samedi 3 juillet 2010

Diego ZUNIGA/Entrevista a Castellanos MOYA


Entrevista De visita en Chile
Castellanos Moya: "Siempre cargaré con la violencia"
Por Diego Zúñiga

El autor salvadoreño dictará este miércoles una conferencia sobre su compatriota Roque Dalton, en la que repasará temas como el humor, la muerte y el terror, también presentes en su último libro de relatos, Con la congoja de la pasada tormenta .

"La muerte nos había rozado por todos lados", dice el narrador de uno de los veintidós cuentos que conforman Con la congoja de la pasada tormenta (Tusquets), la antología de relatos del salvadoreño Horacio Castellanos Moya (1957). La frase tiene sentido cuando uno sabe que Castellanos Moya ha dedicado su obra a relatar el horror que ha azotado a Centroamérica, que no es más que otra forma de enfrentar a la muerte. Esa misma muerte que estuvo cerca de alcanzarlo en 1980, cuando participaba en una protesta en El Salvador y de pronto la policía comenzó a dispararles a los manifestantes. Fue en ese momento cuando sintió que podía morir. "Uno veía que la gente caía a los lados, y pensaba, 'bueno, es la muerte, no es broma'", explica el autor de El asco , quien el próximo miércoles participará en la Cátedra Bolaño, de la Universidad Diego Portales, con una conferencia titulada "Roque Dalton: la tragedia del hereje". En ella hablará de la violencia y el horror en Centroamérica, las traiciones políticas, la muerte y, por supuesto, el humor. Todos, elementos que se pueden apreciar en Con la congoja de la pasada tormenta , libro que reúne casi todos sus cuentos, imposibles de encontrar antes de esta antología.

-¿Cómo fue el proceso de volver a leer los cuentos para esta antología, pensando que algunos los escribiste hace 20 años?
-Fue una experiencia interesante, pues el tiempo pasa con una velocidad que uno no supone. Algunos cuentos los dejé tal cual, pero a otros les hice unos ajustes. Y a otros los dejé fuera por distintos motivos.

-En los relatos se revelan varios diálogos con la tradición del cuento norteamericano. ¿Cómo ves tú esas relaciones?
-Ahora que este año murió Salinger, recordé lo influyente que fue en mí Nueve cuentos . Los cuentistas norteamericanos han sido importantísimos. Carson McCullers, Hemingway, Carver. A nivel latinoamericano, Cortázar me sacudió en mis primeras lecturas, junto a Borges. Pero probablemente uno de los que más admiro es Julio Ramón Ribeyro, un cuentista excepcional. Igual que Rubem Fonseca en Brasil, que tiene unos cuentos de maestro.

-Una de las virtudes de esta antología es que refleja tus obsesiones; entre ellas la violencia. ¿Cómo la vives hoy que estás en Pittsburgh, Estados Unidos?
-Creo que a los que nos tocó formarnos en Latinoamérica cuando había mucha violencia en la calle, mucha polarización política, ese tipo de impresiones y ambientes nos marcó para siempre. En mi caso, lo que me marcó fue el terror, lo que se vivió en el inicio de la guerra civil en El Salvador, en los ochenta. Las masacres, los cadáveres tirados en la calle. Yo siempre cargaré con la violencia, y por eso no importa dónde esté, siempre ando escribiendo de lo mismo.

-En tu obra también hay un lugar importante para el humor, que parece ser la única forma de sobrellevar estas circunstancias.
-El humor, en realidad, no es un recurso literario o algo a lo que yo apele para escribir mi literatura, sino que está profundamente ligado a la cultura a la que pertenezco. El humor es una forma de resistencia. Te ríes de la muerte o te deprimes, porque ahí no hay muchos términos medios. Roque Dalton decía que su gran problema en la vida era que no podía dejar de reírse. Seguramente eso contribuyó a su muerte, un tipo que se burlaba de todo.


Con la patria no se juega

En 1997, Castellanos Moya publicó una pequeña novela titulada El asco . Moya, el protagonista, vuelve del exilio porque se ha muerto su madre, y se junta a hablar con un amigo. En esa conversación Moya repasa, con su tono rabioso e irónico, la historia última de El Salvador. Y no queda títere con cabeza. Desde la política hasta la música son criticados, lo que no le cayó muy bien a cierta gente importante del país. De hecho, Roberto Bolaño dijo que una de las mayores virtudes del libro es que se hace insoportable para los nacionalistas. Y así fue, porque luego vinieron las amenazas de muerte, y Castellanos Moya tuvo que irse de El Salvador. Ahora, cuando recuerda, le parece algo anacrónico todo lo que generó el libro. "Digamos que las fuerzas oscurantistas de la sociedad han descubierto que la ficción no es tan importante, por eso fue raro lo que pasó con la novela. Ahora se mata a los periodistas", afirma.

-Moya es muy duro en sus opiniones, aunque da la sensación de que en el fondo ese odio hablaba del amor que tenía por El Salvador.
-Tengo un amigo que me dijo que lo que ve en la novela es una declaración de amor. En el fondo sí; si eres un personaje, no podrías tener tanto veneno hacia un objeto si es que no estuvieras enamorado frustradamente de ese objeto. Podría ser una de las interpretaciones.

-¿Cómo te relacionas con tus contemporáneos y con autores más jóvenes de Latinoamérica?
-Sigo un poco a los amigos de mi generación cuando me llegan sus libros: Elmer Mendoza, Juan Villoro y Sergio González Rodríguez en México, por ejemplo, o Rodrigo Rey Rosa en Guatemala. Con los más jóvenes, me dejo guiar a veces por los entusiasmos de editores.

Articulo :
http://diario.elmercurio.com 27/06/2010

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