lundi 25 avril 2011

EL CULTURAL/ Adiós a Gonzalo ROJAS, el poeta del amor y el desenfado


Adiós a Gonzalo Rojas, el poeta del amor y el desenfado

El escritor chileno, galardonado Premio Cervantes de las Letras en 2003, ha fallecido a los 93 tras permanecer grave dos meses

El poeta chileno Gonzalo Rojas, Premio Cervantes 2003, ha fallecido este lunes a los 93 años tras permanecer muy grave durante más de dos meses debido a un accidente cerebrovascular, informó su familia a Radio Cooperativa. La salud del escritor, galardonado también con el Premio Nacional de Literatura 1992 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 1992, se agravó el pasado 22 de febrero, cuando sufrió un infarto cerebral.

Nacido en Lebu el 20 de diciembre de 1917, participó entre los años 1938-1941, más bien como disidente, en el grupo surrealista Mandrágora fundado por Braulio Arenas, Teófilo Cid y Enrique Gómez Correa. Siete años más tarde aparece La miseria del hombre (1948), su primer libro de poemas, provocando reacciones encontradas entre los críticos oficiales que no fueron compartidas por Gabriela Mistral: "Su libro (...) me ha removido y, a cada paso admirado y, a trechos, me deja algo parecido al deslumbramiento de lo muy original, de lo realmente inédito".

En 1952, habiendo obtenido el grado de Licenciado en Filología Clásica, gana -por concurso-, las cátedras de Literatura Chilena y Teoría Literaria en el Departamento de Español de la Universidad de Concepción donde permanece hasta 1970, fecha en que es nombrado por el Presidente de la República, Salvador Allende, Consejero Cultural en China. En su permanencia en la universidad organiza y dirige importantes actividades culturales como las Escuelas Internacionales de Verano en cuyo marco se realizaron el Primer Encuentro Nacional de Escritores (1958) y el Primer Encuentro de Escritores Americanos (1960). Para Carlos Fuentes y José Donoso estas reuniones, habrían sido el comienzo del boom latinoamericano, pues abrieron un espacio de reflexión -como el propio poeta lo propusiera-, en torno a las imágenes de América Latina y del hombre actual. Esta intensa actividad académica no le impide el ejercicio poético, en busca de la palabra diamantina que habitará en Contra la muerte (1964), libro celebrado unánimemente por la crítica.

El golpe militar chileno (septiembre, 1973) lo sorprende en La Habana, donde se desempeña como Encargado de Negocios; no sólo la historia de su país tiene un giro violento también, su vida. El poeta es ahora un exiliado, un "indocumentado" a quien no sólo se le ha arrebatado su rango de diplomático sino también se le ha expulsado de todas las universidades chilenas por "significar un peligro para el orden y la seguridad nacional". La Universidad de Rostck -Alemania Oriental- lo acoge como profesor, pero sin dictar clases, situación que lo perturba e incomoda. Entonces parte a Venezuela (1975), ha sido contratado por la Universidad Simón Bolívar, allí llega con Hilda, su segunda mujer, y el hijo de ambos, Gonzalo.

 
Primeros aplausos a una poesía sin prisas

Su tercer libro de poemas Oscuro (1977) se publica en Caracas, a partir de este momento su poesía escrita sin prisas, desde lo profundo comienza a leerse en todo el continente y es aplaudida sin reservas por la crítica internacional. Recibe invitaciones para leer su creación poética, dictar conferencias y cursos en universidades norteamericanas y europeas; es objeto de homenajes y sus libros comienzan a publicarse en México, Madrid y New York. Las ediciones se suceden unas a otras: Transtierro (Versión antológica: 1979), Antología breve (1980), 50 poemas (1980), El alumbrado y otros poemas (1987), Antología personal (1988), Schizotext and Other Poems (1988), Materia de Testamento (1988), figura como uno de los libros más vendidos en Madrid ese año, éste como otros del autor se construye desde una escritura cuya metáfora es el tapiz, poemas antiguos y nuevos convergen con la misma frescura en tres vertientes: la numinosa, la erótica y la repentina. Desocupado lector (1990), Antología de aire (1991), Las hermosas. Poesías de Amor (1991), Zumbido (edición para bibliófilos: 1991), La miseria del hombre (edición crítica: 1995).

Gonzalo Rojas regresa a Chile en 1979, haciendo uso de la beca Guggeheim, sabe que las puertas de las universidades permanecerán cerradas, pero aún así elige Chillán, 400 kilómetros al sur de la capital, como lugar de residencia permanente; desde allí se desplazará a universidades de Alemania, Estados Unidos, México y España. El 5 de junio de 1992 recibe el Primer Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el 13 de noviembre del mismo año, el máximo galardón que otorga Chile a sus escritores, el Premio Nacional de Literatura; el reconocimiento internacional no cesa para este poeta circular, sediento de absoluto y de pasión erótica, a los premios anteriores se sumarán el Octavio Paz de México y el José Hernández de Argentina y en 2003 el Cervantes, máximo galardón de la lengua española.


Los días van tan rápidos

Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.

Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.

(De Contra la muerte, 1964)

 
Articulo : http://www.elcultural.es  25/04/2011

***
El amor según Gonzalo Rojas (pequeña antología a la muerte del poeta)

Seleccionamos algunas composiciones del chileno en torno al que fue su gran tema, el amor


SIEMPRE EL ADIÓS

Tú llorarás a mares
tres negros días, ya pulverizada
por mi recuerdo, por mis ojos fijos
que te verán llorar detrás de las cortinas de tu alcoba,
sin inmutarse, como dos espinas,
porque la espina es la flor de la nada.
Y me estarás llorando sin saber por qué lloras,
sin saber quién se ha ido:
si eres tú, si soy yo, si el abismo es un beso.
Todo será de golpe
como tu llanto encima de mi cara vacía.
Correrás por las calles. Me mirarás sin verme
en la espalda de todos los varones que marchan al trabajo.
Entrarás en los cines para oírme en la sombra del murmullo. Abrirás
la mampara estridente: allí estarán las mesas esperando mi risa
tan ronca como el vaso de cerveza, servido y desolado.


OSCURIDAD HERMOSA

Anoche te he tocado y te he sentido
sin que mi mano huyera más allá de mi mano,
sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:
de un modo casi humano
te he sentido.
Palpitante,
no sé si como sangre o como nube
errante,
por mi casa, en puntillas, oscuridad que sube,
oscuridad que baja, corriste, centelleante.
Corriste por mi casa de madera
sus ventanas abriste
y te sentí latir la noche entera,
hija de los abismos, silenciosa,
guerrera, tan terrible, tan hermosa
que todo cuanto existe,
para mí, sin tu llama, no existiera.


LAS HERMOSAS

Eléctricas, desnudas en el mármol ardiente que pasa de la piel a los vestidos,
turgentes, desafiantes, rápida la marea,
pisan el mundo, pisan la estrella de la suerte con sus finos tacones
y germinan, germinan como plantas silvestres en la calle,
y echan su aroma duro verdemente.
Cálidas impalpables del verano que zumba carnicero. Ni rosas
ni arcángeles: muchachas del país, adivinas
del hombre, y algo más que el calor centelleante,
algo más, algo más que estas ramas flexibles
que saben lo que saben como sabe la tierra.
Tan livianas, tan hondas, tan certeras las suaves. Cacería
de ojos azules y otras llamaradas urgentes en el baile
de las calles veloces. Hembras, hembras
en el oleaje ronco donde echamos las redes de los cinco sentidos
para sacar apenas el beso de la espuma.


ENIGMA DE LA DESEOSA

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto
de 32, exige lectura
de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma,
b) toda su piel liviana
para los besos, c) mirada
verde para desafiar el infortunio
de las tormentas;
no va a las casas
ni tiene teléfono, acepta
imantación por pensamiento. No es Venus;
tiene la voracidad de Venus.


INSTANTÁNE

El dragón es un animal quimérico, yo soy un dragón
y te amo,
es decir amo tu nariz, la sorpresa
del zafiro de tus ojos,
lo que más amo es el zafiro de tus ojos;

pero lo que con evidencia me muslifica son tus muslos
longilíneos cuyo formato me vuela
sexo y cisne a la vez aclarándome lo perverso
que puede ser la rosa, si hay rosa
en la palpación, seda, olfato

o, más que olfato y seda, traslación
de un sentido a otro, dado lo inabarcable
de la pintura entiéndase
por lo veloz de la tersura
gloriosa y gozosa que hay en ti, de la mariposa,

así pasen los años como sonaba bajo el humo el célebre
piano de marfil en la película; ¿qué fue
de Humphrey Bogart y aquella alta copa nórdica
cuya esbeltez era como una trizadura: qué fue
del vestido blanco?

Décadas de piel. De repente el hombre es décadas de piel, urna
de frenesí y
perdición, y la aorta
de vivir es tristeza,
de repente yo mismo soy tristeza;

entonces es cuando hablo con tus rodillas y me encomiendo
a un vellocino así más durable
que el amaranto, y ahondo en tu amapola con
liturgia y desenfreno,
entonces es cuando ahondo en tu amapola,

y entro en la epifanía de la inmediatez
ventilada por la lozanía, y soy tacto
de ojo, apresúrate, y escribo fósforo si
veo simultáneamente de la nuca al pie
equa y alquimia.


Articulo : http://www.elcultural.es  25/04/2011

Gonzalo ROJAS/Jaime SILES: No haya corrupción

No haya corrupción
Por Jaime SILES
Publicado el 29/04/2004

Gonzalo Rojas
La poesía, Señor Hidalgo. Barcelona, 2004. 59 páginas, 8 euros

La poesía chilena mantuvo a lo largo de todo el XX una tensión lingöística basada en el despliegue y la modulación de lo simbólico unidos a una intensa vivencia y comunicación de lo emocional.

Lenguaje poético y proceso de simbolización son los rasgos de una escritura, tan comunicante como visionaria, cuyos puntos más altos han sido Huidobro y Neruda, Rokha, Parra y Gabriela Mistral. Gonzalo Rojas se inscribe en esta pregnante tradición clásica y moderna que incluye también a Díaz Casanueva, Teillier, Uribe, Enrique Lihn, óscar Hahn, Raúl Zurita, Diego Maquieira y Andrés Morales, pasando por una extensa cordillera de nombres entre los que figuran los de Eduardo Anguita, Miguel Arteche, Juan Luis Martínez y Federico Schopf.

Rojas se distingue, sin embargo, de todos ellos por un sentido radical de la forma -que en él no es un fin sino un cauce- y un concepto tan agnático como telúrico del amor. Rojas es uno de los grandes poetas del amor: posee lo que en latín se llama pietas y, como Eneas, es pius con la mujer, con los hijos y con los padres. Poeta vital donde los haya -recuérdese su “Victrola vieja”: “La poesía se escribe sola./ Se escribe con los dientes, con el peligro,/ con la verdad terrible de cada cosa”; y su “Escrito con L”, que tanto coincide con Nietzsche y con Gottfried Benn- ha sabido entender muy bien a Ezra Pound. De ahí su acertada súplica: “No le copien a Pound”. Pero su lúcido vitalismo no le ha impedido ser culturalista en “Concierto”, un poema por el que desfilan, como en un catálogo, los nombres de Arthur Rimbaud y de Cristo, de Lautréamont y Kafka, de César Vallejo y el Tao, de Shakespeare y de Charles Chaplin, de San Juan, Goya y Picasso, de Cavafis y Heráclito, de Sade y de Bataille, de André Bréton y de Swedenborg, de Hülderlin y Antonin Artaud hasta desembocar en un Paul Celan “sangrando”. Pero lo suyo no es el culturalismo sino la dimensión sensual y orgiástica y plena del amor: la que se lee en “La palabra Placer”; la que se advierte en “A unas muchachas que hacen eso en lo oscuro”; la que hay en “¿Qué se ama cuando se ama?”, que se recoge aquí; o la que aparece en “Retrato de mujer”.

En Gonzalo Rojas no hay una sino muchas claves, separadas o juntas, como la moral -más que propiamente elegíaca- que informa “Los días van tan rápidos”. No haya corrupción combina y expone varias de estas claves: la telúrica, que explicita “Del zumbido”, cuyo “de repente” recuerda el “subito” de Salvatore Quasimodo, pero en el que se articulan elementos utilizados ya en su obra anterior, como “su nadie y su vacío” o su “comeré tierra” de “Transtierro”; y, sobre todo, la autobiográfica, visible en todo el libro. “Rapto con precipicio” insiste en su temática amorosa; la metapoesía, pero al modo de los poetas helenísticos, es tratada en la composición que da título al volumen. “El sol es la única semilla” ensaya un adelgazamiento reflexivo: una economía epigramática que acerca esta escritura al carácter de la inscripción.

No hay, pues, un solo tipo de verso o de poema aquí sino series de ellos que se cruzan, como si el poeta no quisiera subordinarse a un único modo de decir y optara por una abierta pluralidad de forma, que es la que vemos en “El alumbrado” y en “Oscuridad hermosa”, distintos por completo a lo siguiente y a lo anterior. “Cítara mía” es uno de sus grandes poemas amorosos y “Crecimiento de Rodrigo Tomás” remite a “Recién nacido”: por la calidad de sus expresiones y su mixtura de monólogo y de descripción se inscribe dentro de esa línea de piadosa paternidad a la que hemos hecho referencia y que sólo Unamuno, Miguel Hernández y Leopoldo Panero llegaron a alcanzar.

No haya corrupción es una antología esencial de la poesía de Gonzalo Rojas: una excelente aproximación a él, en la que no sólo están sus poemas más reconocidos sino también otros, como “Latín y jazz”, que mezcla a Catulo con Louis Armstrong en un mismo eje de simultaneidad; o “Daimon del domingo” que nos da su clave de lectura del mundo.

 
Articulo : http://www.elcultural.es  25/04/2011

Gonzalo ROJAS/ La desabrida

La desabrida
por Gonzalo Rojas

a veces me gustaban
pavorosamente las feas

I
1. Ahora ahí los ojos, los dos ojos de Oriana
esquiza y órfica, la nariz
de hembra hembra, la boca:
os-oris en la lengua madre de cuya vulva genitiva vino el
nombre
de Oriana, las orejas
sigilosas que oyeron y callaron los enigmas, el ángulo
facial, el pelo
bellamente tomado hacia atrás, sin olvidar sus manos
fuertes y arteriales de remera de lujo en la carretera y esa
gracia
cartaginesa, finamente veneciana, cortando pericoloso el oleaje
contra el infortunio torrencial, ahora
y en la hora de mi muerte Oriana.

2. ahí, traslúcida, con además
sus cuarenta y nueve que me son
flexiblemente diecinueve por lo fenomenal
del espinazo y qué me importan las estrellas
si no hay más estrella que Oriana, ahora ahí
con su decoro y esa sua eleganza, por decirlo en italiano,
adentro
de la turbulencia del mosquerío que será siempre la
ordinariez, llámese
casamiento o cuento de burdel, con chancro y todo, y rencor,
y pestilencia seca del rencor,

3. (¡cólera, a callar!), y otra cosa menos abyecta: ni soy
Heathcliff feo como soy ni ella Catherine
Earnshaw pero el espejo
es el espejo y Cumbres Borrascosas sigue siendo el
único
éxtasis: o vivir
muerto de amor o marcharse del planeta. De ahí
que todo sea Oriana: el tiempo
que apenas dura tres segundos sea Oriana. La luna
sobre la nieve sea Oriana, Dios
mismo que me oye sea Oriana,

4. solo que hoy no está. A veces
está pero no está, no ha venido, no ha
llamado por el teléfono, no anda
por aquí, estará fumando qué sé yo uno de esos 50
cigarrillos en los que le gusta arder, total
le gusta arder y que más da, se nace para pudrirse, o
para preferiblemente quemarse, ella se quema
y la amo en su humo de Concepción a Chillán de
Chile, ¡los pavorosos cien kilómetros
cuchilleramente cortantes!, me
atengo entonces a su figura que no hay, y es un
viernes
por ejemplo de algún agosto
que no hay y la constelación de los violines
de Brahms puede más que la lluvia, y el caso
es que el mismísimo Pound la hubiera adorado, por
loca la hubiera idolatrado a esta Oriana
de Orion en un sollozo
seco de hombre la hubiera cuando no hay
Rapallo, la
hubiera cuando no hay, y
sigue la lluvia, y las
espinas, y
además está sucio este compact, no suena,
porque el zumbido mismo no suena, o
suena al revés, o
porque casi todo es otra cosa y
el pordiosero soy yo, y qué voy a hacer
con tanto libro, con
 
tanta casa hueca sin ella y esta música
que no suena.
Llamará,
el día de mi muerte llamara.

 
II
5. Piedad entonces por la sutura de su vientre: a usted
la conocí bíblicamente allá por marzo
del 98 en la ventolera de algún film
de antes, ciego y
torrencial a lo Joan Crawford, las cejas
en arco, cierta versión eléctrica de los ojos, el
camouflage
del no sé, el hechizo
esquizo, el sollozo
de una mujer llamada usted
que aún, pasados los meses, se parece a usted en
cuanto a aullido
secreto que pide hombre
conforme a las dos figuraciones
que es y será siempre usted, mi hembra hembra, mi
Agua Grande a la que los clínicos libertinos
llaman con liviandad Melancolía, como si el tajo
de alto a abajo no fuera lo más sagrado
de ese láser incurable que es el amor
con aroma de laúd, y no le importe que las rosas
bajo el estrago del verano le anden diciendo por ahí ...
....fea y Arruga, ríase, huélalas
desde su altivez, métase
con descaro en lo más adúltero
de mis sábanas como esta escrito y conste que fue usted
la que saltó por asalto al volcán, y no lo niegue, ándele airosa
entonces pero sin llorar, equa mía, la
Poesía no le sirve, Lebu mata, mi
posesa flaca de anca, mi
esdrújula bellísima de 50 kilos, vuélele no
se me emperre en ese inglés metalúrgico
de corral, todo
entre nosotros no pasó de mísera
ráfaga telefónica que alguna vez llamamos eternidad:
usted misma fue esa ráfaga. Lacán el rey
se lo diría igual: ándele, vuélele paloma
casi en mexicano, no
le transe a la depre, báñese
en alquimia espontánea, tire
la fármaca a la basura, eso engorda, déjese
de drogas, de analistas, de
concupiscencia nicotínica, y si ésta loca
vuélvase mas loca, baile
en pelotas como la muerte, apréndale a la Tierra
que baila así, ¡y eso que el sol la exige traslación! Bueno
y, para cerrar, si su juego es irse váyase
a otro seso menos diabólico, elija:
culebra, por ejemplo, ¿no le da para culebra? Eva
comió culebra como usted dos veces: ahí ve
como va la Especie desde entonces, cómo
se arrastra pendenciera pidiéndole perdón a las estrellas
por
haber parido peste, ¡puro border-line
y miedo, y rosas, dos
rosas venenosas!, ¿no cree usted? ¿Quién
tiene la culpa
si nunca hubo culpa? Preferiblemente
cuélguese alámbrica
a todo lo larga y preciosa de vértebras que es usted,
baile ahí pendular en el vacío unos diez
minutos, a ver qué pasa
con el estirón, para crecimiento
y escarmiento:
 

III
6. A otro con mujer umbilical así: tranca
del no sé, fulgor y nicotina hasta las pestañas, humo
y humo, a otro
que transe, yo no transo
ni voy a canjear ante los dioses encanto por llanto.
Patética pide cosmética. Vacío
exige hombremente vacío.
 
7. A elegir, madame: o el frenesí
y el éxtasis del amour
fou que es el único amor
que habrá habido sobre la tierra, o
la raja seca de la higuera
maldita.

8. Ay, lo culébrico
de la situación, no es que la vulva
misma sea culebra, ni el hueso
de la esbeltez sea culebra, lo culebrón
hasta el desgarrón es el argumento
de la obra: una madre-hermosura, dos
infanto-fijaciones amarradas a la hermosura
de la madre, más
los respectivos escondrijos, un
psiquiatra confidente, un abismo,
siempre hay un abismo,
y yo, ¿qué hago yo
que no soy Freud en ese abismo?
 

IV
9. Volviendo al barranco de la repetición que viene a
Rematar
en la misma calle corta [septiembre número
125 , wrong number],
parco y
más parco, al mismo historial
clínico y lagartijo de la mismísima posesa, no
todo era tan depre, su ánima
era depre, la perversidad
de su pescuezo picoteado era depre, la tábula
rasa de sus pezones era depre, pero no
la armazón fragante del pelo
pintado, ni sigiloso
el pelo otro de los tactos, ni el
arponazo diamantino pese a la Arruga
y a los estragos de la Arruga, ni mucho menos la
altivez
del hueso hermoso.

10. Marcial
el de los epigramas le hubiera corregido
la nariz pero a mí esa nariz
de romana imperial me fascinaba
¿qué quiere usted?, no
por el cartílago menesteroso de oler
Mundo, no, ella no era Mundo, ni veía
ni leía Mundo viajara lo que viajara, ni
para qué decir libro de leer, salvo
eso sí la tele de 8 a 9, la serial
después de la oficina, los pies
vulgares encaramados en la cretona
desteñida del sofá, además quién
era ese quién, el Marcial ése, clásico de qué,
¡ el día que lo sepa!
¡por internet el día que lo sepa!

11. Sé que no debo, sé
que no debo saber nada, que ese colchón
anancástico en el que duerme no se lo compré yo ni
nada, que llegó ahí solo, que
subió solo por la escalera crujidora, que
las joyas, los aretes, los perfumes de París y
no París, los zapatos espléndidos, esos trajes
de estación cortados a su medida
cicatera y bulímica, los
espejos irascibles, la música,
ese equipo para oir a Brahms, todo eso
llegó solo a los escondrijos
de esos clósets, los retratos,
incluyendo el de mi madre,
Dios mío, incluyendo el de mi madre

12. ¡y ahí anda fría la culebra!

13. Dos figuras de mujer: la cuentamundo
y esta otra: la sacacuentas. Tiro
a encender la yegua en la última: yerro, la
sacacuentas no es buena yegua, ahí mismo
está el caso: lo camufló todo, lo
urdió todo la taimada,
inventó el suicidio, sollozó,
y ahí anda la culebra,
me consta que ahí anda la culebra.

14. A veces habla de amor, transa, el pacto
incluye Banco, casa, comercio
a escala de negocio
alto. No entra la imaginación, ¡fuera la
imaginación! Nada, nada de libros
arcaicos, murió el libro.

15. Viajes y más viajes. Dijo que no
pero sí. Viajes y más viajes.
Compró cachivaches. Fotos y
más fotos. Subió a la Acrópolis, casi
subió a la Acrópolis. Pero
no vio a Píndaro.

16. Eso es más difícil, podrá abusiva
colgar la imagen de mi madre
en esa cueva de la parentela,
besarla, escupirla
con el asco de su flema:
tabaco y enfisema, podrá igual
disparar el cuchillo contra la mía foto grande
en ese clavo de la pared
con mar y roquerío al fondo, ¡la ventolera
de la Eternidad!, podrá, podrá
pero qué hago Teresa mía de ávila ahí
colgando clavo ardiendo,
la pregunta misma es clavo ardiendo.

17. Fiera venganza la del tiempo como dice el tango: 55
no es buena edad, son meses de horror
de mujer de horror, las moscas
se han encargado de lo vivido y
lo podrido. Fiera
venganza la del tiempo.

18. Dos aromas de mujer: la cuentamundo
y la sacacuentas. -Nemo te condemnavit, mulier?
-Nemo, Domine.
-Ni yo tampoco te condenaré.
Percanta, mi percanta.

19. Hablé con Matta, anoche hablé con Matta en
etrusco, [Tarqöinia
adentro], no hay culpa me dijo, lo endógeno
y lo reactivo son lo mismo, el cuerpo
que tengo y el otro cuerpo que soy,
lo que hay más bien
insistió es una italiana triste
que iba para Beatrice y se torció
por lo que haya sido, se arrugó
por dentro, lárgala, la
torcedura es irremediable, diagnóstico:
desabrimiento intrínseco. Nerval
vio el sol de la Melancolía, esto
no es Melancolía, no corre aquí:
hiede.

20. Tiempo que no la veo, cómo es que se llamaba
esa loca, perdí contacto angélico y
electrónico, claro
recuerdo el número
125 de la calle corta con esa perra
que ladraba y ladraba, unos visillos, unos
autos, unos aviones a chorro en Jerusalén
allá por el 2002 y esa vez que meó en Cafarnaún
a todo sol ¡habráse visto encima
de esos peñascos sagrados!
¡La pinta! Pensar
que las santas mujeres lavaron el bellísimo
cuerpo del Ensangrentado, y ella ahí mea
que mea flaca, fea, feroz,
encima del mismo Dios.


V (ENVíO)
21. Ahora ahí los ojos, los dos ojos de Oriana
Malatesta, lo ir
y lo venir del hombre que ahora mismo está yéndose,
la una, la ninguna,
esto quiere decir la que me hizo hombre y
azar de hombre, la ser,
la ser y la más ser, los dos ojos de Oriana.

22. La que amo, y qué, la
que fue de otro y qué, la paridora
testicular de un ritmo que no es exactamente
mi ritmo, la que amo
y qué, mi bella desabrida
como escribí con exageración para no
llorarla torrencial cada mes, cada
infinitamente mes, mi libérrima
portentosa, mi esquiza, mi otro sabor
a hembra hembra, mi Oriana, la
que ese martes de mi muerte llamará, mi
qué se ama cuando se ama, mi una única, mi
ninguna. La beuté
será convulsive ou ne sera pas. La que amo,
y qué.


André Breton:
“La belleza será convulsiva
o no será”.

Articulo : http://www.elcultural.es  25/04/2011

Gonzalo ROJAS/Joaquín MARCO: Metamorfosis de lo mismo

Metamorfosis de lo mismo
Por Joaquín MARCO
Publicado el 17/01/2001

Gonzalo Rojas
Visor. Madrid, 2000. 613 páginas, 2.375 pesetas

Se trata de la obra poética completa del autor reordenada por él mismo. Lo más recomendable son los personales ensayos en prosa de la última parte

Pese a que Gonzalo Rojas (nacido en 1917) es hoy uno de los poetas más representativos de Hispanoamérica y fue galardonado, entre nosotros, con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1992, su obra no había sido suficientemente divulgada. Metamorfosis de lo mismo viene a cubrir en parte esta injusta ignorancia, como tantas otras que se producen en el ámbito de la creación. Se trata de la obra poética completa del autor reordenada por él mismo según determinados apartados temáticos: “Concierto”, “El alumbrado”, “¿Qué se ama cuando se ama?”, “Historia, Musa de la muerte”, “Materia de Testamento”, “La risa” y “Vertiente en pobre prosa”. Aconsejaría al lector que iniciara la lectura del volumen por esta última parte, donde se reúnen una serie de personales ensayos en prosa, que permiten iluminar el conjunto y prescindir de “Palabra previa”, breve prólogo excusable.

Discípulo directo de Vicente Huidobro, Rojas se integró al tardío movimiento surrealista chileno a través del grupo que reunía la revista surrealista “Mandrágora” (1938-1941). Pero abandonará pronto la poesía “de escuela”, sin llegar a practicar el surrealismo en el sentido más extremo o puro. Sin embargo, su obra tuvo que dialogar y situarse entre la de gigantes: Gabriela Mistral, a la que poco, mas algo debe; pero la atracción de la obra de Pablo Neruda le resultaría irresistible e inevitable, asimismo, pese a restar en otro escalón, la de Nicanor Parra y su “antipoesía”, casi coetáneas. El lector podrá comprobarlo en “Gracias y desgracias del antipoeta” (páginas 540 y siguientes). Hacerse con una voz propia, admitiendo deudas de Vallejo, de Paz, de Borges, de Pablo de Rokha; aunque también de Ezra Pound, de Cesare Pavese, de los clásicos latinos y también de los griegos, de algún poeta español y de cuanto pudo ir descubriendo en una vida viajera y cosmopolita no podía resultarle sencillo. No lo fue ni siquiera para Enrique Lihn.

La poesía de Gonzalo Rojas admite en un texto sobre Borges: “Otra cosa que habré dicho otras veces en cuanto al registro de influencias por demás necesario en mis interminables mocedades es ésta: Vallejo me dio el despojo y cierto balbuceo en diálogo con mi asma y mi tartamudez y desde ahí el descubrimiento del tono; Huidobro acaso el desenfado; Neruda cierto ritmo respiratorio que él aprendió en Whitman (tan caro a Borges) y en Baudelaire; pero yo gané el mío desde la asfixia. ¿Y Borges? El rigor, ‘l´ostinato rigore’ que dijo Leonardo. Y el desvelo. Un desvelo al que se llega sin prisa, por incesante crecimiento”. Como Machado se planteaba desde la duda, es, a la vez, clásico y romántico; es decir, moderno y tradicional.

Hay abundantes muestras de metapoesía en su obra que, así reunida, pretende mostrarnos su unidad interior, su coherencia: una voluntad de afirmación. Los poemas más recientes, ya de vejez, tras la muerte de su esposa, resultan conmovedores y pueden entenderse como un canto interminable a la vida y a la juventud de un hombre que ha superado ya los ochenta con el corazón de veinte. Las divisiones resultan naturalmente forzadas. “La risa”, por ejemplo, pretende reunir aquellos textos que mantienen un tono irónico, que buscan la sorpresa del lector mediante el humor, siempre inteligente y lúcido. Por ejemplo, “Del fulgor”: “Como 7 fueron los libros que escribí sobre tus ojos, no/ publiqué ninguno, dejé/ que pasara el tiempo, que pasara/ la imantación de tus ojos por/ los ventisqueros y el que se encargara/ fuera Dios.// Tampoco él hizo gran cosa, te dejó llorar...” que muy bien podría formar parte de “¿Qué se ama cuando se ama?”, porque el tema fundamental es amoroso.

Del mismo modo, otros poemas de este apartado son formalmente bien diferentes. Porque, como ya apuntábamos, pese a la deuda vallejiana, presente sin duda, Rojas alterna fórmulas irracionales, derivadas del Neruda más conocido y del menos, con otras de un Huidobro cuya materia básica es la palabra lúdica. Sin embargo, no acostumbra a desdeñar el tema, incluso la anécdota, en el poema. Pero podemos advertir, asimismo, la desnudez expresiva. No en vano mostrará su lógica admiración por la obra de San Juan de la Cruz.

Al margen de una poesía inspirada en sus experiencias, utilizará tal vez con mayor frecuencia materiales de carácter cultural: lecturas poéticas, experiencias musicales o cinematográficas. No deja de ser curioso para el lector español el poema “Tristana”, dedicado al filme de Buñuel (inspirado en la novela de Galdós, que ya no se menciona), donde el lenguaje busca transmitirnos el mundo y algún título del constante surrealista aragonés, heterodoxo del movimiento, como Rojas. Su final sorprende: “...Dios quiere dioses, qué película/ tramara Luis Buñuel con nosotros: a ti/ por Vía Lactea te diera el papel de loba/ espléndida, a mi el de/ clown ciego por partidario/ de la botánica oculta:- Cámara,/ y transfiguración; a/ volar”. También utilizará el lenguaje conversacional, el de la nueva tecnología, preocupado como Huidobro por la ciencia, y no desdeña, ni siquiera, aunque en contados poemas, el uso estético de chilenismos. Metamorfosis de lo mismo nos ofrece un poeta de considerable entidad, aunque lejos de la cumbre de un Neruda o un Huidobro. La reordenación de los materiales nos permite tener a mano, además, una perspectiva propia del autor. Ha incluido, asimismo, algunos poemas no editados anteriormente en libro. Y sus páginas en prosa finales resultan del todo recomendables.

 
Articulo : http://www.elcultural.es  25/04/2011

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