dimanche 7 février 2010

Alexis BRITO DELGADO/Basura laboral



Alexis Brito Delgado
dorianstark@hotmail.com


Basura laboral
Por Alexis Brito Delgado

Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas deliciosas.
Montesquieu


Llevo un mes trabajando a destajo, en diferentes hoteles, por siete euros la hora. Dado que hoy en día con el tema de la Crisis es imposible conseguir un trabajo en condiciones, no me ha quedado más remedio que currar para agencias de trabajo temporal. El viejo sistema de buscar empleo –dejar currículums en todas partes- ha pasado a la historia. No tardé mucho en descubrir que es una pérdida de tiempo y de dinero. Si una empresa necesita a un empleado llamará a la ETT de turno y ésta le conseguirá a alguien. Evidentemente, me he recorrido todos los lugares posibles, mendigando un puesto de trabajo, hasta que por fin me han llamado de un sitio. La cosa es que he estado en siete hoteles diferentes, currando de camarero; una profesión que detesto profundamente. Aunque tengo experiencia en otros trabajos, parece que ahora mismo no necesitan otra cosa. La temporada noviembre/diciembre ha sido medianamente exitosa y entre cenas de empresa, galas y demás, ha surgido algo de curro. Como es lógico, he tomado al toro por los cuernos y he aceptado todo lo que me han ofrecido, independientemente del número de horas, la distancia, los turnos, o el lugar. Cuando quieres trabajar lo haces y punto, sea de lo que sea, no puedes andar con remilgos ni chorradas porque, si abres la boca más de la cuenta, no tardarán en encontrar a otro para reemplazarte. No puedo quejarme y he de reconocer que he tenido bastante suerte; si dijera lo contrario mentiría como un bellaco. Resulta triste que un tipo como yo, con unas aptitudes e inquetudes intelectuales y literarias que se salen de lo común, tenga que realizar trabajos miserables y mal pagados que podría hacer hasta un mono. Los políticos que gobiernan España, en vez de estar soltando estupideces por la televisión, deberían ponerse a trabajar cuarenta o cuarenta y cinco horas semanales por 700 u 800 euros al mes. Quizá de esta manera comprendiesen que no están haciendo las cosas demasiado bien y que son unos completos inútiles. Una cosa que tienen en común todos los hoteles que he pisado: los veteranos están quemados, los directores (alemanes e ingleses en su mayoría) son unos peseteros miserables, y los metres no hacen absolutamente nada, aparte de incordiar con pijadas. Por norma suelen tener a cuatro o cinco camareros, siempre de turno partido, para atender doscientas o doscientas cincuenta comidas, ya sean desayunos, almuerzos o cenas. Como es lógico, al cabo de unos meses el ritmo infernal te machaca a conciencia. Tienes que ser joven, de 18 a 30 años, para soportarlo. Vives para el trabajo y nada más, porque, con un horario de 8:30 a 12:00 y de 6:30 a 11:00, no tienes tiempo de relajarte en ningún instante. Cuando estás en casa, intentando desconectar, no paras de pensar que tienes que volver dentro de unas horas. Respecto a los compañeros, el 99% son peninsulares o sudamericanos; los canarios brillan por su ausencia. Ello confirma una de mis teorías: los jóvenes de Tenerife prefieren vivir del cuento o pasarse todo el día en el gimnasio, antes que trabajar.

La vida está llena de responsabilidades; mantenerse a uno mismo o a una familia suele ser la peor, sin duda alguna. Hoy, por poner un ejemplo, he ido a trabajar sin ganas, amargado por desperdiciar mi valioso tiempo atendiendo a personas que me resultan indiferentes. Una fría sensación de hastío, de inutilidad absoluta, me ha acompañado durante toda la jornada. Mientras atendía las mesas, sirviendo y recogiendo los platos y las bebidas, anhelaba estar en casa, tirado en el sofá, con las persianas bajadas. Me encontraba tan insensible que todo me daba igual; si el hotel hubiera ardido hasta los cimientos no hubiese movido un dedo por salir de allí con vida. Lo peor de todo es que, por mucho que me esfuerce, por muchas horas que trabaje, dentro de X tiempo, me pondrán de patitas en la calle para no dejarme fijo. Nadie se casa con nadie, para una empresa es preferible tener a un inútil que no haga nada que a alguien que dé el callo. ¿Por qué? No es lo mismo indemnizar a un veterano con miles de euros que a un novato –por decirlo de alguna manera- que sólo lleva 12 meses. De hecho, por norma, los que llevan mucho tiempo suelen tocarse las narices y delegar su trabajo a los nuevos con la vieja excusa de “yo ya he trabajado lo mío, ahora que apechuguen otros y que se jodan”. Un ejemplo sensacional a seguir, ¿verdad?

Por ello nunca me hago ilusiones de ninguna clase. Sé que nadie valorará mi trabajo. Sólo soy un número más, otro peón en el tablero, un cero a la izquierda, un yogurt con fecha de caducidad. Por desgracia, vivo en un sistema y aunque lo desprecie, no me queda más remedio que adaptarme al mismo. Por fortuna, a pesar de todos los problemas que pueda tener al pasar por el aro, aún conservo dos cosas fundamentales para continuar adelante: mis cojones y mi personalidad. Dentro de dos semanas cumpliré treinta años. Soy un fracasado y mi carrera (por llamarla de algún modo) como escritor continúa en punto muerto. Llevo una década escribiendo sin cesar, alternado con la poesía, la novela y el relato corto, y aún no he ganado un céntimo con mi trabajo. Las editoriales son basura y los editores (individuos que sólo merecen mi aversión) rechazan a los nóveles por el simple hecho de no tener una docena de libros en el mercado. No tengo dinero en mi cuenta corriente, ni coche ni casa, vivo con mi madre, y a este paso terminaré convertido en un alcohólico. El whisky me da fuerzas, me impulsa a contar todo lo que estás leyendo, porque desde hace más de un año, estoy totalmente desencantado con el mundillo literario. Efectivamente, ser novelista es repulsivo; nadie te toma en serio y de nada te sirve pegarte todo el día delante del ordenador para escribir una historia. Ahora que lo pienso, llevo tres años sin escribir un libro. ¿Por qué? La última me llevó una eternidad y ha sido rechazada por unas doce o trece editoriales diferentes. Para no extenderme al respecto, soy la única persona que la ha leído y, en mi humilde opinión, me parece una mierda. Noto un cambio en mi interior, creo que estoy empezando a aceptarme tal como soy, a reconciliarme conmigo mismo, por lo menos hasta cierto punto. Ahora cuento con una experiencia y una madurez de la que antes no disponía. He vivido y he sufrido. He amado y he perdido. He descendido a los abismos y he tocado las puertas del Paraíso. Como escribí en un relato hace tiempo: Aún continúas vivo. Eso es lo único que importa.