samedi 3 juillet 2010

María del Carmen RODRIGUEZ/ Un lenguaje fulgurante


Crítica de libros / Filosofía
Un lenguaje fulgurante
Por María del Carmen Rodríguez

ALTERNATIVAS DE LO POSTHUMANO
Por Oscar del Barco
Caja negra
286 páginas
$ 56


Tan acostumbrados estamos a situar la filosofía en Oriente o en Occidente, a localizarla en mapas de Alemania, Francia o el mundo anglosajón, que solemos olvidar que se piensa en Senegal o en Ecuador, en Bolivia o aquí mismo, simplemente porque el pensamiento -como el arte- no tiene sitio, se hace un sitio allí donde aparece, como la hierbabuena en sus tantas especies.

Puede hacerse un sitio, por ejemplo, en Córdoba o en Puebla (México), donde Oscar del Barco (1928) fue profesor de Filosofía y codirigió revistas como Pasado y Presente y Dialéctica y Espacios; puede hacerse un sitio en La intemperie sin fin y ofrecerse como Exceso y donación (dos de sus obras filosóficas), condensarse en la poesía (Elegía, Tú-Él), confrontarse con El abandono de las palabras (su exquisito libro de ensayos) e irrumpir, finalmente, en una obra pictórica sobre un fondo de arrebato musical. El pensamiento-experiencia de Oscar del Barco es una búsqueda intensa del "sujeto fuera de sí" y también se hace un sitio "fuera del lenguaje".

Cuidadosamente reunidos e introducidos por Pablo Gallardo y Gabriel Livov, los textos que conforman Alternativas de lo posthumano se ordenan en dos partes. La primera recorta "el suelo originario", político, de la trayectoria de Del Barco, su fina lectura de la obra de Marx (impulsado, como Nietzsche, "por el pathos de la transmutación de valores") y su exhaustivo análisis del fracaso de las experiencias socialistas del siglo XX. El núcleo de esta primera parte es la crisis de los partidos políticos, su incapacidad para satisfacer los requerimientos de un Sistema "en el que hombre y técnica forman un circuito cerrado" (video, computadora y sucedáneos), Sistema que se expande global e intersticialmente en una democracia en la que se recurre "cada vez más a los aparatos y especialistas, y cada vez menos a la política como toma de conciencia".

La alternativa se juega entre "el no-humanismo del Sistema", aniquilación maquínica del hombre, y "el no-humanismo como más allá del hombre", encarnado -más que planteado- por Nietzsche, en quien Del Barco no indaga un supuesto corpus conceptual (eso es lo que hace Heidegger, con quien discute) sino la apertura a la revelación, a lo inefable, al éxtasis. Contrariamente a Wittgenstein, que trazaría el límite entre la filosofía y la mística, Nietzsche "hizo entrar el orden místico en la filosofía como fundamento de su crítica", por efracción, en un gesto tan subversivo como la "escritura salvaje" de Bataille o la revolución de las conciencias de Artaud. Klossowski, Blanchot, Derrida, Celan y tantos otros se dan cita en esta segunda parte de Alternativas..., en la que Del Barco describe en forma de diario sus experiencias con sustancias enteógenas (peyote, hongos, LSD), esa forma de hacerse vidente mediante "el desarreglo sistemático de todos los sentidos" -como decía Rimbaud-, y se describe a sí mismo ("ma a?", texto extraído del catálogo de la muestra de su obra pictórica, 2008) estaqueado en el suelo, con óleos y acrílicos, pegando bichitos muertos o fotos terribles, quemando el cuadro e interviniendo apenas sobre lo pintado por el fuego.

En esa búsqueda de sacar al sujeto "fuera de sí" y "fuera del lenguaje", Oscar del Barco no puede evitar que el pensamiento se haga un sitio en su discurso ("¿por qué la pintura? ¿y por qué preguntar sobre el por qué de la pintura? ¿acaso también ´yo´ deseo saber o construir un sentido?"). Y lo excede, "en el fondo de un resplandor sin nombre", un lenguaje fulgurante.

Articulo :
http://www.lanacion.com.ar 03/07/2010

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