samedi 3 juillet 2010

Patricio TAPIA/MONSIVAÍS: la centralidad de los márgenes


Perfil A la muerte del escritor mexicano
Monsiváis: la centralidad de los márgenes
Por Patricio Tapia

Cronista y ensayista, Carlos Monsiváis (1938-2010) renovó el género de la crónica y fue una figura fundamental en la vida cultural y política mexicana.

Situado en el centro de la vida cultural de su país por casi medio siglo, Carlos Monsiváis se transformó en el cronista por antonomasia del México contemporáneo, y, a la vez, en una figura pública. La celebridad, que a otros toma décadas, a él le llegó veinteañero. El joven brillante y cáustico se iría convirtiendo en un repentinamente canoso testigo y protagonista de la sociedad que le tocó vivir, mientras su fama crecería en la misma medida que sus apariciones. Su omnipresencia le permitía "estar en todos lados" (así, su amigo José Emilio Pacheco, celebraba su ubicuidad y alguna vez imaginó que había sido clonado para lograrla), y pudo escribir o participar en revistas, diarios, mesas redondas, y programas de radio y televisión. Crítico del poder y los poderes, observador y analista de la actualidad, podía transformarse en activista de causas que él consideraba importantes y otros, perdidas. Su compatriota Christopher Domínguez Michael le dedicó lo que estima el mayor elogio a un intelectual: "Existe una cultura mexicana venerable por su calidad democrática y liberal que sin Monsiváis sería inconcebible".


Personaje

"Para conocerme a mí mismo sólo he utilizado una técnica, la sospecha. Para conocer a los demás, siempre he recurrido al recelo", escribía Monsiváis en una autobiografía precoz, de 1966. Después, prácticamente no habló ni escribió de sí mismo; su vida privada la mantuvo como tal. No obstante su exposición, siguió siendo un misterio, mostrando más que nada al personaje que construyó.

Tranquilo, desaliñado. Muy serio, incluso grave o huraño, tenía también una veta bromista: contestaba el teléfono o respondía tras la puerta fingiendo una voz de niñito o de ancianita como una forma de protegerse, pero que no lograba engañar a nadie; actuó, además, en varias películas (en una de ellas como un viejo pascuero borracho).


Lo marginal en el centro

Hay quienes han visto en el libro de Monsiváis Salvador Novo. Lo marginal en el centro (2000) -dedicado a ese autor, mezcla de cinismo, agudeza y dandismo y que en cierta manera sería una inspiración para el propio Monsiváis- no sólo una de sus mejores obras, sino incluso una cifra de toda su actividad. El llevar lo que estaba en los márgenes al centro se aprecia tanto en sus variados intereses -desde sofisticados escritores anglosajones hasta fiestas religiosas, espectáculos, conciertos y otras manifestaciones populares-, sus opciones y causas -la crítica temprana al régimen cubano, la defensa temprana de los derechos de los animales y las minorías sexuales-, como en sus formas expresivas.

Casi no tuvo obra propiamente literaria (de considerar tal una colección de parábolas satíricas, Nuevo catecismo para indios remisos , LOM, 2001), y dedicó buena parte de sus esfuerzos a un periodismo que, en un lenguaje a veces barroco y laberíntico, se decantó en un conjunto de ensayos y crónicas, donde convivían la trivialidad y el compromiso, lo mismo el cine, la caricatura y la lucha libre que la crítica social, política y literaria.

Otra muestra de poner en el centro lo marginal está en sus colecciones: de casi todo, desde libros a películas y obras de arte. Interesado en la cultura popular -"mucho menos en la cultura de masas"- compró en bazares y mercados una enorme variedad de cosas (de seguro despreciadas por cualquier museo): grabados, esculturas, carteles, juguetes, calendarios, pinturas, fotografías, caricaturas, recopilados a lo largo de las décadas, la que finalmente donó para conformar el Museo del Estanquillo, ubicado en un hermoso edificio del Centro Histórico de Ciudad de México, y que ha llegado a ser uno de los más conocidos y visitados del país.


En Chile

Como quizá en gran parte de Latinoamérica, en Chile ocurre que el nombre de Monsiváis no es ni ha sido, como lo es y ha sido en México, una presencia fundamental e ineludible.

Lector omnívoro, particularmente dedicado a la poesía (como demuestra en Las tradiciones de la imagen , FCE, 2003), también lo fue tempranamente de autores chilenos. Al país viajó en 1992; luego vendría en 2001 a la Feria del Libro (cuando presentó Nuevo catecismo para indios remisos ) y en 2008 como jurado del Premio Neruda. Además de los libros mencionados, el de Linda Egan, Carlos Monsiváis (FCE, 2004), es una suerte de introducción a su obra y a su mito personal (recorriendo desde la influencia de la cultura de Estados Unidos hasta sus posturas políticas).


El arte de la ironía

Los límites de la obra de Monsiváis no han sido vislumbrados: escribió decenas de libros, centenas de artículos dispersos en diarios y revistas -desde los de circulación amplia, hasta los marginales, dentro y fuera de México-; se prodigó, como Borges, en infinitos prólogos (se comentaba que en algún libro debía destacarse como excepcional que no tenía prólogo de Monsiváis), de manera que una edición de "Obras completas" parece un imposible o cuando menos una labor compleja. Hubo, en algún momento, la posibilidad de publicar unas "obras reunidas", en tres tomos, por el Fondo de Cultura Económica, pero no se concretó. Si algo caracteriza su obra, además de su amplitud, es la ironía que nunca deja saber con certeza si habla en serio: si hay exaltación o burla respecto de, por ejemplo, María Félix o Cantinflas..

Monsiváis, hombre no sólo de ingenio, sino también de ideas, apuntaba en su libro sobre Novo: "Los escritores compensan la falta de estímulo escribiendo para el porvenir, o mejor, para esa forma cálida del porvenir que es el reconocimiento de unos cuantos, no necesariamente amigos". En su caso, amigos o no, esos cuantos son legión.

Articulo :
http://diario.elmercurio.com 27/06/2010

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