteborg, y me reuní con los marroquíes de allí. Me dijeron: "Basta con que dos o tres imbéciles hagan algo escandaloso para que recaiga sobre todos nosotros". El lío que se montó en Francia con lo del velo islámico integral me pareció, por ejemplo, excesivo. ¿Había que hacer todo ese ruido por unas dos mil mujeres que llevaban esa prenda en Francia? ¿Era ese el gran problema de Francia que había que solucionar con urgencia y de modo expeditivo? No soy una persona religiosa y es obvio que estoy en contra del velo integral, pero cuando una determinada versión de una religión se confunde con toda una comunidad y se rechaza a toda esa comunidad por los excesos de algunos, ah, entonces hemos entrado de lleno en el racismo facilón.

P. Afortunadamente ha llegado la primavera árabe para comenzar a levantar ciertos velos en las miradas occidentales.
R. Sí, ha habido la primavera árabe y ha habido también muchas matanzas de musulmanes hechas por Al Qaeda. Se calcula que la organización de Bin Laden ha matado a unas 9.500 personas en todo el mundo, de las cuales más de 6.000 eran musulmanes. Ahora, la primavera árabe está expresando de modo formidable el fracaso del islamismo político. Y sobre todo de ese fantasma del islamismo en las cabezas occidentales del que se beneficiaban los Ben Ali y Mubarak.

P. Escribió El retorno entre 2005 y 2008. ¿Sería ahora más optimista tras la primavera árabe?
R. No creo. La primavera árabe no aporta gran cosa a los inmigrantes, su vida está aquí, en Francia, en los países europeos. Pero lo importante es que bastantes de sus hijos han participado en las revueltas árabes en Túnez, Egipto o Libia. Conozco a jóvenes nacidos en Francia o en Inglaterra que han vuelto a los países de sus padres para participar en las luchas actuales. Eso es muy estimulante.

P. Me pregunto si no ha pensado usted en volver a vivir en Marruecos, a ese país de la leche de almendra y el agua de rosas con el que sueña Mohamed.
R. Sí, claro. De hecho, volví a Marruecos en 2006 con la intención de quedarme allí, pero me resultó difícil. Para vivir en Marruecos hay que conocer los códigos y, aunque yo los conozco, me fatigan. Tuve, además, malas experiencias familiares, así que terminé regresando a París. Amo a Marruecos, pero hay dos cosas que no soporto, y son la falta de seriedad y la corrupción.

P. ¿Y qué significa París para usted?
R. Una especie de refugio.

P. Voy a preguntarle muy directamente dónde querría ser enterrado. ¿Aquí, en Francia, o en Marruecos?
R. No se preocupe, mis hijos me lo han preguntado también y les he respondido que en Marruecos. Me gustan los cementerios marroquíes; son caóticos, sí, pero abiertos y luminosos, menos siniestros que los franceses. Jean Genet hizo bien en hacerse enterrar en Larache. Y Claudio Bravo en Tarudant, en su casa en el desierto.

***
CRÍTICA
Polvo y silencio
Por Alberto MANGUEL 

Nuestra naturaleza es nómada y sin embargo el cambio nos aterra. Arraigados en cada momento de nuestras vidas, luchamos en vano contra la corriente.

Queremos negar el paso del tiempo, que es nuestra única seguridad. Tratamos de aferrarnos al presente, quizás porque sabemos que no existe, que ya es pasado, que nada vuelve a ser, al menos no de manera idéntica. El lacónico héroe de la nueva novela de Tahar ben Jelloun es un solitario resistente, alguien que paradójicamente acepta el avance de los años pero no las transformaciones que los años traen. Mohamed Limmigri se resigna a la vejez, incluso la celebra, pero no las correspondientes consignas, cargos, deberes. Mientras sus colegas se alegran de ver venir el momento de la jubilación y abandonar el taller francés donde trabajan, Mohamed no quiere pensar en esa ruptura esperada por los otros como una liberación y por él como un castigo. Cuando se fue, hace cuarenta años ya, de su aldea natal para trabajar en esa Fransa casi mítica de tan lejana, el cambio fue brusco, terrible, y sólo con paciencia y concentrados esfuerzos logró hacerse a la nueva vida. Esa vida es ahora la suya, la rutina a la cual está habituado, y no quiere dejarla. La jubilación que le espera es para Mohamed un adelanto de la muerte.

Mohamed tiene, en la obra de Ben Jelloun, algo de universal, de alegórico; su apellido confirma, quizás un tanto estrepitosamente, su calidad de eterno exiliado. "El exilio", Ben Jelloun escribió en uno de sus anteriores libros, "es revelador de la complejidad del infortunio". Mohamed Limmigri, el inmigrante constante, el náufrago de la historia, encarna plenamente esta dolorosa complejidad. Musulmán fiel a las enseñanzas de su religión, opuesto a los excesos del radicalismo, Mohamed vive en una sociedad de racismo embozado, de muchedumbres que él teme y que lo ignoran. Hombre de pocos amigos, obrero que se pliega a las huelgas pero que no marcha en las manifestaciones, padre cuyos hijos se han alejado de él y de las enseñanzas islámicas, Mohamed es un solitario perdido en los vaivenes de nuestro tiempo. Su único compañero es un Corán, traído con él desde su aldea. "Lo envolvía en un paño blanco, un trocito del sudario con el que había enterrado a su padre. Ese libro era todo para él: su cultura, su identidad, su pasaporte, su orgullo, su secreto. Lo abría con delicadeza, lo estrechaba contra su corazón, se lo llevaba a los labios y lo besaba con pudor. Decía que todo estaba allí: los que saben leerlo hallan en él la filosofía del mundo, la explicación del universo". Pero Mohamed no sabe leerlo y el universo permanecerá cerrado para él. Ansioso de cumplir con sus deberes religiosos, Mohamed sueña con un peregrinaje en el que él será el único peregrino, como sueña con un mundo mejor en el que él podrá gozar de infinita y constante paz. De una manera terrible y cruel, su deseo se realizará.
El día tan temido de la jubilación, "el enemigo invisible", según Mohamed, "el enemigo turbio", por supuesto, llega, y Mohamed se ve obligado a partir. Ya en su aldea, consciente de que el destino le ha impuesto este regreso, Mohamed transformará este cambio en algo suyo, hará de esta imposición la realización de un viejo sueño. En un terreno cercano a la aldea, Mohamed construye la casa de sus sueños donde podrán venir a vivir sus hijos, donde todos serán felices. Acabada la casa, prepara una fiesta, invita a sus hijos y espera.

La literatura nos ha enseñado a descreer de felicidades anunciadas y el lector de El retorno sospecha que otros sufrimientos lo esperan. Los hijos nunca llegan, nadie viene a verlo, los días pasan en absoluta soledad. En este lugar del mundo, dice Mohamed, "no sucede nada, absolutamente nada". Lentamente, Mohamed se hace uno con la tierra que alguna vez dejó, se vuelve, como la tierra misma, polvo y silencio. Después, en la memoria de la gente, Mohamed "el inmigrante" adquirirá una estatura mística, sorprendente pero no inesperada. Como Bartleby, como Penélope, como Vladimir y Estragon, como tantos otros mansos rebeldes, Mohamed forma parte ahora de la hermandad de esperanzados resistentes.

El retorno
Tahar ben Jelloun
Traducción de Malika Embarek López
Alianza. Madrid, 2011
200 páginas. 15,50 euros

Articulo : http://www.elpais.com  24/09/2011

Carlos M. SOTOMAYOR/ Entrevista a Fernando AMPUERO



Entrevista a Fernando Ampuero
Por Carlos M. SOTOMAYOR

Luego de culminada su llamada trilogía callejera de Lima, Fernando Ampuero nos vuelve a sorprender con El peruano imperfecto (Alfaguara, 2011), una novela que, como él mismo señala, puede leerse como una autobiografía en clave falsa.

–¿Cómo se origina la idea de la novela?
Nace de la idea de ver cómo han cambiado las cosas en los últimos cuarenta o cincuenta años, cómo ha cambiado la ciudad, cómo he cambiado yo mismo, como persona. Entonces, quería poner un personaje de la clase media alta, digamos, que está en conflicto con sus medios y con estos cambios. Algunos consideran que son cambios buenos, pero la mayoría los ve como cambios malos. Por ejemplo, está el hecho de que esta ciudad, que de un millón de habitantes saltó a los 9 millones, se ha llenado de una cantidad de lacras, problemas,  microbuses, humo, contaminación, violencia y, sobre todo, malos modales: la gente haciendo la pila en la calle. Esta fue la premisa original: hay un estado de ánimo frente a las grandes transformaciones sociales que ha vivido mi personaje, el peruano imperfecto. Y él siente que ya no encaja en los nuevos códigos de conducta de la ciudad. Esto por un lado. Y por el otro lado, a lo largo de más de cuarenta años hubo, otros cambios de orden espiritual, anímico y sexual. Yo me concentré más en lo que es una sexualidad de entre siglos. En los años 60, había unas represiones medio virginales. Todos estábamos educados en colegios religiosos; entonces, lograr que una aventura romántica terminara en el sexo era una hazaña, una proeza. Sin embargo, cinco o seis años después, ya era otra cosa: se llegó a la liberación, porque simultáneamente en el mundo había estallado la revolución sexual, la revolución tecnológica, aparecen las píldoras anticonceptivas.

–El protagonista, Pedro José, mantiene una especie de doble vida, en el ámbito sentimental, digamos.
En  sus inicios, que son las experiencias que generalmente marcan a una persona, se da esta dualidad: de haber tenido esta chica rubia, bonita, blanca, y esta chica tan o más bonita que la rubia, que era más bien matizadita, de piel capulí y de flor canela. Y la relación con esta empleada era igualitaria. Los dos eran personas desesperadas que se necesitaban: él, un adolescente sin mayores armas para poder enfrentar sus devaneos amorosos; y la otra, con los problemas que después nos enteramos que tenía. Entonces, él, a partir de ese momento, repite en su vida estemodus operandi de tener dos relaciones simultáneas en dos colores: un café con leche, donde se resume la peruanidad. Y él, a su vez, como nos enteramos después, a raíz de sus antecedentes familiares e históricos, incluso, nace también de esa dualidad. Entonces, él se dice: “Este modo de afrontar mi sexualidad responde a un llamado de la sangre” (risas).

–Respecto a la estructura. Hay en medio de la novela, una mirada hacia el pasado que, incluso, podría leerse como una novela de aprendizaje (Bildungsroman)…
Claro, eso es lo que realmente quise hacer: una novela dentro de otra. Pero en realidad, la novela está contada solamente en dos tiempos. Y al final sientes que la cosa funciona de una manera muy esférica. Amanece el personaje, de pronto hace una descripción de los velatorios del barrio en donde se demora un poquito. El lector, si es atento, debe presumir que esto no es gratuito, porque luego va a tener un significado muy importante hacia el final.

–Una pregunta que se hace el protagonista y que marca la pauta de la novela es “cómo se hace un peruano”.
Cuando le toca responder esa pregunta, no se atreve a hacerlo. El dice: yo no sé cómo se hace un peruano, sólo sé cómo se deshace, con la vida familiar, con la política nacional, con los sueños rotos.

–El protagonista también dice: “Ser peruano es vivir a la defensiva”…
Es cierto. Y tú que me conoces y conoces parte de mi vida, has sido testigo de cómo he tenido que defenderme de tantas agresiones del medio, de los competidores, de los escritores, de los corruptos que persigo, de los periodistas que me odian. Ser peruano es vivir a la defensiva. Entrar a vivir con decencia en este país, tratando de defender ciertos valores morales, es como salir en el auto en pleno tráfico: uno maneja a la defensiva en esta ciudad.

–Si bien en tus novelas y en tus cuentos uno percibe tu experiencia vital, en El peruano imperfecto lo autobiográfico está muchísimo más presente.
Claro, si tú ves mi trilogía callejera de Lima (Caramelo verde, Puta linda y Hasta que me orinen los perros) es un poco más externo, a pesar de que conozco muy bien ese mundo. Pero aquí vuelvo a los escenarios que se dan en la mayoría de mis cuentos, que son escenarios de la clase media alta, o de la burguesía; y hago una cosa más, doy un paso más adelante, hago una especie de autobiografía en clave falsa. Hay algunos episodios que han ocurrido y que los exagero. Hay otros episodios que los invento. Y hay otros que fueron tan inverosímiles que, al ser difícil de contar, los atenúo (risas). Pero son episodios que corresponden a una simulada autobiografía. Es, en realidad, un juego de espejos permanente entre el personaje de ficción y el personaje real. Y esa es la gracia de la novela.

–Y hay un elemento de auto confrontación…
Claro; el sentimiento que está detrás de este juego de espejos, de esta autobiografía en clave falsa, es, creo yo, el de la autocrítica. Porque soy bastante duro conmigo mismo a lo largo de la novela. No hay mucha auto indulgencia, voy contando las cosas como creo que debe ser. Hay autocrítica, que es indispensable para convivir en sociedad. Y hay, inevitablemente, crítica a secas: crítica social, crítica al medio en el que vivo.

–Me parece  que para esa auto confrontación juega un papel clave el personaje del psicoanalista Max Hernández (basado en el conocido médico e intelectual)…
Perfecto. Max Hernández es el personaje que cumple dos propósitos. Primero, que se distingue a un personaje que me permite hablar sobre mis problemas o sobe los problemas del personaje y a la vez escucharme pero de una manera diferente. Porque no sólo te estás hablando a ti mismo, estás hablando de ti mimo a otro. Y esa es la gracia del psicoanálisis. Y la segunda ventaja es que tengo un psicoanalista y no tengo que pagar la consulta (risas).

–El protagonista dice: “Yo soy todo lo que vivido, todo lo que he soñado y todo lo que he leído”.
Suscribo esa frase y tú también la puedes suscribir. Claro, tú eres todo lo que has vivido, todo lo que has soñado y todo. Y eso somos a lo largo de la vida, pero vamos avanzando en esta nutrición, en esta voracidad de vivir, de leer y de soñar con un solo fin: completarnos. Pero no siempre podemos hacerlo; no me siento completo. Por eso, en algunas partes de la novela, Pedro José se confiesa un ser inacabado, en una lucha contra sí mismo por intentar completarse.

Articulo : http://lamula.pe 10/09/2011

Nuria AZANCOT/ La nueva tragedia griega. Según sus escritores y editores


El Cultural conversa con algunos de los más destacados escritores y editores helenos, indignados con la clase política
La nueva tragedia griega. Según sus escritores y editores
Por Nuria AZANCOT 

Grecia agoniza a golpe de comunicados interbancarios, inevitables rescates y rumores de quiebra. Son horas (días, semanas, meses ya) muy complicadas, acaso inimaginables para un Sófocles que quizá pudiese escribir una comedia con las conversaciones entre Merkel, Papandreu y Sarkozy, o para un Homero enfrentado a la odisea que el pueblo griego padece hoy. ¿Cómo lo viven los escritores y editores helenos?

El Cultural ha conversado esta semana con algunos de los más destacados de ellos, indignados con una clase política que olvidó a los ciudadanos hace tiempo. Se saben unos privilegiados porque publican en todo el mundo y han ganado y ganan dinero sin suspensiones de pago. Pero, como subraya Vassilis Vassilikos, “sentimos en nuestra carne la crisis, porque somos el alma de nuestros compatriotas”.

Vassilis Vassilikos (1934)

Vassilis Vassilikos (Kavala, 1934) es quizá el escritor griego más conocido en todo el mundo, gracias a su novela Z, llevada al cine por Costa Gavras con guión de Jorge Semprún. Tras el golpe de Estado de 1967 se exilió a Francia siete años. Desde 1996 ha representado a Grecia ante la Unesco, viviendo entre París y Atenas. Entre sus 120 libros destacan también The Few Things I Know About Glafkos Thrassakis, Hors les murs, The Harpoon Gun y K.

Comprendí la profundidad de la crisis económica en la primavera de 2010, como todos, pero confieso que estaba más que avisado: sabía lo que se nos venía encima desde septiembre de 2004, cuando George Alogoskoufis, nombrado ministro de economía por el partido demócrata que acababa de llegar al poder, me confesó en privado que íbamos a estar pagando al menos durante una década, y de una manera muy, muy amarga, los elevadísimos gastos que los Juegos Olímpicos de Atenas, que acababan de celebrarse, habían supuesto. 

No nos engañemos: la crisis viene de lejos, animada por la euforia de los mercados de los años 90, pero ahora se ha agravado hasta extremos inimaginables, y el saber que estas situaciones estimulan la imaginación, la creatividad de los escritores y artistas, no nos sirve de consuelo, por mucho que seamos conscientes de nuestros privilegios. Quienes ahora lo están pasando realmente mal son, en primer lugar, editores y libreros, pero resulta inevitable que tanto creadores como lectores suframos las consecuencias de la crisis por una suerte de efecto boomerang. Es imposible evitarlo: como escritor, como griego, sufro en mi propia carne nuestro drama económico, porque escritores y artistas somos la piel y el alma de nuestros compatriotas. 

Lo sabíamos en los años 90, nos lo confirmaron en 2008: ¿lo denunciamos entonces, lo haremos ahora? Sí. En 1992 en K, una novela traducida a muchísimos idiomas (aunque no al español) , avisé sobre los problemas del “dinero virtual”. El eje del libro era algo así como que “los bancos te ofrecen un paraguas cuando sale el sol, y te lo arrancan cuando llueve”. Pero, ¿qué quieren?, soy por naturaleza optimista: me gusta ver la botella medio llena. A lo largo de mi vida he comprobado cómo Grecia ha sobrevivido a muchos periodos trágicos, y, sin embargo y por primera vez me siento desarmado. Ahora los griegos nos encontramos en un punto muerto, porque no estamos en una guerra, ni en un conflicto civil o una dictadura. La crisis es algo virtual y no puedes luchar virtualmente contra cambios de cotización virtuales también. 

Pietros Márkaris (1937)

Márkaris (Estambul, 1937) ha convertido al comisario Jaritos en un personaje popular en medio mundo. Estudió Economía en Viena y Stuttgart y desde 1965 vive en Atenas. Colaborador de Theo Angelopoulos en filmes como La eternidad y un día, Tusquets publicará en octubre Con el agua al cuello, con la crisis griega como protagonista. Nada explica mejor cómo ve Márkaris la situación que esta novela.

En Con el agua al cuello, que pronto podremos leer en España, el comisario Jaritos investiga el asesinato de un antiguo director de banco. Nada de lo que Márkaris explique sobre la crisis es más elocuente que lo que hace decir a sus personajes (“sólo hay un camino para Grecia: ¡marcha atrás a toda velocidad!”, pág. 54). Un alto cargo de una agencia de calificación, que también acabará asesinado, proclama: “Verá, Grecia es como una piedra que cae en el agua: mientras se hunde genera ondas. La primera onda abarca a los países del sur de Europa. Si éstos no se hunden también, Grecia tendrá más posibilidades de salvarse. La segunda onda, más amplia que la primera, abarca a Europa entera, tiene una moneda común pero carece de una política económica general, y se rige por políticas nacionales diferentes y contradictorias. [...] En Europa, como en Grecia, sólo existen grupos e intereses en conflicto, aunque utilicen la misma moneda. En consecuencia corren el riesgo de cobrar todos en la misma moneda: la bancarrota” (pág. 129). 

Pero sus personajes, desesperados, dicen más: “Toda Grecia funciona a base de préstamos. Sean hipotecarios, al consumo, a las empresas o para ir de vacaciones, los préstamos son la palanca que mueve al mercado griego. Los bancos tienen como rehén a más de la mitad de la población griega. Ahora, con la crisis, las cosas han empeorado” (pág. 231). 

Apostolos Doxiadis (1953)

Nacido en Brisbane, Australia, en 1953, Doxiadis creció en Grecia e ingresó con 15 años en la Universidad de Columbia para cursar estudios de Matemáticas. También estudió en la École pratique des hautes études de París matemáticas aplicadas al sistema nervioso. Novelista, dramaturgo y cineasta, en 1992 publicó El tío Petros y la conjetura de Goldbach. Su último libro es una novela gráfica, Logicomix, sobre ciencia.

Dicen que la crisis comenzó hace apenas 20 meses, pero cualquiera podía ver lo que se nos venía encima. Un país, como un hogar, no puede gastar más de lo que gana ni sobrevivir a base de préstamos. Lo sabíamos, pero políticos, banqueros y gran del sector público siguió empujándonos más y más profundamente en esa senda autodestructiva. 

Como consecuencia, hoy los griegos nos sentimos aburridos y deprimidos; apenas hablamos de otra cosa que no sea de política, y la vida cultural se ha resentido. Las editoriales están sufriendo especialmente la crisis. Las ventas de libros se han derrumbado los últimos dos años, descendiendo casi hasta la mitad, aunque paradójicamente la gente lea más, ya que se prestan muchos más libros de los que se compran. 

Como a muchos intelectuales griegos, me preocupa que la crisis pueda empujarnos a asumir soluciones destructivas, fáciles y populistas. Creo en Europa, y creo que Grecia debe cumplir con honor con sus compromisos olvidando la corrupción y la incompetencia de muchos políticos. Por eso soy y no soy optimista. Creo que debemos pasar a la acción. Es una de las paradojas de nuestro pasado: cuando un país es pobre como Grecia lo ha sido 30 de los últimos 40 años, el pueblo está lleno de energía, esperanza y voluntad. Cuando se siente rico, pierde su espíritu.¡Déjenme creer que podemos recuperar esa fe en nosotros y en nuestro porvenir! 

Yanis Varoufakis (1961)

Desde hace meses su Vocabulary of the crisis figura en los primeros puestos de los libros más vendidos de no ficción en Grecia. Yanis Varoufakis (Atenas, 1961), que rechazó un puesto en el gobierno Papandreu, ha dado clases en universidades de Reino Unido y Australia, y en la actualidad dirige el Departamento de Política Económica de la Universidad de Atenas.

No es la primera vez que Varoufakis lo dice ni será la última: los nuevos planes de ajuste griegos no pueden funcionar porque sólo pretenden “exprimir a los ciudadanos; es como matar a la vaca de la que quieres sacar la leche”. Más aún: “ni siquiera si se nombrara a Dios todopoderoso como ministro de Finanzas podría arreglar nuestro tremendo problema actual”. Su visión, despiadadamente objetiva, hace furor en su país, donde también son bestsellers títulos como Greece, land of crisis, de Vassilios Markezinis, los libros de Stephane Hessel, o el manifiesto anónimo de los economistas aterrados. De gira los últimos días por Irlanda, Varoufakis ha vuelto a dejar claro que no “podemos permitir que el colapso económico destruya una generación entera de jóvenes griegos. Esa no puede ser la respuesta. No sólo el futuro económico de Europa que está en peligro. Es la misma democracia occidental la que estamos poniendo en juego.” Por eso, habla del efecto dominó de la crisis no sólo en Italia o España, sino también en Francia e incluso Alemania. Y sigue pensando que ahora mismo “la Unión Europea es un bebé roto”, y que, lamentablemente, todas las medidas comunitarias para proteger al euro y a Grecia sólo han servido para ganar tiempo, “aunque no saben qué van a hacer con él”. 

Evgenía Fakínou (1945)

De Evgenía Fakínou (Alejandría, 1945) se ha escrito que es mejor que Salman Rushdie o Pamuk. En 1976 creó el Denekedoupoli puppet theatre, se consagró como autora para niños y alcanzó la fama con sus libros para adultos con obras como Astradhení, Tyflómyga : mythistórima, To Évdhomo Roúho, o el libro de poemas Amor, verano y guerra (Sirpus, 2005). Su obra se ha traducido al francés, al inglés, al ruso, al alemán, al italiano y al español.

Dice Evgenía Fakínou que ni en sus peores pesadillas podía imaginar una realidad tan triste como la que atraviesa su país. Sus relatos para niños no contemplaron jamás un monstruo como la crisis, ni sus poemas más tristes contemplaron un dolor peor que la pobreza que amenaza a la mayor parte de Grecia. “No me imagino -ha explicado- lo que las protagonistas de To Évdhomo Roúho, que soportaron sobre sus hombros grandes tragedias, hubieran podido hacer en estas circunstancias”. Y eso que las tres generaciones de mujeres de la novela se enfrentaron con la guerra de independencia contra el Imperio Turco o con la invasión nazi durante la segunda guerra mundial. La diferencia, subraya, es que entonces las mujeres dependían de ellos, de los ausentes, esos pares, maridos o amantes asesinados, exiliados, prisioneros, y hoy “nosotras podemos tomar el rumbo de nuestras vidas”. No es fácil, subraya, pero parece que el Banco Central Europeo no permite que “nos rindamos precisamente ahora. El futuro de nuestro país, de nuestros hijos, está en juego. Como escritores y como personas, no podemos bajar los brazos”. 

Lo malo, descubre la escritora, “es que ahora nos sobran argumentos para escribir relatos de terror realmente espeluznantes y cotidianos. Cada familia que no llega a fin de mes porque a lo peor el padre, funcionario, lleva meses sin cobrar, merece que contemos su historia y que ayudemos a la sociedad a no conformarse y a luchar”. 

Antonis Malliaris (1941)

Antonis Malliaris fundó en 1960 su editorial. Desde entonces, ha publicado más de 1.800 títulos, entre los que destacan enciclipedias como Paedia (20 volúmenes) o Greece, History and Civilization. La editorial posee sus propias librerías, que son las más importantes del país.

La crisis económica está castigando brutalmente a toda la sociedad griega , sin excepciones, y el mundo del libro no ha sido una excepción. No importa si tu trabajo es cultural o económico, si eres editor, librero o tienes un supermercado o un taller... el cataclismo nos ha golpeado a todos, pero quizá más violentamente incluso a quienes nos dedicamos a esas delicadas áreas, más espirituales y menos necesarias aparentemente para la vida cotidiana como las relacionadas con la cultura. 

Para que el lector español se haga una idea, nuestras ventas este año han descendido un veinte por ciento respecto al año pasado. Por otra parte, el precio de los libros aumentó por culpa de los impuestos de manera desorbitada, así que títulos que hace diez años costaban unos 13 euros ahora superan los 20, y el número de novedades ha tenido también que descender dramáticamente. ¿Lo mejor? Que a pesar de todo, los lectores no nos han abandonado y siguen comprando libros, pero con las limitaciones que impone la crisis y la falta de ayudas al sector. Las clases más necesitadas son las que están sufriendo la crisis con más fuerza, aunque todos estamos padeciendo un durísimo castigo en nuestros hombros porque los impuestos han aumentado ya tres veces en lo que va de año. Tenemos la sensación de que se ha -de que hemos-, perdido el control. 

¿Lo peor? Que eso hace que el futuro parezca incierto y difícil. La situación nos obliga a pensar con inevitable pesimismo que van a hacer falta muchos años para volver a sostenernos en pie nosotros solos. 

Stefanos Pataki (1945)

Creada en 1974 por Stefanos y Melpomeni Pataki, la editorial Patakis cuida especialmente los libros educativos, las enciclopedias y los diccionarios. Posee además una importante cadena de librerías que comercializa sus libros en todo el país.

Hace siete años, coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Atenas, la editorial Patakis era, según el ministerio griego de Cultura, la más importante del país, con 367 títulos editados. Siete años después conserva el primer puesto, con 381 libros anuales, lo que en realidad no supone un crecimiento muy exagerado teniendo en cuenta que las cifras de ventas han disminuido dramáticamente, “entre un 20 y un 50 por ciento respecto al año anterior”. 

“Los editores -prosigue un portavoz del sello- estamos sufriendo la crisis muy especialmente porque se han multiplicado los impuestos y disminuido los ingresos, pero ¿cómo quejarnos cuando el país está sumido en la peor crisis económica de su historia y se habla sin cesar de una posible salida del euro?”. Y, sin embargo, la editorial ha decidido apostar por el ebook, incluyendo en este formato algunos de sus bestsellers más populares a pesar de que no parezca el mejor momento. 

A diferencia de otros editores que se han enfrentado con acusaciones de algunos de sus autores por impagos y deudas, Patakis apuesta por mantener su relación “privilegiada” con sus autores, para conservar, la misma fidelidad que sellos griegos centenarios como Hestia (120 años de historia) o Ikaros (50 años) han perpetuado con los suyos. En cualquier caso, si de algo se lamenta es del desconocimiento que de su labor y de sus autores existe en el resto de Europa, “aunque nos tememos que es algo mutuo. En los últimos años el número de libros traducidos de otros idiomas también se ha visto reducido en más de un 20 por ciento, porque ahora al lector griego le interesa sobre todo leer sobre su crisis”. 

Articulo : http://www.elcultural.es  23/09/2011

Bernabé SARABIA/ Underground


Underground
Suelette Dreyfus y Julian Assange
Traducción de T. Moreno, B. Iglesias y M. Meneses Vilar. Seix Barral, 2011. 496 páginas, 19 euros
Por Bernabé SARABIA 

El gran mérito de este libro, escrito por Suelette Dreyfus y Julian Assange, es mostrar, a través de las vidas de un puñado de adolescentes la subcultura Hacker.

La Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton atribuyó hace unas semanas a Twitter y Facebook el mérito de haber de-sencadenado la llamada “primavera árabe” en Túnez, Libia y Egipto. No hay político que se precie que no disponga ya de una cuenta abierta en Twitter, las más de las veces llevada por su equipo, especialmente ante la cercanía de las elecciones generales del 20 de noviembre. El último en apuntarse ha sido Mariano Rajoy. Las nuevas tecnologías modifican las relaciones de poder, y hoy estar en el mundo requiere conocer las bases del funcionamiento de la compleja línea que desde el ordenador y los teléfonos móviles pasa por los medios de comunicación sociales y llega hasta las identidades personales. 

La primera edición de Underground aparece publicada en el año 1997 con la intención de describir, justificar e incluso enaltecer a ese pequeño grupo dehackers que desde Estados Unidos, Reino Unido y Australia comenzaron a hacerse notar a finales de los ochenta y primeros noventa. Los autores añadieron una edición electrónica que sobrepasó el medio millón de descargas.

Con el paso del los años Underground se ha ido convirtiendo en un clásico de la subcultura hacker y como tal se ha traducido a varios idiomas y se vende en paperback. Para muchos lectores, Underground está la altura de textos insoslayables de la cultura hacker como son los de Jon Erickson, Kevin D. Mitnick o Clifford Stoll. En 2002 se estrenó el documental In the Realm of Hackers, realizado por un Kevin Anderson que se apoyabaen la ambientación de Underground y se centra en los avatares de dos de sus personajes: Phoenix y Electron.

El gran mérito de Underground es mostrar a través de las vidas de un puñado de adolescentes la subcultura hacker en una época en la que se inician los ciberataques a personas, instituciones y estructuras sociales. Este libro abre un nuevo mundo al lector. La presente edición cuenta con introducción y conclusiones fechadas en 2011. Ambos textos están escritos por Suelette Dreyfus y contienen referencias a la España de hoy y al caso Couso. Firma el extenso epílogo Julian Assange. Fundador y eje de WikiLeaks, su controvertida figura ha despertado estos últimos años un interés mediático mundial. En diciembre de 2010 Assange vendió los derechos de edición de su futura autobiografía por un millón de libras esterlinas. 

Underground arranca en octubre de 1989. La NASA prepara el lanzamiento de la sonda Galileo rumbo a Júpiter. En el Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral, Florida, todo son nervios. Los cinco tripulantes del transbordador deben soltar las tres toneladas de la sonda espacial a unos 295 kilómetros por encima del Golfo de México. La energía para impulsar la Galileo en su misión de seis años hasta el mayor de los planetas del sistema solar son veinticuatro kilos de plutonio encerrados en una caja de seguridad de plomo. 

Los ingenieros de la NASA aseguran que el procedimiento es seguro, pero los activistas antinucleares consideran que si transbordador y sonda se vienen en la atmósfera la lluvia de plutonio y la consiguiente fuga radiactiva serían inevitables. Dispuestos a impedir el despegue, los activistas antinucleares movilizan sus recursos, y el que resulta más eficaz es un “gusano malicioso”. Un gusano, como relatan los autores, es una especie de virus que invade el sistema de computadores y afecta a sus funciones habituales. Se mueve a través de cualquier ordenador de la red, y cuando detecta un agujero de seguridad se introduce en el sistema provocando todo tipo de daños. El gusano se propaga por sí mismo y a diferencia del virus no se acopla a un archivo de datos o a un programa. Hasta finales de los años ochenta, como señalan los autores, no se sabía mucho de los gusanos. Xerox había trabajado con “gusanos benévolos”. Antes de la aparición del gusano WANK en los ordenadores de la NASA sólo se tenía noticia de dos: el gusano RTM y el Father Christmas. Bastante inofensivos, apenas causaron daños. Hasta que WANK fue neutralizado, recorrió medio mundo y se instaló en el CERN, en Suiza, o en el acelerador japonés Riken. 

Tras poner al lector en escena, Suelette Dreyfus entra en la subcultura hacker de su país de origen: Australia. Los miembros del underground australiano disponían de una tecnología muy precaria para los patrones actuales y la mayoría de ellos eran varones que vivían en Melbourne o sus alrededores. Un chico que se hacía llamar Craig Bowen era la estrella y el epicentro del underground más brillante y atrevido: The Wizard, Force, Powerspike, Phoenix, Electron, Nom, Prime Suspect, Mendax (el propio Julian Assange) o Train Trax. En esta banda de adolescentes mal escolarizados y de familias problemáticas se puso de moda el phreaking. A grandes rasgos, se trata de hackear un sistema telefónico y robar números de tarjetas de crédito con el fin de hacer llamadas gratis a larga distancia de modo que no se pudiesen rastrear. Con números de tarjetas de crédito se pueden hacer muchas más cosas que hablar por teléfono, y en 1988 elphreaking se había transformado en carding: comprar con cargo a la tarjetahackeada. 

A principios del año 1988 Force, el célebre hacker australiano, se puso en contacto con Par, el maestro norteamericano en redes X.25 a través de Altos, un servicio de conferencias situado en Hamburgo muy utilizado por hackers de todo el mundo. Intercambiaron informaciones y mejoraron considerablemente sus habilidades técnicas. Par accedió a la red de Citibank, realizó diversas compras y regaló números de tarjetas de crédito a los amigos. Como no podía ser de otra manera, el Servicio Secreto estadounidense se puso en movimiento y dio el aviso a las auto- ridades australianas. Tras una larga persecución, el prófugo Par fue detenido con todos sus archivos encima y enviado al juez acusado de numerosos delitos. Entre 1990 y 1991 fueron cayendo hackers en todo el mundo. Par dio muchas pistas y la policía de delitos informáticos, que había aprendido mucho, cruzaba datos. Como señalan Dreyfus y Assange las condenas fueron muy benévolas. Los británicos Pad, Gandalf o Wandii salieron casi de rositas. Par era menor cuando cometió los delitos y sus colegas norteamericanos salieron con penas leves. Con los australianos pasó lo mismo. Quizá lo peor para ellos fue que la policía se incautó de sus equipos. 

En el último tramo de Underground los autores se centran en la International Subversives (IS), un pomposo nombre para tres hackersasociados: Mendax, Prime Suspect y Trax. En estas páginas se deslizan los años de juventud de Julian Assange, un personaje que nunca ha sido demasiado claro y que como ya se ha escrito se ocultaba bajo el seudónimo de Mendax. Lo cierto es que la visión de sus primeros años no puede ser más desalentadora, y la de su juventud tres cuartos de lo mismo. Mendax aprendió rápido a fabricar troyanos, programas que parecen estar haciendo una tarea pero que en realidad están haciendo otra. Un troyano puede ser utilizado para dejar una puerta abierta a un sistema de modo que más tarde pueda ser utilizada. 

Se cierra este palpitante volumen tal vez algo cargado de tecnicismos, con un “qué fue de ellos”. Al cabo de los años los autores vuelven a sus personajes y comprueban que han abandonado el hacking y siguen pensando, como tantos otros, que fueron héroes. Héroes o canallas reflejan un mundo que cambia a golpe de nuevas tecnologías. 

***
Cultura hacker
Por Fernando ARAMBURU

Son los chispas de la programación. Se definen como una comunidad de expertos habituados a compartir cuanto saben y descubren. Sin ellos no existiría Internet. 

A veces la ignorancia les reprocha que se entretengan introduciéndose ilegalmente en ordenadores ajenos. No es lo suyo, dicen. Lo suyo es construir. La destrucción, el hurgamiento en el correo electrónico de la gente y otras granujerías cibernéticas son obra de crackers, a los que menosprecian. Los hackers solucionan problemas, crean novedades, exponen los resultados. Lo hacen en lengua inglesa, ya que su domicilio es el mundo. Se proclaman antiautoritarios y como tales actúan, hostiles a la censura, el secretismo y cualesquiera arbitrios abusivos del poder. Al modo de las antiguas órdenes de caballeros, ninguno puede considerarse hacker en tanto no haya sido aceptado como tal por los de más prestigio. Juego, trabajo, ciencia, arte son, desde su punto de vista, términos sinónimos. 

Articulo : http://www.elcultural.es  23/09/2011

Manuel CRUZ/ Filosofía: una comunidad inexistente


PENSAMIENTO
Filosofía: una comunidad inexistente
Por Manuel CRUZ 

Quizá los filósofos deban fijarse en los científicos para compartir procedimientos fecundos en el desarrollo de sus conocimientos

Quizá los filósofos deban fijarse en los científicos para compartir procedimientos fecundos en el desarrollo de sus conocimientos

Nosotros somos seres racionales
de los que toman las raciones en los bares
Siniestro Total, Somos Siniestro Total

Desde que Thomas S. Kuhn le concediera un lugar preeminente en su propuesta teórica, el concepto de comunidad científica ha venido siendo utilizado cada vez con mayor asiduidad para referirse al conjunto de autores que comparten el conocimiento y la práctica de una misma disciplina. Sin embargo, está lejos de ser evidente que el concepto pueda utilizarse de forma tan irrestricta como suele hacerse. Por poner el caso que mejor conozco, el de la comunidad filosófica, me atrevería a afirmar que uno de los rasgos más característicos de su peculiar naturaleza es precisamente el hecho de que incumple buena parte de los estándares que Kuhn prescribía a una comunidad para ser tal, esto es, para desempeñar el papel protagonista en la historia de su disciplina que, según él, desempeñaban aquellas comunidades que sí los cumplían.

Entre filósofos no existen ni las revistas de referencia que sancionan de forma irreversible lo que debe ser considerado un avance de la disciplina, ni los libros de texto universalmente aceptados que sirven para formar a los futuros miembros de una comunidad, ni ninguno de los demás rasgos con los que el autor de La estructura de las revoluciones científicas describiera a dicho tipo de grupo. Y aunque es cierto, como ha sido señalado en más de una oportunidad, que algunos filósofos parecen haberse deslizado en los últimos tiempos hacia un hiperespecialismo que no tiene nada que envidiar al de los científicos duros más conspicuos (de manera que no es raro que, pongamos por caso, el especialista en filosofía griega alardee de desconocer por completo el pensamiento contemporáneo, el esteta sonría displicente ante cualquier tipo de consideración ética y el ético, a su vez, desdeñe todo lo relacionado con la lógica formal o la teoría de la ciencia) lo cierto es que, en el interior de cada uno de esos universos, no rigen criterios inequívocos a la hora de valorar las aportaciones y propuestas de un autor.

Probablemente sea eso (sin descartar motivaciones psicológicas, que, como es obvio, no vienen al caso) lo que se encuentra en el origen de esa variedad de aparentes elogios (en el fondo, inequívocamente envenenados) que se prodigan entre sí los miembros de la comunidad filosófica, de los que un inicial muestreo podría ser el siguiente (entre paréntesis se indica lo que el presunto elogiador de veras opina):
1. "En realidad es un poeta" (o sea, no es un genuino filósofo).
2. "Es una pena que se haya metido en política" (de hecho, siempre utilizó el pensamiento como palanca para alcanzar el poder).
3. "Donde de verdad luce es en sus conferencias" (no nos engañemos, lo suyo es una pirotecnia insustancial pero muy efectista, propia de un encantador de serpientes sin mayor fundamento teórico).
4. "Su mejor libro es el primero" (esto es, desde entonces no ha hecho otra cosa que repetirse).
5. "A mí donde más me gusta es en sus artículos periodísticos" (... porque los libros que ha escrito -la prueba del algodón para comprobar el talento del auténtico filósofo- carecen del menor interés).
6. "Sin duda es un tipo muy listo" (de hecho, ha salido a flote por su principio de realidad -i. e., por su capacidad de adaptación al medio- pero no por sus méritos propiamente filosóficos).
7. "Es muy trabajador: no para de hacer cosas" (en definitiva, sustituye la calidad por la agitación pública permanente del propio nombre)... Y así sucesivamente.
Como se habrá podido observar, el común denominador de todos estos aparentes elogios es que localizan las virtudes del presunto elogiado en un lugar distinto (y de menor importancia o valor) del que se supone que realmente debería contar, que no es otro que la actividad académica, entendida, además, en un sentido extremadamente restrictivo. El problema es que ese lugar desde el que se pretende dictaminar la ausencia de valor de la tarea ajena es, en sí mismo, un lugar de casi imposible definición (por no decir un lugar vacío). Buena prueba de ello la constituye el hecho de que también los elogios, aunque sean sinceros, que a menudo estos hipercríticos-con-los-otros dedican a los del propio grupo resultan susceptibles de análoga decodificación. En efecto:
1. Afirmar de alguien que es "un filósofo socrático" se puede interpretar, no sin cierta malevolencia, como equivalente a que el elogiado no ha escrito prácticamente nada,
2. Señalar que "ha dedicado toda su vida a la universidad" admite sin gran esfuerzo la traducción libre de que el personaje en cuestión se las ha apañado para no dejar en ningún momento de ocupar algún carguito en el organigrama universitario,
3. Enfatizar que "se ha negado a hacer concesiones fáciles" casi siempre es una forma maquillada de decir que sus textos resultan de muy difícil inteligibilidad; o, en fin (por terminar en algún sitio),
4. Resaltar (por lo general con tono solemne y voz engolada) que un pensador determinado "posee un sólido conocimiento de los clásicos" a menudo de lo que de veras está informando es de que el susodicho está decididamente al margen de los debates más actuales y urgentes.
Tal vez a los filósofos no nos viniera del todo mal disponer de criterios unánimemente compartidos que nos permitieran ir dirimiendo, de la forma más consensuada posible, el genuino valor de nuestras propuestas teóricas. Tras tantos años denostando la manera de funcionar de los científicos (tan incapaces ellos, según nuestros autosuficientes clásicos -la desdeñosa crítica de Heidegger a la técnica vendría a constituir un ejemplo paradigmático-, de pensar el sentido profundo de su propia tarea), acaso haya llegado la hora de importar alguno de esos criterios que, desde luego, tan buen resultado parecen haber dado a los primeros en sus respectivas disciplinas. Cuando menos, les ha permitido constituirse en comunidad e ir pactando procedimientos fecundos para el desarrollo de sus conocimientos. Habrá que ir con cuidado, claro está, para que lo que se importe sean sus virtudes y no sus patologías. Pero en todo caso siempre resulta preferible constituir comunidad que no mera tropa (conde de Romanones dixit), especialmente si a lo que ésta se aplica con especial ahínco es a la producción de elogios envenenados del tipo de los relacionados en el presente texto.

Manuel Cruz obtuvo el Premio Espasa de Ensayo 2010 con su libro Amo, luego existo. Ha compilado el volumen colectivo Las personas del verbo (filosófico). Herder. Barcelona, 2011. 208 páginas. 19,50 euros.
  
Articulo : http://www.elpais.com  24/09/2011

Elisa SILIÓ/ El humor incorrecto de Sven NORDQVIST


INFANTIL
El humor incorrecto de Sven Nordqvist
Por Elisa SILIÓ 

El ilustrador sueco lleva más de 1,5 millones de ejemplares vendidos en el mundo y en 44 idiomas de las andanzas de un anciano y su gato Findus. Un dibujo detallista, fantasioso y dinámico que rechaza la enseñanza en valores y recurre a la ironía

Hoy, la literatura sueca de éxito va más allá de los best sellers policiacos de Stieg Larsson y Henning Mankell. Goza de una gran tradición de libros para niños que se venden en medio mundo. Es el caso del ilustrador Sven Nordqvist (Helsingborg, 1946), capaz de vender de su saga Pettson y Findus más de un millón y medio de ejemplares en 44 idiomas. Desde hace 30 años los suecos, muy habituados a la lectura en un país de sólida formación, crecen rodeados de su obra, que se ha convertido también en exitosa serie de televisión. "El otro día un periodista me enseñó una foto de un niño de la China rural leyendo uno de mis libros. Me encanta", contaba, sentado en un banco del Retiro durante una visita a Madrid. Casero, no suele promocionar sus libros pero hizo una excepción para "apoyar a una editorial nueva", Flamboyant, gestionada por dos jóvenes emprendedoras.

"Los niños en Suecia no están tan sobreprotegidos. No pretendo educarlos. Ya estoy cansado de lo políticamente correcto. Si dibujase a una persona fumando probablemente estaría mal, pero esto es fantasía", sostiene sobre unas bellísimas imágenes nada edulcoradas. En ¿Dónde está mi hermana? -un viaje en globo en busca de una ratoncita desaparecida con el que obtuvo el prestigioso Augustpriset 2007-, una exuberante mujer-nube disfruta de un puro, un monje liliputiense enseña el culo y una anciana galopa agarrada a los cuatro pelos de un cerdo. "Da igual los valores en los que los niños se hayan criado, disfrutan con lo mismo".

"Los libros de Pippi, de Astrid Lindgren, marcaron una nueva era. Por fin los libros estaban escritos desde el punto de vista de un niño, como los míos". Y cita a otro sueco, el poeta Lennart Hellsing (no publicado en España), que "escribió poemas muy divertidos para niños con mucha fantasía como mis álbumes". "A los niños les gustan las historias emocionantes que les hacen reír. No pienso en los niños cuando dibujo, sino en mí mismo. No pasa nada si a los padres también les gustan los libros, hay chistes que sólo los entienden los adultos", sostiene.

"En los setenta los libros infantiles en Suecia trataban de educar en el socialismo, la solidaridad... Eran muy realistas, poco fantasiosos. Son valores muy buenos, pero la literatura no puede ser tan previsible como el enseñar qué es bueno y es malo", prosigue Nordqvist, que no fue aceptado en una escuela de arte. Cursó arquitectura y estudió por correspondencia en el estadounidense Famous Artists Schools e ilustraba anuncios, carteles y libros. No encontraba quien escribiese el texto de sus libros y se animó a hacerlo él mismo. En 1983, con 37 años, ganó un concurso de libros infantiles y decidió reconducir su vida laboral. "Mis personajes parecen de cómic porque son figuras delineadas, si comparas con los dibujos artísticos tradicionales. En ocasiones aparecen varias veces en una ilustración para prolongar una escena en el tiempo o el espacio sin utilizar más de una página", argumenta. Sus protagonistas son un anciano poco sociable, Pettson, y un gato, Findus, con el que mantiene una relación padre-hijo.

"¿Dónde está mi hermana? es muy especial porque dediqué 12 meses a las ilustraciones -normalmente el tiempo es un mes- y medio año al texto y la portada. Quería pintar paisajes y escenas fantásticos que pudiesen colgarse como un solo dibujo largo aunque se da la vuelta a la página". Salvo en este caso, Nordqvist escribe primero, luego trocea la historia en 24 partes y comienza a ilustrar. "No utilizo palabras para decidir cuándo el texto y la imagen funcionan juntas, es algo que veo y que siento".

En ¿Dónde está mi hermana? quiso también que los lectores pudiesen detenerse a observar cada imagen durante un rato y lo consiguió. "Los originales los hice en un tamaño muy grande para poder pintar hasta el más mínimo detalle. El único límite era el grosor del lápiz. Toda una aventura. Tendrán que pasar muchos años para que ilustre un libro tan trabajoso; además, tengo otros proyectos en mente".

"En verano construí con mis manos una casa pequeña y un minigolf, y ahora me centro en una casa grande. También he decorado la pared de una escuela con ilustraciones en relieve de madera y he dibujado algún videojuego. Me lleva dos meses y luego hay gente que se encarga de crear el programa. Mi hijo pinta manga. Lleva mucho tiempo y luego la gente emplea dos segundos en leerlo. Yo nunca lo haría, hay demasiadas cosas que me interesan".

El pastel de crepes / El pastís de creps. Pettson se va de acampada / Pettson se'n va d'acampada. Cuando Findus era pequeño y desapareció / Quan en Findus era petit i va desaparèixer. Sven Nordqvist. Traducción de Amanda Eda Monjonell y Dea Marie Mansten. Flamboyant. Barcelona, 2011/ 2010. 28 páginas. 15,90 euros. ¿Dónde está mi hermana? / On ès la meva germana? Sven Nordqvist. Traducción de Elda García-Posada / Amanda Eda Monjonell y Dea Marie Mansten. Flamboyant. Barcelona, 2010. 32 páginas. 18,90 euros.

Articulo : http://www.elpais.com  24/09/2011 

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...