samedi 3 juillet 2010

Pedro B. Rey/ Jirones de una ficción


Crítica de libros / Narrativa extranjera
Jirones de una ficción
Por Pedro B. Rey

La publicación de los fragmentos de El original de Laura , la obra en que Vladimir Nabokov, el autor de Lolita , se encontraba trabajando al momento de su muerte, realimenta el misterio insoluble de una novela que nunca llegará a existir

EL ORIGINAL DE LAURA
Por Vladimir Nabokov
Anagrama TRAD.: Jesús Zulaika
168 Páginas
$ 120


Los métodos compositivos de Vladimir Nabokov (1899-1977) eran peculiares: antes de sentarse a escribir, tenía la costumbre de planear mentalmente, en extremo detalle, la estructura de la novela que tenía entre manos. El proceso podía demandar años y sólo acometía la tarea cuando consideraba que cada clavija, cada elemento, había encontrado su lugar. Anotaba en fichas comunes de oficina, que iban siendo sustituidas en caso de reescritura. Trabajada como un organismo, la obra iba creciendo de ese modo hasta cobrar su forma final.

Al momento de su muerte, Nabokov dejó las fichas de una novela que había empezado llamándose Dying is Fun ("Morir es divertido"), luego A Passing Fashion ("Una moda pasajera") y, al momento de la ejecución, The Original of Laura ( El original de Laura ). El escritor ruso-estadounidense había pedido que, si moría antes de terminar, el material debía ser destruido; sin embargo, el texto engalanó, mientras se convertía en caso literario, la bóveda de un banco suizo. Dmitri, el hijo del escritor, desmiente el mandato paterno con estilo, al sugerir en el prólogo a estas notas en forma de libro que Nabokov "no se hubiera opuesto a la publicación de Laura una vez que Laura hubiera sobrevivido tan largamente al murmullo del tiempo".

¿En qué consiste, al fin, la "novela"? Consta de 140 fichas, que esta edición en español reproduce en facsímil (un detalle que permite espiar la clara caligrafía, incluso las erratas deliberadas, de Nabokov) con su correspondiente versión. Aunque figuran los capítulos a los que pertenecerían los fragmentos, algo que deja entrever una estructura viable, el conjunto está lejos de conformar una narración. Sólo los dos primeros capítulos parecen acabados (aunque con un estilo algo telegráfico), mientras que el resto funciona como jirones de un planeta fantasma, pariente involuntario de la Antiterra que el escritor imaginó en uno de sus libros más celebrados.

A pesar de su condición de membra disjecta , algunos bloques permiten distinguir los lineamientos generales que hubieran sostenido la trama. Hay una protagonista joven, Flora, que está casada con Philip Wild, reputado neurólogo que la triplica en edad. La muchacha lleva, con el conocimiento y tal vez el consentimiento del marido, una ajetreada vida amatoria. Wild, un individuo obeso que detesta su panza y sus incómodos pies, sus indigestiones y estreñimientos, tiene inclinaciones masoquistas, contaminadas por una perversión científica: busca hallar la forma más lenta de autoaniquilarse, convencido de que ese proceso le va a deparar "el mayor éxtasis que al hombre le ha sido dar a conocer jamás".

Por su parte, uno de los amantes de Flora, casi con seguridad esa anónima primera persona del singular (¿Ivan Vaughan?) que aparece extraviada en la página 45, escribió un bestseller titulado Mi Laura . El original del personaje femenino es, claro está, Flora, protagonista de ese " roman á clef en el que la clef se ha perdido para siempre", según consigna la contraportada de ese libro en el que Wild figuraría con el extraño nombre de Philidor Sauvage. La escasa información sobre esa "novela dentro de la novela" y su función dentro de la historia forma el irremontable agujero negro de estas fichas.

Es imposible determinar a través de sus restos si El original de Laura terminaría por condensar de manera insuperable, como Dmitri dio a entender hace años, la quintaesencia del arte nabokoviano. Ante las pruebas escasas, al lector no le queda más que establecer los puntos de contacto con la producción ya conocida. Un gran admirador del autor ruso, Martin Amis (en un artículo que adncultura reprodujo en su edición del 12 de diciembre de 2009) cree corroborar en estos bosquejos una pérdida de talento ya detectable, en su opinión, en la compleja y monumental Ada o el ardor (1979). A Amis lo desconcierta que el autor de Lolita (y de El hechicero , recuperada póstumamente) hubiera seguido explorando de manera obsesiva la ninfolepsia, ese deseo por lo inalcanzable encarnado en la belleza de las púberes, que también se deja ver en ¡Mira a los arlequines! (1975). La zona más diáfana de El original de Laura es, en efecto, aquella que retrata la vida de la protagonista anterior al casamiento con Wild, donde aparece como efímero padrastro un tal Hubert H. Hubert, familiar directo del infame Humbert Humbert. La interpretación de Amis, sin embargo, obvia las evidentes tendencias autoparódicas del último Nabokov o los vínculos que la veinteañera Flora podría tener con sus antiguas y crueles heroínas de la etapa rusa (la Martha de Rey, Dama, Valet ; incluso la Margot de Risa en la oscuridad ).

De manera análoga -aunque la tentativa sea igual de indemostrable-, el acento podría ponerse en los tortuosos pasajes escritos por Wild que prometen "una antología de la humillación de la que he venido haciendo aportaciones constantes desde el día de mi casamiento". El torturado, pero también resignado neurólogo, bien podría oficiar como contraparte de otro adorable cornudo literario: el narrador de El buen soldado , de Ford Madox Ford.

"La dureza de una vida interrumpida -escribió Nabokov en otra página inédita, citada por su biógrafo Brian Boyd- no es nada comparada con la dureza de una obra interrumpida: las probabilidades de que la primera continúe más allá de la muerte parecen infinitas en comparación con la obra para siempre inacabada." El original de Laura es una de esas obras que nunca llegarán a existir, una novela hipotética cuya tesis y demostración quedaron para siempre encerradas en la cabeza de su creador. Afortunadamente, la ineludible y prolífica literatura de Nabokov permite evitar inútiles elegías contrafácticas.

© LA NACION
Articulo :
http://www.lanacion.com.ar 03/07/2010

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