dimanche 30 novembre 2008

Amelia CASTILLA/Henning MANKELL: El sueco insobornable


REPORTAJE:
El sueco insobornable
Por Amelia CASTILLA

Henning Mankell es uno de los responsables del auge de la novela policiaca. El escritor sueco cuenta desde Mozambique cómo los chinos pueden convertirse en los nuevos colonizadores de África. La salida de El chino coincide con la publicación de la segunda parte de Millennium, de Stieg Larsson, que también une el compromiso con la literatura negra.

A Henning Mankell (Estocolmo, 1948) le gusta contar historias. Autor de novelas, libros infantiles y piezas de teatro, se decanta por el arte escénico como su pasión más potente. Esta mañana en Maputo, la capital de Mozambique, donde el escritor pasa la mitad del año, se comporta como el anfitrión perfecto. Al director artístico del teatro Avenida se le nota en su salsa lejos de los cenáculos literarios. En la calle venden flores recién cortadas, zapatos usados, patatas africanas (negras y arrugadas, cuyo caldo se utiliza como antídoto contra el sida) y Mankell toma un tentempié en una terraza. Junto al escenario del teatro en el que el próximo febrero se estrena La señorita Julia, de Strindberg, el escritor ofrece detalles del atrevido montaje, que incluirá una piscina. La compañía se encuentra de gira, pero la camarera del pequeño bar del teatro y los actores que pasan por el local le tutean. A más de diez mil kilómetros de distancia, en la fría Suecia, su esposa, Eva Bergman, hija del cineasta recientemente fallecido, dirige el Backa Teater, de Gotemburgo, con el que el autor de La quinta mujer colabora.

Mankell pasa por ser uno de los responsables del auge de la novela negra en Europa; sin embargo, en las librerías de Maputo no es fácil dar con sus libros. Ha vendido más de 20 millones de ejemplares, traducidos a 40 idiomas, pero lleva varias décadas trabajando incansable en este modesto escenario, siempre inmerso en obras de remodelación. Su línea escénica abarca a autores clásicos o contemporáneos, desde Dario Fo hasta Lorca, sin desechar el musical, el teatro infantil o sus propias obras. Mankell se enganchó con África cuando tenía poco más de 20 años. Primero fue Guinea-Bissau, luego Zambia y finalmente Mozambique. Tras la independencia, Manuela Sueiro, la directora del teatro Avenida, le llamó para que se pusiera al frente del local. Entonces se alojaba en una habitación, con sus escasas pertenencias y su máquina de escribir todavía se escuchaban los impactos de las bombas y los disparos de los soldados fruto de la guerra civil que asoló el país, pero ahora vive en un piso pequeño en el centro de Maputo. Fue ahí donde puso el punto final a El chino (Tusquets), su nueva y esperada novela, sobre la que hablamos en un viaje organizado por la editorial. El Frelimo (en el poder desde la independencia y de ideología marxista) y la Renamo, los dos bandos enfrentados entonces, se disputan ahora el poder en las elecciones municipales, aunque las cosas en Mozambique parecen moverse despacio: Cuando llegué aquí, todos caminaban descalzos, mientras que ahora todos llevan zapatos, dice.

Hubo un momento exacto, hace seis años, en que Mankell encontró la base del argumento para su nueva novela. Tanto la escritura como el teatro necesitan construir mundos, y a pocos metros del teatro Avenida se desarrollaba una buena historia. Los chinos construían el Ministerio de Negocios Extranjeros, en una de las amplias avenidas de la ciudad, rebosantes de jacarandas y acacias, cuando empezaron a desatarse todo tipo de rumores sobre el maltrato que dispensaban a los trabajadores africanos; se habló, incluso, de castigos físicos. Ahí mismo empecé a planificar la novela tratando de plasmar en sus páginas una mirada crítica sobre lo que ocurría. ¿Colonialistas o amigos? Estamos viendo cómo la influencia de China crece en todo el mundo, y especialmente en algunos países pobres de África. Si pasas por el aeropuerto de Johanesburgo y miras a las personas que esperan para subirse a los aviones, al menos un cincuenta por ciento son chinos.

La feroz lucha del Partido Comunista Chino entre los viejos y los nuevos ideales maoístas ocupa buena parte de El chino. Como Mao Zedong decía, siempre hay dos caminos. La línea dominante parece decantarse hacia el mercado libre, pero se enfrenta a una resistencia muy fuerte dentro del propio partido. Veremos cómo evolucionan los acontecimientos. Si China mantiene una actitud solidaria, puede hacer cosas muy buenas. Por lo que pueda ocurrir, Mankell ha hecho una apuesta con un amigo: se juega diez dólares a que antes de cinco años el crimen organizado se ha instalado también en Maputo. Se refiere a las bandas organizadas que trafican en Europa con trabajadores, a los que tratan como esclavos en talleres clandestinos. Para ilustrar mejor sus palabras cuenta el caso de un grupo de jóvenes chinos que solicitaron asilo político en Suecia. Cuando el Gobierno quiso localizarlos habían desaparecido, seguramente en dirección a Alemania, bajo la tutela de la mafia. Todo se negoció en un restaurante chino de la capital.

A Mankell le gusta que sus obras sean un reflejo de la sociedad actual. La novela se inicia y acaba con un lobo hambriento moviéndose entre la nieve, aunque son los hombres los que se comportan como fieras.

El chino incorpora una nueva investigadora. Birgitta Roslin, una juez sueca de cerca de 60 años, con un matrimonio que se apaga, protagoniza de manera fortuita la investigación de un crimen espeluznante, en una aldea semiabandonada en la que han fallecido diecinueve personas. Como el inspector Wallander, el personaje creado ahora por Mankell resulta ser una persona bastante individualista e intuitiva, uno de esos héroes solitarios que tanto les gustan a los lectores de las novelas de crímenes. Las casi 500 páginas de El chino transmiten ese desasosiego en que parecen vivir los suecos. Al margen de la investigación policial llevada sin ningún éxito por Vivi Sundberg, una policía con problemas de sobrepeso bastante irritable Dos gallos femeninos midiéndose el uno al otro, según uno de los personajes, a través de la mirada de la juez se puede sentir el peso de la emigración, el hambre y la desesperación.

Mankell no oculta que el hecho de que su padre fuera juez le influyó a la hora de elegir protagonista. Conocía de primera mano el mundo en el que se desenvuelven los magistrados suecos; durante años vivió en una vivienda adosada al edificio del juzgado y nunca utilizó esa experiencia, aunque para mantener un poco la distancia decidió que el personaje fuera mujer. Le gusta fundir investigación y ficción en dosis parecidas, así que para ampliar documentación habló largo y tendido con una juez, pero claramente en su cabeza y en su memoria bullían muchas de las historias de su infancia. Durante la redacción de la novela sentí como si mi padre hubiera estado mirando todo el tiempo por encima de mi hombro.

Creo que el papel del juez es muy importante, dice sonriendo. ¿Cómo se llama el que tienen ustedes en España, ese que quiere llevar ahora a Franco a los tribunales? Me gusta y es atrevido, especialmente por la manera en que relanzó el asunto Pinochet, pero ahora se ha vuelto un poco loco, no puedes llevar a los muertos a los tribunales. A Franco ya le ha juzgado la historia. Entre carcajadas retoma el pulso de la novela y vuelve a Birgitta Roslin. Su personaje central no es precisamente una juez estrella. Ella no quiere fotos ni protagonismo. Como es habitual en las novelas del autor de Asesinos sin rostro, utiliza el crimen para revelar las contradicciones de la sociedad. De sus obras se desprende que la solidaridad y la justicia son dos pilares básicos del sistema. La democracia no puede avanzar sin que la organización judicial funcione al cien por cien, y ésa es una discusión que hay que tener en todo el mundo. La defensa de la democracia le conduce hasta la crisis financiera. Los responsables deberían ser juzgados, de lo contrario tendremos que esperar otros quince años para que vuelva a suceder lo mismo. En ese sentido, Estados Unidos está mucho mejor que Europa porque es probable que allí algunos responsables de los bancos puedan ser juzgados y procesados como delincuentes, algo impensable aquí. Aquí es ahí mismo, justo en la puerta del teatro Avenida, en un banco de madera alargado en el que hay escrito un nombre: Siba-Siba. Desde la acera, sin necesidad de cruzar la calle, se divisa el imponente edificio de un banco de capital alemán, pero, más o menos diez años atrás, esas oficinas pertenecían a otro propietario en el que reinaba la corrupción más absoluta. Siba-Siba fue contratado por el Gobierno mozambiqueño para realizar una auditoría y buscar entre los gestores de la entidad a los responsables del despilfarro. Un día, cuenta Mankell, Siba-Siba fue asesinado, le arrojaron desde la ventana del último piso a la calle. También en Maputo un año antes asesinaron a un gran amigo de Mankell, el periodista Carlos Cardoso, una de las personas que más habían investigado y denunciado la corrupción política y económica. Estaba amenazado y sabía que iban a acabar con su vida, pero nunca se rindió.

¿Cómo le mataron? Mankell hace un gesto inequívoco con las manos: Ra, ta, ta, ta. En el teatro donde nos encontramos, Mankell montó una obra sobre la vida de Cardoso, y precisamente cuando se estaba representado mataron a Siba-Siba. En ese momento sentí que no sabía dónde acababa la realidad y empezaba el teatro. Los asesinos fueron detenidos y condenados a treinta años, pero su muerte dejó un gran vacío. Mankell se emociona hablando de Cardoso. No sólo él le echa de menos. Un graffiti y unas flores secas, que algún día formaron un ramo, recuerdan su memoria en el muro junto al que fue abatido cuando salía del periódico.

Seguramente El chino sea su novela más global; los personajes se mueven por tres continentes, pero parte de la obra transcurre en la Suecia que se desvanece con el nuevo milenio, plagada de granjas casi desiertas y pueblos aislados, un tipo de sociedad que Mankell conoce bien. Nació en Estocolmo, pero desde pequeño vivió en pequeñas aldeas en el norte del país en las que su padre ejercía como juez. Abandonados por su madre, él y sus hermanos fueron criados por su abuela, la persona que incitó desde bien pequeño a Mankell a escribir y a leer. Cuando recuerda el pasado y la aldea en la que creció y se contempla en Maputo no puede evitar cierta nostalgia y un golpe de vértigo: ¡Vaya viaje!, dice con la mirada perdida. La decisión de quedarse a vivir en África la tomé ¡en Salamanca!, en el curso de un viaje en coche desde Suecia hasta Portugal donde debía embarcar rumbo a Maputo. Alquiló una habitación en un hotel de carretera, pero el ruido de las cañerías y el tráfico no le dejaron conciliar el sueño. Pasé la noche en vela dando vueltas a una idea y nunca me he arrepentido. Pasar seis meses en Europa y seis en África me ayuda a mantener la perspectiva. Además de sus carreteras y hoteles inolvidables, de España le gusta Goya. Cada dos años como máximo regresa al Museo del Prado de Madrid para rendirse ante sus cuadros. Es el mejor contador de historias que conozco.

El inevitable paso del tiempo en una mujer que no se atreve a preguntarse qué ha sido de su vida y el recuerdo de su pasado como militante maoísta en los años sesenta le sirven en esta ocasión como marco argumental, pero Mankell niega cualquier proximidad ideológica con ese personaje. Nunca militó en la extrema izquierda ni en los grupos cercanos al partido comunista siempre fui libre con respecto a los partidos, aunque cuando contaba 20 años apoyó las protestas contra la guerra de Vietnam. Todavía tengo alguna marca, añade señalando en algún punto de su cabeza la cicatriz que oculta su blanca caballera. Se trata de una herida de guerra, recuerdo de la policía francesa cuando corría por las adoquinadas calles de París, en pleno Mayo del 68. Entonces y ahora, la cuestión básica en la que basa su militancia personal se llama solidaridad. Sin ella es difícil crear una sociedad justa. Para explicarlo recurre a una historia que les suele contar a los jóvenes: Imagina que te encuentras en casa viendo televisión y en un momento dado escuchas que alguien grita en la calle pidiendo socorro. Tienes dos opciones: subir el volumen o bajar a la acera y tratar de ayudar. La solidaridad pesa más que las ideologías. Muchas personas creen que esa fraternidad se identifica con un tipo de emoción, y es verdad, pero también es algo racional que tiene que ver con la inteligencia; si quiero que mis hijos tengan un mejor futuro, debo procurar que los otros también lo alcancen.

Esa militancia impregna todo su trabajo, aunque se defienda alegando que se trata de un artista, no de un político. Nunca soñó con triunfar en el género negro. El creador de Kurt Wallander, el inspector que le encumbró y al que retiró de un plumazo cuando empezó a cansarle, tuvo claro desde el momento en que inició esos libros que quería un personaje que cambiara constantemente, no deseaba alguien como Poirot. A partir del tercer libro hablé con una amiga que es médica para que le diagnosticara una enfermedad, dada su forma de vida, siempre mal alimentado y manteniéndose a base de café, y que resultó ser la diabetes. En el siguiente título, el inspector descubre que es diabético y fue el libro más popular. Nadie imagina a James Bond con esa enfermedad; claro que Bond juega en el Real Madrid, y Wallander, en la quinta división. No oculta el orgullo que le produce la adaptación que ha realizado el actor Kenneth Branagh para la BBC de tres de sus libros. Fue el propio actor el que planificó la serie en la que participa también como productor. Me gustó mucho hablar con él y tratar de ayudarle.

Otro escritor sueco, Stieg Larsson, y dos de los títulos de la trilogía Millennium ocupan las listas de libros más vendidos desde hace semanas en Europa, pero Mankell no parece muy interesado en hablar de ese fenómeno. Ha leído los libros que se publicaron tras la muerte del periodista, pero no le han emocionado. Su opinión es que el éxito de Larsson se puede equiparar al de cualquier best-seller, en el estilo Dan Brown. Y lo dice sin envidia. Ciertamente, Mankell no tiene problemas de ventas. Mi administrador dice que contando desde que nací hasta hoy habría vendido mil libros diarios, y el dinero, aunque sea fácil decirlo cuando sobra, no parece su prioridad. Nunca me voy a comprar un Mercedes, mi vida se basa en el trabajo y en vivir con mi mujer y mi familia. No quiero grandes mansiones con piscina. Tiene cuatro hijos de tres matrimonios anteriores a su relación con Eva Bergman. Dispone de un piso en Gotemburgo, otro en Estocolmo, y paga muchos impuestos, pero parte del dinero que gana lo dedica a apoyar proyectos en África.

Si con la obra de Larsson se mostraba reticente, su rostro se ilumina cuando escucha el nombre de John Le Carré: Es muy importante para mí. Los dos estamos muy enfadados con la situación del mundo. Ambos han criticado a las empresas farmacéuticas por el precio de los medicamentos en África o por su adulteración en algunos casos. En los 55 minutos que llevamos hablando han muerto 25 niños de malaria y sus muertes podrían haberse evitado porque hay medicamentos para atenderles, pero las grandes compañías prefieren ganar dinero. Hay una cosa que me duele mucho, el analfabetismo. Ahí reside la causa de todo. Aquí, en Maputo, el 75% de la población no sabe leer ni escribir, y ése es un problema que tendría fácil solución. Algunos creen que se trata de una cuestión de dinero, pero basta hacer las cuentas. Sólo con lo que nos gastamos en Europa en alimentar a nuestras mascotas durante un año solucionaríamos esa lacra; no quiero decir que no los alimenten, sino que se trata de poco dinero. Cómo se van a defender del sida si no saben leer.

Cuando Mankell se arranca a hablar de África no hay fisuras. La crisis del VIH en el continente africano o las condiciones de vida de sus habitantes le han inspirado nuevas historias que ha publicado en formato de literatura infantil, como la trilogía dedicada a Sofía, una historia real sobre una niña mozambiqueña que perdió las dos piernas al pisar una mina abandonada tras la guerra, en un accidente en el que falleció su hermana María y que en España ha publicado Siruela. La trilogía en la que recrea la cotidianidad en las aldeas africanas. A un kilómetro de donde nos encontramos hay gente que pasa hambre pone los pelos de punta. El dinero que ingresa por la venta de estos libros se destina a la aldea de Sofía. Mankell solía sentarse con ella y le leía los cuentos en los que relata cómo se desplazaba, apoyada en sus muletas, varios kilómetros para acudir al centro de salud o cómo la abandonó su marido en la selva para que la devoraran los animales, pero ya ha cerrado esa historia. El vínculo entre ellos es demasiado fuerte, tanto que el primer hijo de Sofía fue bautizado como Leonardo Henning.

Mankell parece haber encontrado en África algo más que esas historias con las que trata de conmover a los descreídos ciudadanos del primer mundo. Uno de sus trabajos relacionado con ese continente devastado, Moriré, pero mi memoria sobrevivirá, su particular reflexión sobre las personas que mueren de sida cada día sin fármacos para combatir la enfermedad, le dio mucha más satisfacción que la fama y los actos literarios en los que participa. Mientras viajaba por Uganda quería saber buscando documentación, en las afueras de Kampala se cruzó con Aida, una niña que había perdido a su madre. Aida no sabía leer ni escribir; abrazado en su regazo, guardaba un cuaderno del que emergió una mariposa azul al abrir las páginas. Como las que le gustaban a su madre. Los ojos del escritor se han llenado de lágrimas, una reacción propia de un personaje sensible, como Wallander, o de alguien que sabe por experiencia lo que supone crecer sin la mirada de una madre

***
FRAGMENTO LITERARIO
El Chino

Skare, frío intenso. Mediados de invierno.

Uno de los primeros días de enero de 2006, un lobo solitario cruza la frontera sin señalizar y llega a Suecia desde Noruega a través de Vauldalen. El conductor de un ciclomotor cree haberlo avistado a las afueras de Fjällnas, pero el lobo se esfuma por entre los bosques en dirección este sin que nadie logre ver hacia dónde se dirige. En medio de los valles noruegos de Österdalarna, el animal encontró restos de un cadáver de alce congelado donde aún quedaban huesos por apurar. Sin embargo, de eso hacía más de dos días. Ahora empieza a acusar el hambre de nuevo y busca alimento.

Es un macho joven en busca de un territorio propio. Y continúa avanzando incansable hacia el este. Cerca de Nävjarna, al norte de Linsell, el lobo encuentra otro cadáver de alce. Durante un día entero permanece junto a él hasta saciar su hambre antes de proseguir. Siempre hacia el este. En las inmediaciones de Kårböle atraviesa a la carrera la helada superficie del Ljusnan y sigue el río en su accidentado discurrir hacia el mar. Una noche de luna clara, se mueve sobre sus mudas patas por el puente de Järvsö para adentrarse después en los espesos bosques que se extienden hacia el mar.

La mañana del 13 de enero, muy temprano, el lobo llega a Hesjövallen, un pequeño pueblo al sur de Hansesjön, en la región de Hälsingland. Se detiene y olfatea. Percibe un olor a sangre de origen indeterminado. El lobo otea a su alrededor. En las casas vive gente, pero de las chimeneas no sale humo. Ni su aguzado oído siente sonido alguno.

Sin embargo, ahí se percibe el olor a sangre, el lobo está seguro de ello. Aguarda en el lindero del bosque, intenta olfatear de dónde procede. Después comienza a correr despacio por la nieve. El olor llega arrastrándose desde una de las casas que se alza en los confines del pueblecito. Está alerta, en las proximidades del hombre hay que ser tan cauto como paciente. Se detiene de nuevo. El olor procede de la parte posterior de la casa. El lobo aguarda. Finalmente se pone en movimiento otra vez hasta que llega a su objetivo, un nuevo cadáver. Arrastra la pesada presa hasta el extremo del bosque. Nadie lo ha descubierto todavía, ni siquiera se ha oído el ladrido de ningún perro. El silencio llena cada rincón de aquella fría mañana.

En el lindero del bosque empieza a comer. Puesto que la carne aún no está congelada, le resulta fácil. Está muy hambriento. Después de haber arrancado uno de los zapatos de piel, comienza a roer la parte inferior de la pierna, justo por encima del pie.

Ha nevado durante la noche, hasta que se produjo una tregua. Mientras el lobo come empiezan a caer de nuevo leves copos de nieve sobre la tierra helada.

Articulo:
http://www.elpais.com 28/11/2008

Ian WELDEN/ El Extranjero



Ian Welden - Valby, Copenhague
E-mail:
Ian.welden@mail.dk

Ian Welden sobre Azul@rte:
http://revistaliterariaazularte.blogspot.com/search?q=Ian+WELDEN

El Extranjero
Por Ian Welden

Para mis hijas Helene y Sidsel

Le quitaron el legendario nombre nativo, Pudahuel ("el lugar de las posas") y lo rebautizaron AEREOPUERTO INTERNACIONAL ARTURO MERINO BENITEZ.

"Quién es el señor Benitez?" le pregunto a la amable y hermosa funcionaria que me inspecciona
mi equipaje. "No sabría decile señor... adelante no más, bienvenido a Chile".

Aparte del cambio de nombre, que a mi me parece un sacrilegio, nada ha cambiado; tal vez un poco más polvoriento. Este noble aereopuerto que una vez me vió irme jóven y sumido en la angustia me ve hoy regresar con el pelo un poco gris, un poco mas cansado y aún lleno de incertidumbre.

Reconozco de inmediato, como al sabor de la leche materna, la luz violeta casi neón de la noche cayendo sobre el centro de Santiago. La Alameda arriba me transforma nuevamente en adolescente. Por aquí anduve yo lleno de amigos y amores y odios...Me fui en 1974. Ahora es 1991.

Unos golpecitos en las ventanas del auto me sacan de mi ensueño: Seis pares de ojitos negros me miran desde una realidad espeluznante, DOS KILOS DE PAPAS A 250 PESOS! CINCO ALCACHOFAS A 100 ! DOS BARRITAS AMBROSOLI POR 100 PESOS!
Esto ninitos vendedores no ofrecen sus mercaderías, las suplican. No tienen más de cinco o seis años de edad. Son las diez de la noche. Deberían estar en sus hogares comiendo alcachofas, puré de papas, bistecs y barritas de chocolate de postre, riendo con sus padres...


VIERNES 12 DE ABRIL

HAY 40 NIÑOS INFECTADOS CON SIDA EN NUESTRO PAÍS.
Centro de Investigaciones Médicas UC desarrolla líneas de trabajo.

FRPL REALIZO PROPAGANDA ARMADA EN UN LICEO NOCTURNO
Veinte sujetos actuaron con metralletas para instruir a estudiantes en el gimnasio.

ABATIDO POR CARABINEROS ASALTANTE A UNA MICRO
En el Hospital Barros Luco murió un delicuente que resultó herido al intentar asaltar una micro de la locomoción colectiva en la Población Santa Adriana.

EL RECADO DE URIBE
"Volveré a Chile con el título mundial!". Boxeador chileno viajó ayer a Bogotá para enfrentar al campeón mundial, el colombiando Luis "Chicanero" Mendoza.

ROBARON BICICLETA A MIGUEL DROGUETT
Cuando regresaba a su domicilio en La Florida, al pedalero internacional le robaron la bicicleta.

Mi viejo y querido amigo Carlos me invita a comer. También asiste mi otro querido amigo Mario. "Pero si estamios igualitos!" Bueno, mas pelados, mas guatones. Los recuerdos brotan con la misma intensidad y alborotamiento con que el Canep brota de las botellas. El diálogo que se interrumpió hace mil años se reanuda hoy "como si ná, puh". La hija mayor de Carlos me dice "Tío" y me trata de "Usted". Su hijo menor escucha ensimismado mi relato de cisnes sagrados e intocables en los parques y lagunas del Reino de Dinamarca.

A la hora de irme sienten la necesidad de hacerme un regalo: despojan las repisas de cuanto adornito encuentran a mano. Chanchitos de greda, figuritas de madera y porcelana y me los entregan en una bolsita plástica.

Abrazos profundos ad libitum y me voy por la noche de La Cisterna embriagado de vino tinto y cariño.


MARTES 16 DE ABRIL

CASO DE COLERA EN SANTIAGO
Alimentos prohibidos decreta Ministerio de Salud: lechugas, cilantros, repollos, coliflor, apio, achicorias, berros, perejil, betarragas y zanahorias. También recomendaciones sobre pescado, mariscos e higiene personal.

CONSTRUYEN ESCENARIO PARA JULIO IGLESIAS
El astro descansa en una playa brasileña con la modelo Tania.

COMANDANTE EN JEFE DEL EJERCITO DESCIENDE CINCO POSICIONES EN NUEVO PROTOCOLO
Ahora también lo antecederán los presidentes del Tribunal Calificador, Tribunal Constitucional, Banco Central y los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados.

SEÑORA LUCIA DENUNCIA PRESIONES
"Dirigiré mis centros mientras sea la señora del Comandante en Jefe".

VIOLACION A DERECHOS HUMANOS
Aylwin expresó confianza en que los tribunales aplicarán ley. Dijo que amnistía vigente no impide investigar ni sancionar.

LA CATASTROFE SIGUE
Mientras Comisión de Sequía proyecta prolongarse, agricultores esperan que la Virgen del Carmen les mande un año normal.

Mi hijita se ha enfermado. Tiene apenas dos años de edad y está que se vuela de fiebre. Mi esposa y yo sentimos un abismo bajos nuestros pies. Queremos tomar el primer avión a Dinamarca, a la seguridad y eficiencia de esa medicina y de esos doctores...

Un médico me manda a hacerle exámenes de sangre, exámenes de orina, seis mil pesos por aqui, siete mil por allá. "Tiene que llamar pasado mañana" es la eterna respuesta. A los dos dias los exámenes han llegado. Estoy hablando por teléfono con el Doctor Galecio: "la niña está peor y estoy desesperado!". El doctor me dice que le lea lo que dicen los exámenes.

Eritrocitos 4.3; Hematrocitos 38.0; Reticulocitos I punto R cero coma cinco guión uno coma cinco por ciento; Leucocitos 14.000 guión 6000 17.500 raya "Aló doctor? esto se va a demorar todo el día! No quiere que le vaya a dejar los exámenes a su clínica de una carerra?!. El Doctor me dice: "No, no, tranquilo, siga leyendo no más..." Suena el timbre y mi esposa abre la puerta. "Hay alguien que te viene a visitar, se llama Rodrigo y dice que no te ha visto desde 1974"."Claro que es amigo mío!" grito encolerizado "pero no puedo verlo ahora por la cresta madre!". Rodrigo me escucha desde la puerta y mi esposa trata de explicarle la situación en inglés. Rodrigo se va...
Basófilos 0-ro punto cero punto cero; eosinófilostres punto cero punto... "Mejor traigame a la niña y los papeles a mi consultorio al tiro" me dice el Doctor Galecio. "Capáz que le de un ataque al corazón, señor". Salgo corriendio a la calle a buscar un taxi y me encuentro con Rodrigo, eperándome con paciencia de ángel. "Compadrito" me dice "Supe que tu hija está enferma. Tengo auto. Los llevo al doctor?"


JUEVES 18 DE ABRIL

AUMENTAN LOS CASOS DE COLERA
3 son los confirmados y 2 están bajo sospecha. Protestas e incidentes frente al terminal pesquero de la Vega: miedo al cólera los tiene al borde de la ruina. Nadie compra. En protesta los comerciantes vierten seis mil kilos de mariscos y pescados a la vía pública. "Aquí non hay cólera" vociferan mientras comen pescado crudo frente al público.

FEUC SUSPENDE COLABORACION CON LA POLICIA PARA INVESTIGAR ASESINATO DE JAIME GUZMAN
Desconfianza produce la detención del estudiante de filosofía que, sin orden de detención, fue aprehendido por uniformados. Allanada casa del padre.

CON MORON Y YAÑEZ COLO COLO PASÓ A LA PUNTA
La prensa limeña destacó al cuadro albo.

JULIO IGLESIAS LO PASA BIEN
Dos jóvenes brasileñas y una hija de Elvis Presley son parte de la comitiva que viaja a Chile.

Domingo con empanadas. Toda la familia sentada a la mesa. No hay suficientes sillas para acomodar a tanto ser querido. Los más pequeños se acomodan en los sillones de a a dos o tres. Se presienten incluso los suaves fantasmas de nuestros muertos velando a la cabezera.

Mi hija ya anda gateando, fresquita como una chirimoya, hablando en castellano agringado y chorreando jugo de empanada por toda la casa. Aquí quisiera que crezca. Aquí quisiera quedarme para siempre. Que el tiempo se detenga sobre este almuerzo sagrado. Sobre estas miradas y gestos tan llenos de amor.

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CHILE ENTERO PEGADO AL TELEVISOR: EL COLO A LA PELEA CONTRA GARRA CHAGUA!
Perdiendo 0 - 3 nos clasificamos. Profecías de Yolanda Sultana: horóscopo dice que el Colo gana hoy!

GOBIERNO NO CONFIRMÓ EL VIAJE DE GRAL. PINOCHET
Nadie sabe a donda vá ni porqué...

YO DETUVE A LOS CAMPESINOS DE LONQUEN
Ex carabinero publica libro en el cual describe detalladamente el episodio durante el cual fueron a buscar a sus casas a los peones para su fusilamiento.

VALDÉS SE OPONE A INSTALAR SAUNAS
"Soy absolutamente opuesto a la idea de instalar saunas y piscina en el senado!".

REPUNTE DEL SIDA PROVOCA ALARMA!
294 casos confirmados desde 1984 hasta la fecha en nuestro país!

CARLOS URIEL URIBE PIERDE CORONA DE LOS SUPER GALLOS EN COLOMBIA!
Recibió su paliza con dignidad Y EN LA POLAR HAY QUE LLEGAR Y LLEVAR!!!!!!!!!


Nos han enviado un video desde Estados Unidos. Cosa rara. El correo se niega a venir a dejarlo a la casa. La carta dice que hay que retirarlo en oficinas de correos en Calle Marsella cerca del Parque Ohiggins, a pesar de que nosotros vivimos a cinco municipalidades de distancia. Mi madre, mis dos hermanas y sus niños mayores nos metemos todos en el auto y partimos, como si fueramos a un pic-nic familiar. En Dinamaca basta con una persona. Pero me gusta esta manera de hacer las cosas, en patota.

Cruzamos todo Santiago para llegar a Calle Marsella. En la recepción nos entregan un formulario que hay que llenar y llevar a la oficina número 7. En la oficina número 7 una señora lo mete en una máquina de escribir y hace algunas anotaciones. "Tienen que ir al banco ahora para pagar 2000 pesos, gracias".

Afortunadamente el "banco" queda en el mismo edificio. Pagamos la suma indicada y nos envían de vuelta a la recepción. El amable funcionario nos entrega tres formularios nuevos: "llénenlos por favor y vaya a la oficina número 9". En la oficina número nueve los formularios son timbrados, sellados, y firmados (y encolados y entarugados, pienso yo). "Tienen que entregarlos en la CAJA número nueve y pagar 400 pesos, porfavor". "Y dónde queda la caja número nueve?" pregunto yo extenuado. No podría haberme imaginado la respuesta tan surrealista: "Aquí al ladito no más".

Efectivamente la caja número nueve era una especie de prolongación artificial de la oficina número nueve. Bueno, en la caja en cuestión un funcionario timbra los tres formularios (o es al revés?) y nos da un recibo por los 400 pesos mientras tararea muy bajito una melodía de moda ("Todo por tu cariño" de Patty Freire). "Vayan a la oficina número diez y entrégenlo ahí no más..." Tra la la la lá... En la oficina número diez nuevamente nos entregan formularios que llenamos y firmamos. "pase a la Oficina de Entregas a la derechita por el pasillito y ahí le van a entregar el paquetito al entregar los formularitos".

En la Oficina de Entregas hay cola. Al fin, un funcionario viejito, pálido como ceniza y tiritón como un temblor recibe los formularios y como por arte de magia hace aparecer un gigantezco libro polvoriento en el que tengo que firmar tres veces. Cierra el libro con violencia provocando una tormentita de polvo y toses colectivas. Le entrega un papepilto a un jovencito mensajero y éste se va da dando graciosos pasitos de baile mientras recorre kilómetros de repisas repletas de paquetes, examinando nuestro papel y exclamando: "New York! Washington! New Jersey! Alabama? SI!...."

Nuesrtro papelito es sometido a un meticuloso proceso de timbrados y por fin podernos irnos con el el inocente video que mi hermano nos envio desde USA.


VIERNES 3 DE MAYO

REO EL GENERAL MENDOZA
Por inhumanas injurias. Aceptada la querella de la diputada Maria Maluenda. Vigésimo Tercer Juzgado del Crímen acordó dejarlo en libertad bajo fianza.

DESALMADOS ASALTAN A ESCOLARES DE PASEO
En San Cristóbal, y mientras hacían gimnasia con el profesor, cuatro desalmados asaltan a curso de menores de una escuelita de Conchalí. Chaquetas y bolsones y zapatitos botín de los delincuentes.

DOS ASESINATOS EN LAS CONDES
"El Lolo", conocido delincuente sin piedad, junto a banda de tres, asesinan a sangre fría a dos vecinos que intentaron oponerse a que les saquearan vivienda.

SUICIDIO EN EL METRO
Jóven de veynticinco años se lanza al paso del metro en Estacion Las Rejas.

CUATRO PAISES VISITARÁ PINOCHET
Ministro Secretario General de Gobierno, Enrique Correa (PS) pide respeto al general y manifiesta esperanza de que no se produzcan ofensas en su contra.

A CORAZON ABIERTO
Por Profesor Jacques de La Tour

Señor Jacques de La Tour,
En esta carta quisiera exponer un asunto sentimental. Yo estoy casada con un vejete que ya se le descargó la batería. Yo soy joven y buenona según dicen los demás, soy muy ardiente y es por esto que sufro mucho en las noches.
Mi viejujo se hace el cucho y se la lleva ronroneando en el sofá aunque le pego mis miradas insinuantes y me le paseo por detás y por delante. El vejestorio sigue sin ereaccionar.
Deme un consejo profesor, que estoy muerta de ganas.
Insatisfecha en el amor.

RESPUESTA DEL PROFESOR JACQUES DE LA TOUR
Inatisfecha mi perra choca, por lo que veo Vd. anda un poco despistá.
Con ese cuero que me describe está perdiendo juventús a tonelás.
Que si le fallan los pericos de su barrio venga a buscarme cuando yo salga del diario que su problema se lo voy a solucionar yo solito no más.
Esperando su visita, se despide ardientemente
El profe Choriflay.


En cada paso que doy, en cada acción, está presente el espíritu de Dinamarca.
No puedo dejar de hablar de ella, pensar en ella. Obsesionado voy poniendo a mis dos países en la balanza sabiendo que es una injusta comparación.

Es como comparar el sol con la luna llena.

En mi corazón crecen dos mundos disimilares: Dos conceptos de vida, como el cisne y el cóndor. La cordillera imprevisible y la llanura sin sorpresas. No es leal, me digo, comparar los besos de dos amadas. O sus traiciones. Y sin embargo aqui estoy frente a mi familia chilena y mis amigos, persistiendo compulsivamente en mi infantil afán de indicar las diferencias tan obvias, de señalar
lo que aquí falta y lo que allá sobra, y viceversa.

Me siento en un banquito del barrio en que yo una vez viví. Es viernes en Santiago de Chile, Tobalaba con Providencia. Hernando de Aguirre, mis viejas direcciones. Aquí crecí y me eduqué y jugué con otros niños en las apacibles acequias que una vez regaron los fantásticos y generosos sauces y bellotos. El indómito Canal San Carlos y sus guarenes salvajes y agresivos.
De mi barrio verde y silencioso solo quedan los fantasmas.

Las acequias han sido lapidadas y los árboles derribados para dar paso a incógnitos estacionamientos y letreros comerciales. Y "El Kika", la amable fuentecita de soda de la esquina con sus mesas y asientos de madera y sus rincones creados para la intimidad, languidece en el abandono al lado del neón y del plástico estridente y anónimo del nuevo amatonado HAMBURGER IN.

Y a mi vieja casona, Hernando de Aguirre 128, la han derribado a puñetazo limpio para plantar
sobre sus escombros una anónima torre de concreto y metal.


LUNES 6 DE MAYO

SIGUE REVUELO POR VIAJE DE PINOCHET
Nelson Mandela rechaza viaje a Sudáfrica. Pinochet: "no me he dado ni cuenta".

PRESIDENTE DEL PARTIDO SOCIALISTA
"Hay que poner fin al exhibicionismo internacional del que El General parece padecer patológicamente".

PINOCHET EN BRASIL
"El Sendero Luminoso ha matado a diez mil. En mi régimen tan sólo maté a dos mil".

PINOCHET EN BRASIL
"Afirmaciones de torturas en mi régimen son tal sólo aseveraciones comunistas".

COLO COLO EMPACA SUS ANHELOS
A pesar de la derrota 2 - 0, el cacique optimista. Clasificación es lo importante. Albos no temen
presión de la hinchada boquense: "argentinos son pura boca".

EL PAPA SE REUNIO CON PASTORCITA
La pastorcita que en 1917 vió a la Virgen María tuvo emotiva reunión con el Santo Padre. Lucía dos Santos conversó media hora con el pontífice.

HAMBRE
Tengo un hambre voráz! Me comería feliz una salsa de pampa amarilla, ensalada de valles transversales y una copa de cielo azúl de campo.


Tenía por casualidad el número de teléfono de un viejo companiero del liceo, Miguel Fernandez Acuña. Lo llamé por si acaso. Su madre me dijo que Miguel había sido arrestado en 1973 y fusilado en Concepción. Y me colgó el telefono...

Nunca fuimos realmente amigos. Jamás nos visitamos en nuestras casas. Las mirábamos desde afuera. La campana que tocaba el viejo Misael a fin de clases nos dividía la vida abismalmente. Porque yo regresaba a mi hogar sabiendo que en el comedor tibio me esperaba un almuerzo de príncipes y tu regresabas al tuyo sin tener la certeza de encontrarlo aún en pié, porque un ventarrón cualquiera te lo podría haber volado para siempre.

Sòlo compartimos el mismo banco en las largas y amarillas mañanas del liceo y la mas sincera
indiferencia por las matemáticas. Y nos unía el amor a la poesía y al amor. Yo vivía en una casa de dos pisos, jardín inglés, pieza propia y sin padre. Y tú en una casita de dos habitaciones, y también sin padre. Nos daba alegría vernos. Pero jamás me contaste por ejemplo que la mujer que conducía la micro número cincuenta era tu madre. Y que lo hacía para comprarte los libros usados, pagar la matricula escolar y el uniforme azúl reglamentario. Solo lo supe por los cochucheos de los estudiantes que lo contaban como si se tratara de una veguenza capital.

Yo sé que te sentías orgulloso de ser el hijo de la primera y única mujer que conducía un bus en la historia de Chile. Y que lo callabas por las terribles circunstancias clasistas que tejía la crueldad y soberbia de los estudiantes de Providencia. Un día no nos vimos más. El mundo nos tragó a cada uno por separado.

Chao Miguel.


En el aereopuerto nos despiden con llantos y besos y regalos. "Cuando nos veremos de nuevo...!"
Tengo a mi hijita en mis brazos y a mi mujer de la mano. "Al fin he encontrado mi país", le digo.
"Ya no hay problemas ortográficos ni raíces dudosas. La pronunciación fluye suave. Alcanzo tu boca con mi mano izquierda mientras respiras y salivas sobre las banderas. Paso mis dedos por tus fronteras.
Me revuelco en tus tierras y nado en tu agua y desciendo a tus minas con el idioma que tengo entre mis piernas. Y proclamamos a gritos el único y verdadero acto de acercamiento de los pueblos".
Y ella me mira y me dice "det ved jeg godt!"

UNA GITANA ME LEE LA MANO A LA PARTIDA
No estás sólo.
A pesar de tus profundos sentimientos de abandono y angustia, lo que buscas existe. Se trata de mantener la bandera flameando a toda costa. El enemigo emprende la retirada ante tu firme actitud de confianza y optimismo.
Podrás mantenerte en píe porque tu disposición es la correcta: seguridad en la victoria y confianza en tus propios inconmensurable recursos.
Serás absolutamente felíz hacia el final de la semana.

FIN

Valby, Copenhague - Otoño 2008

Ilustracion: Escultura de Ousmane SOW

Adriana SCHETTINI/¿Se puede enseñar a escribir ficción?



Creación
¿Se puede enseñar a escribir ficción?
Por Adriana Schettini

A partir de la década de 1960, los talleres literarios empezaron a proliferar en la Argentina. Como en las universidades no se dictaba escritura creativa, algunos escritores tuvieron la idea de dar clases en sus casas o en institutos. Buscaban transmitir su experiencia a quienes tenían la vocación de narrar y carecían de recursos técnicos para ello. Los referentes de esta actividad señalan los límites de su trabajo. Pueden adiestrar a los alumnos en el empleo de ciertos trucos, pero no insuflan talento donde no lo hay. En cambio, afinan la calidad de lectura de sus discípulos y los guían en la corrección de los textos, la tarea más difícil para un autor

La pedagogía mueve el mundo. La mecánica es simple: el dueño de un saber se lo transmite a otro que a su turno le entregará el tesoro, corregido y aumentado, a un tercero, en la certeza de que oportunamente éste hará lo propio con el siguiente interesado en sumarse a la cadena de la enseñanza y el aprendizaje. Esa suerte de carrera de posta se ha largado en la noche de los tiempos y no terminará ni un segundo antes del Apocalipsis. Es gracias a ese eterno maratón como progresan las ciencias y las artes. ¿Es posible enseñar? La pregunta sólo podría ser formulada por un devoto de las respuestas obvias.

¿Es posible enseñar a escribir? Basta agregar esas dos palabras al interrogante inicial para que la contestación deje de ser un sí monolítico e incondicional. En su lugar, aparece la delimitación de los territorios. Nadie niega la posibilidad de enseñar a escribir textos periodísticos, artículos académicos o ensayos. Pero la mayoría pone en tela de juicio que exista una pedagogía capaz de convertir a un individuo con buen manejo del idioma en un escritor de cuentos o novelas. Indiscutida en otras disciplinas, la dupla maestro-discípulo es zarandeada con vehemencia en el terreno de la narrativa.

La discusión viene de lejos y nunca fue saldada. A William Faulkner, por ejemplo, la sola mención del tema le encendía la ira: "Que el escritor se dedique a la cirugía o a la albañilería si está interesado en la técnica –le respondió a Jean Stein cuando lo entrevistó, en 1956–. No hay ninguna manera mecánica de escribir, no hay atajos. El escritor joven que siga la buena teoría es un tonto. Hay que aprender de los propios errores: las personas sólo aprenden por el error. El buen artista cree que no hay nadie suficientemente bueno para darle consejo. Su vanidad es suprema. Por más que admire al escritor más viejo, quiere superarlo".

Pero a diferencia del ganador del Premio Nobel de Literatura, en 1949, que no reconocía otro modo de aprendizaje que desplegar las alas de la suprema vanidad y largarse a volar, aun a riesgo de estrellarse una y otra vez contra la propia torpeza, Raymond Carver sometió su talento al rigor pedagógico del novelista John Gardner, su maestro en la Universidad de Chico, California. Y además, le quedó agradecido: "[Gardner] Me hacía una crítica concienzuda, línea por línea, y me explicaba los porqués de que algo tuviera que ser de tal forma y no de otra; y me prestó una ayuda inapreciable en mi desarrollo como escritor", contó el autor de Catedral en el prólogo al libro de su maestro, Para ser novelista.

En los Estados Unidos, la universidad de Iowa fue la primera en organizar cursos de "Creación literaria", a principios del siglo XX. La iniciativa hizo escuela: en la actualidad, "Escritura Creativa" está presente en los claustros universitarios estadounidenses. No es así en la Argentina donde, no obstante, los talleres literarios crecieron y se multiplicaron tanto que la oferta es hoy menor a la demanda. La lógica lleva a suponer que los escritores que dictan clases o talleres lo hacen en el convencimiento de que es posible enseñar a escribir. Sin embargo, la lógica y la narrativa a veces se repelen. Antes que un mundo razonable la literatura es una usina de paradojas. Para muestra, los dichos de dos grandes autores: el británico de origen paquistaní Hanif Kureishi y el argentino Abelardo Castillo.

"Los cursos, sobre todo cuando se llaman de escritura creativa, son los nuevos hospitales psiquiátricos", declaró Kureishi a The Guardian. Aunque virulenta, su afirmación no debería ser la piedra de ningún escándalo: al fin y al cabo, el autor de Mi oído en su corazón no hizo más que considerar locos a los que Faulkner ya había llamado tontos. Pero la diferencia entre ambas apreciaciones se vuelve abismo cuando se considera que Faulkner se abstenía de dar clases, mientras que Kureishi es profesor asociado en un curso de escritura creativa de Kingston University. Para colmo de la provocación, Kureishi agregó: "Una de las primeras cosas que uno advierte es que cuando pone la televisión y se entera de que un estudiante se ha vuelto loco y ha matado gente con una ametralladora en un campus de los Estados Unidos, siempre se trata de un alumno que asiste a esos cursos".

Puesto a opinar sobre sus propios alumnos, aceptó que cuando terminan el curso son "mejores" pero también "más desdichados", porque "tienen la fantasía de que todos los estudiantes llegarán a ser escritores famosos, y nadie puede convencerlos de lo contrario. Yo siempre les pongo la misma nota: 71 sobre 100 –confesó–. Y además, el profesor tiene que escribir un informe sobre cada uno. Yo siempre digo que se comportan bien y asisten a clase correctamente vestidos. ¿Cómo podría ponerles una nota en escritura creativa? ".

En la Argentina, los talleres literarios se convirtieron en un boom en la segunda mitad de la década del 70, cuando al público amante de la buena lectura e interesado en aprender a escribir de la mano de los grandes maestros se sumaron los jóvenes con inquietudes políticas que, a causa de la dictadura, ya no podían discutir sus textos en los bares. Algunos tomaron la práctica de los talleres como una forma de resistencia cultural; otros, como una actividad puramente literaria. Pero para ese entonces, la enseñanza de la narrativa en grupos reducidos ya tenía antecedentes exitosos. Isidoro Blaisten, en Anticonferencias, recuerda:

[...] este asunto de los talleres literarios no es tan nuevo como se cree. Habría que remontarse al año 1965. No sé por qué incierto destino yo di clases en un instituto de Técnica Literaria, en una casona de la valle Viamonte al dos mil seiscientos, Viamonte y Pueyrredón más o menos. [...] Lo dirigía el doctor Rodolfo Carcavallo, que es poeta y entomólogo, y fue el primer intento de taller literario quese hizo en el país. Venían señoras gordas y chicos con talento. Las señoras gordas eran insoportables y debían ser echadas. Los chicos con talento no tenían un peso y había que becarlos. [...] En ese instituto dieron clases Sabato, Borges, Marechal, Ulyses Petit de Murat, Conrado Nalé Roxlo, Bernardo Kordon, Agustín Cuzzani, Dalmiro Sáenz, Abelardo Arias, Abelardo Castillo, Marta Lynch, Humberto Constantini, Haroldo Conti, Carlos Mastronardi y yo.

Además, estaban los talleres que tenían como sede la casa de un escritor, alrededor del cual se agrupaban los alumnos. En 1968, por caso, a raíz de un aviso publicado en LA NACION, Inés Malinow recibió doscientos llamados de personas interesadas en su taller literario y más de la mitad optó por inscribirse. Ella daba clase en su departamento. Un taller de mucho prestigio era el de Félix della Paolera. Entre sus discípulos estaba Hugo Correa Luna. En 1973, surgió Grafein, que proponía una nueva manera de generar y comentar textos, basada en técnicas lúdicas. Se daban consignas y después se trabajaba sobre los resultados. En España, se publicó Grafein. Teoría y práctica de un taller de escritura (Altalena), que incluía reflexiones teóricas, ejercicios y ejemplos. Había, evidentemente, un público para la enseñanza y los cursos proliferaron.

Abelardo Castillo, a pedido de un grupo que quería estudiar con él, abrió su primer taller mientras dirigía la prestigiosa revista El escarabajo de oro. "Miren que los talleres no sirven para nada", así recibe desde entonces a los que quieren estudiar con él. De los talleres de Castillo han surgido autores cuyas obras desmienten la advertencia del maestro: Juan Forn, Inés Fernández Moreno, Paola Kaufmann, Susana Silvestre, y siguen las firmas. "Yo no formé a toda esa gente; ellos ya eran escritores –retruca Castillo–. En la selección entre los aspirantes, sólo me quedo con los que siento que potencialmente son escritores. Y los trato como pares, tanto que suelo someter mis propios textos a la discusión del taller".

–¿Por qué dice que el taller literario no sirve?
–Porque el taller literario es un invento nacional que aparece en los años 70 por una razón política e histórica y no por una razón literaria –responde el autor de El que tiene sed –. Con la dictadura, desaparecen las revistas literarias y son reemplazadas por los talleres. Han venido de España a preguntarme cómo doy mis talleres. Les dije que no hay ningún misterio, que esto es una reunión de escritores que leen sus textos y se critican entre ellos. El taller literario tomado estrictamente como un método de enseñanza es muy dudoso, porque no nació como un fenómeno cultural, educativo o pedagógico sino como un fenómeno histórico. Mi taller lo dan los alumnos, funciona como una gestalt. Yo lo único que hago es enseñarles, tal vez, a leer. Si de mis talleres de cuentos sale un escritor es porque ya era escritor cuando llegó.

–Si los talleres no convierten a nadie en escritor, ¿por qué tienen cada vez más inscriptos?
–No lo sé. Pero hay un crecimiento real y notorio de la literatura argentina que está basado en los talleres. En lo personal, busco que sólo vengan los que son escritores en potencia.

–¿Cómo los identifica?
–Porque siento que para ellos la literatura es esencial, que no es adjetiva, que no es aleatoria. Si no escriben (y no por grafomanía sino por necesidad literaria), no resuelven su problema con el mundo. Necesitan contar algo y tienen algo para contar. Necesitan decir algo y el único instrumento que tienen para hacerlo es la palabra. A mi taller entran los que yo siento que son autores de ficción, sin importar si son buenos o malos, porque eso no lo garantiza nadie. Hay escritores de raza que no son necesariamente grandes escritores. Hay hombres que viven apasionados por la literatura y, sin embargo, no escriben grandes libros; son mejores lectores que escritores. Es imposible saber quién distribuye el talento en este mundo… Esto se ve muy bien en la película Amadeus: Salieri, el amigo de Mozart, daba la vida por la música, la amaba, le suplicaba a Dios que le permitiera ser músico… Pero el talento lo tenía Mozart, que era un irresponsable. En literatura, pasa lo mismo.

Puesto a descubrir talentos literarios, Abelardo Castillo es un experto. Para muestra, su radical intervención en el destino de Liliana Heker. Ella es hoy una de las grandes narradoras argentinas y en sus talleres se formaron autores de la talla de Silvia Schujer, Ricardo Mariño, Pablo Ramos, Samanta Schweblin y Raúl Brasca, entre otros. Pero en 1959, Heker era una muchacha precoz que mientras cursaba el último año de la escuela secundaria, había dado el examen de ingreso a la Facultad de Ciencias Exactas con el propósito de estudiar Física, carrera que abandonó tras aprobar el cuarto año. Interesada por la escritura desde muy chica, el día que cayó en sus manos un ejemplar de la revista literaria El Grillo de Papel en el que se alentaba a los jóvenes a presentar sus obras, envió un poema junto a una carta de presentación. Le respondió uno de los directores, Abelardo Castillo. La contestación le traía una de cal y otra de arena: el poema estaba rechazado; la carta, en cambio, acababa de convertirse en la llave que le abriría las puertas del mundo literario. "El poema no era nada bueno pero la carta era muy buena –recuerda Castillo–. Le dije que viniera a la revista porque para mí, era una escritora en prosa y no una poeta. Liliana tenía entonces 16 años pero a esa edad, un poeta ya escribe como poeta. Y ella no escribía como Alejandra Pizarnik a la misma edad. Y a esa edad, Alejandra no escribía en prosa como Liliana, que como prosista ya era muy buena."

Con la autoridad que le otorga la experiencia de dirigir talleres desde 1978, Heker sostiene que "no se puede enseñar a escribir pero un escritor aprende su oficio. A partir de cierta predisposición cada escritor hace su búsqueda –amplía la autora de Zona de clivaje–. En ella intervienen factores como la propia experiencia y el vínculo natural que se tiene con el lenguaje. Pero ante todo, un escritor es un enamorado de la lectura, y se va formando con lo que lee. El taller no inventa escritores pero puede contribuir a la formación del que esencialmente ya es escritor.

–¿De qué modo concreto ayuda al escritor un taller?
–Le aporta la mirada de alguien que desde su conocimiento de la creación literaria puede decir qué falla en un texto, por qué una buena idea a veces consigue un cuento malo y por qué de una idea mínima puede salir un buen cuento, por qué el comienzo de un relato es demasiado alargado o demasiado informativo, por qué determinado cuento mejora si se lo narra en tercera persona y no en primera. Las miradas de ciertos otros actúan como los catalizadores en química, es decir, como sustancias mínimas que aceleran procesos que tal vez ocurrirían igual pero llevarían más tiempo. En ese sentido, a veces, los talleres funcionan.

–¿Qué buscan quienes se inscriben en sus talleres?
–A mí no me importa lo que busca la gente. Cuando los entrevisto les digo lo que busco yo: la formación de escritores; es lo único que me interesa. No les pido que traigan textos a la entrevista porque no me preocupa si escriben bien o mal. Creo que todos empezamos haciendo mal todo lo que hacemos, y vamos aprendiendo.

–¿Qué requisitos hay que reunir para ser aceptado en sus talleres?
–Sólo dos condiciones. La primera, que sea un lector; quiero a los enamorados de las novelas, de los cuentos, de la poesía. La segunda, que esté convencido de que la literatura es un trabajo, que si es necesario corregir veinte veces un cuento para que sea lo que uno está buscando, vale la pena. La corrección es una parte fundamental del proceso creador: quien no lo entiende así no puede venir a un taller, porque nadie acude a un taller para deslumbrar a los otros con sus textos sino porque cree que algo está fallando en su escritura y de una manera implícita está aceptando que viene a corregir sus textos. Sé que puedo comunicar mi saber a los otros: lo hago naturalmente y me apasiona. Pero sólo les doy mi saber a quienes son capaces de pelear contra el texto hasta conseguir todo lo que ese texto puede dar.


La máquina de corregir

Uno de los grandes escritores argentinos contemporáneos, Luis Chitarroni, quien además cuenta con una larga carrera de editor, dirigió talleres desde 1986 hasta 2000. Buceando en sus declaraciones sobre la pedagogía y la literatura, aparece un concepto clave: "Creo que es posible enseñar a corregir, no a escribir", dijo el autor de El carapálida.

En la polémica acerca de la posibilidad o imposibilidad de enseñar a escribir, las opiniones se abren como un delta. Pero cuando se alude a la corrección de los textos, todas las aguas desembocan en el mismo río, el de la necesidad. "Lo difícil no es escribir sino corregir, porque no hay profundidad alguna sino infinitas superficies", declaró el portugués António Lobo Antunes, eterno candidato al premio Nobel, finalista para el Príncipe de Asturias y ganador del Premio de Literatura en Lenguas Romances de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en el mes de septiembre último.

"Escribir es humano y corregir es divino", afirma Stephen King en Mientras escribo. El novelista que saltó a la fama con Carrie se sincera con el aspirante a escritor: "Si no tienes ganas de trabajar como una mula, será inútil que intentes escribir bien. Confórmate con tu medianía y da gracias de tenerla por cojín. Existe un muso (tradicionalmente las musas eran mujeres, pero el mío es varón), pero no esperes que baje revoloteando y esparza polvos mágicos creativos sobre tu máquina de escribir u ordenador. Vive en el subsuelo. Es un habitante del sótano. Tendrás que bajar a su nivel y, cuando hayas llegado, amueblarle el piso. Digamos que te toca a ti sudar la gota gorda, mientras el muso se queda sentado, fuma, admira las copas que ha ganado en la bolera y finge ignorarte. ¿Te parece justo? Pues a mí sí".

Ganador del Premio Nacional de Literatura 1999-2000 por El buen dolor, Guillermo Saccomano suma su voz al coro que predica la cultura del esfuerzo: "No creo en la iluminación del que se sentó y le salió –apunta–. No salís escritor, el escritor se hace trabajando; el nuestro es un oficio de paciencia. Talento tenemos todos pero la literatura exige disciplina y constancia. Hay que escribir desde las cinco y media de la mañana hasta las once y luego, corregir y leer", aconseja Saccomano, quien reside en la ciudad de Villa Gesell y viaja regularmente a Buenos Aires para dar sus talleres.

Raymond Carver describió en detalle las maratónicas sesiones de reescritura que les imponía John Gardner a él y a sus compañeros en la Universidad de Chico:

A los escritores de relatos cortos que tenía en clase les exigía que escribieran uno de entre diez y quince páginas de extensión. Y a los que querían escribir novela –creo que habría uno o dos–, un capítulo de unas veinte páginas, junto con un esbozo del resto. Lo malo era que el cuento o el capítulo de la novela podían llegar a revisarse hasta diez veces durante el curso semestral, para que Gardner se quedara satisfecho. Tenía por principio básico que el escritor encontraba lo que quería decir en el continuo proceso de ver lo que había dicho. Y a ver de esta forma, o a ver con mayor claridad, se llegaba por medio de la revisión. Creía en la revisión, la revisión interminable; era algo muy serio para él y que consideraba vital para el escritor en cualquier etapa de su desarrollo como tal. Y nunca perdía la paciencia al releer la narración de un alumno, aunque la hubiera visto en cinco encarnaciones anteriores. […] No sé cómo sería Gardner con sus otros alumnos cuando llegaba el momento de entrevistarse con ellos para comentar lo que habían escrito. Supongo que demostraría un considerable interés con todos. Pero yo tenía y sigo teniendo la impresión de que durante aquel período se tomaba mis relatos con mayor seriedad y ponía al leerlos más atención de la que yo tenía derecho a esperar. Yo no estaba en absoluto preparado para el tipo de crítica que recibía de él. Antes de nuestra entrevista había corregido el relato y tachado oraciones, frases o palabras inaceptables, incluso algo de la puntuación; y me daba a entender que aquellas supresiones no eran negociables. En otros casos encerraba las oraciones, frases o palabras entre paréntesis, y ésos eran los puntos por tratar, esos casos sí eran negociables. Y no vacilaba en añadir algo a lo que yo había escrito, una o varias palabras aquí y allá y quizá hasta una frase que aclaraba lo que yo pretendía decir. Hablábamos de las comas que había en mi historia como si nada en el mundo pudiera importar más en aquel momento; y, en efecto, así era.


La prueba del marciano

"Si no tiene tiempo para leer, no tendrá el tiempo o las herramientas necesarias para escribir", advierte Stephen King. No debe haber escritor en este mundo interesado en discutir esa postura. "Nadie escribe igual después de haber leído a Proust, Tolstoi o Faulkner y de haber desmontado sus textos, de la misma manera que nadie filma igual después de haber mirado una y otra vez las películas de Coppola, Visconti o Pasolini", dice Saccomano, y confiesa que a sus alumnos les recomienda un libro de cabecera: Ser escritor, de Abelardo Castillo.

"Yo enseño a leer, no a escribir –afirma el propio Castillo–. A mis talleres no entra nadie que no tenga muy buenas lecturas o una enorme necesidad de tenerlas. Uno de los problemas de los jóvenes es que no tienen una guía para aprender a leer; no saben qué es lo que deben leer. Lo primero que les pregunto a los que quieren inscribirse en mi taller es qué leyeron cuando pasaban de la infancia a la adolescencia, porque entre todo lo que uno lee a los 10 o 12 años, siempre hay algún libro importante. En esa etapa, siempre leíste a Poe o a Mark Twain, incluso sin saber que es uno de los fundadores de la prosa norteamericana y un gran escritor de lengua inglesa. Después, pregunto qué libros eligieron por sí mismos en la adolescencia. En general, aparecen Borges, Cortázar, Bioy Casares o Sabato. Me fijo mucho si leyeron Tolstoi, Chejov, Flaubert. Los que leyeron a Faulkner, y además les gustó, tienen una enorme tendencia literaria. Al final, les hago la prueba del marciano: viene un marciano a la Tierra, tiene que irse en 15 minutos y te pide que le hagas, de apuro, la lista con los quince o veinte libros que son los fundamentos de la literatura en este planeta. Ahí entran desde la Biblia hasta la Divina Comedia, la Odisea o Crítica de la razón pura. Cuando me dan la lista, les pregunto cuáles leyeron y cuáles no. ¿Por qué no los leíste si sabías que eran fundamentales? Si la respuesta que me dan es acertada, entran a mi taller; si no, no. Una respuesta acertada es ‘Porque recién tengo 20 años’ o ‘Porque tengo 35 años pero trabajé todo el tiempo en el mercado de Abasto para mantener a mi familia’. El que contesta ‘Porque empecé leyendo literatura contemporánea y entonces ese lenguaje…’ suele estar equivocado: no hay como leer a Homero para entender que es más contemporáneo que el 70 por ciento de los escritores argentinos actuales."

Además de la necesidad de corregir los textos con la obsesión de un tábano, John Gardner les inculcó a sus discípulos la pasión por la lectura, según relata Carver en el prólogo a Para ser novelista :

En clase [Gardner] siempre hacía referencia a escritores cuyos nombres yo no conocía. O si los conocía, no había leído obras suyas. Conrad, Céline, Katherine Anne Porter, Isaac Babel, Walter van Tilburg Clark, Chejov, Hortense Calisher, Curt Harnack, Robert Penn Warren… (Leímos una historia de Warren llamada "Blackberry Winter" que por la razón que fuera a mí no me gustó, y se lo dije a Gardner. "Pues vuélvela a leer", me dijo, y hablaba en serio). William Gass era otro de los que nombraba. [...] Hablaba de Henry James, Flaubert e Isaac Dinesen como si vivieran un poco más abajo siguiendo la carretera, en Yuba City. "Estoy aquí tanto para enseñaros a escribir como para deciros qué leer", decía. Yo salía de clase aturdido y me iba directamente a la biblioteca a buscar libros de los escritores de que hablaba. Los autores que estaban en boga en aquella época eran Hemingway y Faulkner. Pero en total yo había leído como máximo dos o tres libros suyos. De todos modos, eran tan conocidos y se hablaba tanto de ellos que no podían ser tan buenos, ¿no? Recuerdo que Gardner me dijo: "Lee todo el Faulkner que encuentres y luego lee todo lo de Hemingway para limpiar de Faulkner tu manera de escribir".

Cuando se escucha que el consejo compartido es leer a los más grandes de la Historia de la literatura, la cuestión se complica, porque sus obras generan tal admiración que uno queda perplejo. ¿Será posible aprender en estado de absoluto asombro? ¿No será, acaso, más prudente comenzar a aprender leyendo a los correctos, luego a las buenos, más tarde a los muy buenos y reservar la lectura de los geniales antes para el puro goce que para la pedagogía?

"Los escritores que pueden enseñar las pequeñas técnicas o trampas literarias son escritores menores, no los grandes escritores –responde Castillo–. Nadie puede imitar la técnica de Tolstoi, porque él no la tenía; era sencillamente un hombre genial. ¿Cómo se hace para escribir como Dostoievski? Recuerdo que mi encuentro con la literatura fue El lobo estepario, de Hermann Hesse, y que yo quería escribir un libro como ése. Más aún, quería escribir de nuevo El lobo estepario. Eso ocurre cuando uno empieza a escribir. Después, uno comprende que nadie salvo Tolstoi podrá llegar al nivel de Guerra y paz, pero también descubre que uno puede decir sus cosas."

Liliana Heker descarta que el estado de asombro sea un impedimento para el aprendizaje: "Nunca hay que perder esa alegría de leer, ese sentido de la aventura que implica el hecho de leer para deslumbrarse, la sensación de estar sumergido en un libro y no querer salir de él. Ése es el acto primordial de la lectura y lo mejor es no perder ese estado de inocencia. Pero uno también puede aprender a descubrir de qué está hecho eso que a uno lo ha deslumbrado".

–¿Podría dar un ejemplo concreto?
–Sí, la construcción de los diálogos. En general, los principiantes dialogan mal en literatura. Creen que el diálogo es algo prolijo, en el que alguien expone y el otro contesta. Pero la gente no dialoga así, la gente dice lo que no quiere decir, reitera frases, tiene asociaciones libres, a veces niega con los gestos lo que dice con las palabras. En literatura, los personajes dialogan y la historia ocurre debajo del diálogo.

–¿Qué autor recomienda leer para aprender a escribir diálogos?
–Salinger. Lo deslumbrante de sus textos es que debajo de los diálogos que no son explícitos, uno descubre la complejidad de los personajes. "Un día perfecto para el pez banana" es un excelente ejemplo. Si te explican por qué ese texto es deslumbrante, no sólo vas a seguir deslumbrándote y leyéndolo cien veces sin saber jamás qué le pasa a Seymour Glass sino que también vas a aprender cómo un gesto mínimo puede revelar más sobre un personaje que una larga descripción. "Corte de pelo", de Ring Lardner, deslumbra pero también es útil para aprender a trabajar el tiempo y el lenguaje coloquial en un cuento. Ring Lardner presenta a un peluquero que le cuenta al extraño que llegó al pueblo lo divertido que es todo allí. Lo dice con un lenguaje de peluquero que no tiene ninguna pretensión literaria, pero debajo de su discurso acerca de lo divertido que es el pueblo, uno descubre una historia atroz. Este tipo de observaciones se pueden comunicar en un taller.


Escribir para ganar concursos

El mercado editorial tiene leyes no escritas. Entre otras, la que dice que el talento literario no garantiza la publicación. A los escritores inéditos los concursos se les antojan un camino difícil, pero camino al fin, para llegar a publicar y conseguir cierta notoriedad. ¿A cuántos de los que asisten a los talleres los moverá el puro deseo de escribir buenas historias y a cuántos otros la ambición de ganar un concurso?

–Cuando doy un taller, los editores y los concursos no me interesan porque a mi criterio, eso no es escribir –responde Castillo–. Lo que alguien puede aprender (ya no en un taller sino en los libros que lee y en la vida) es a contar aquello que quiere contar. A traducir en una forma poética, sea una novela, un cuento, un drama o un poema, lo que tiene para decir del mundo o lo que ve del mundo. Eso se puede aprender al lado de un escritor o en los libros que uno lee; y sobre todo, de los propios errores.

–¿Qué opinión le merecen los concursos?
–No me interesan en absoluto. Yo entré a la literatura ganando un concurso con El otro Judas, pero yo no escribía para ganar concursos. Yo escribí mi obra de teatro solo, en mi casa y por la necesidad de escribirla. No creo que el destino de un escritor sea ganar un concurso y ni siquiera editar. Hay grandes escritores para quienes la edición de sus obras es secundaria. Por ejemplo, Emily Dickinson –sin duda, la poeta lírica más grande de Norteamérica, una de las más grandes de su lengua y tal vez una de las más grandes del mundo– creía que editar era algo que no pertenecía a la literatura. Y está el caso de Kafka: si no hubiera sido por Max Brod apenas conoceríamos de él un librito de cien páginas con sus pequeños poemas en prosa, que son obras menores comparadas con El castillo, El proceso o La metamorfosis. Su obra la conocemos porque Max Brod la conservó. Y hay un ejemplo aún más poderoso: Virgilio. Virgilio quería quemar La Eneida porque la consideraba imperfecta. En el ánimo de un escritor de verdad no siempre está la necesidad de publicar o de ser conocido. La necesidad que experimenta un escritor es la de escribir eso que quiere escribir, de darle forma a aquello que conforma su mundo imaginario. Y si lo escrito no está de acuerdo con su mundo imaginario, algunos escritores prefieren renunciar a su obra a que ésta se conozca imperfecta; ése era el sentimiento de Virgilio.

–¿Existen todavía escritores capaces de tamaña renuncia?
–Tal vez estés en presencia de uno de ellos: yo prefiero quemar una obra a mandarla a imprimir imperfecta. He tardado treinta años en escribir una novela. A los que vienen a mi taller trato de explicarles lo que es la literatura en su sentido esencial. Y no acepto a alguien que me plantea que quiere publicar o ganar un concurso. Tu pregunta no es ingenua, porque cada vez que alguien vinculado a mis talleres gana un concurso, como fue el caso de Paola Kaufmann, empiezan a llamar personas que dicen estar interesadas en venir a mi taller pero lo que en verdad quieren es ver si les pasa lo mismo que a esa escritora que ganó ese concurso. Esa gente no me interesa. Paola Kaufmann, fallecida en 2006, a la edad de 37 años, era bióloga y se empezó a dedicar con ahínco a la literatura a partir de su ingreso en un taller de Abelardo Castillo, en 1995. En 2002, obtuvo el premio del Fondo Nacional de las Artes por su libro de cuentos El campo de golf del diablo . Un año más tarde, ganó el de Casa de las Américas, por la novela La hermana. Y en 2005, El lago le valió el Premio Planeta de Novela.

Guillermo Saccomano es blanco de una humorada que circula en el ambiente literario: "Si querés ganar el Premio Clarín, anotate en el taller de Saccomano". El chiste viene a cuento de lo ocurrido con dos de sus alumnas: Ángela Pradelli ganó dicho certamen con El lugar del padre, en 2004, y Claudia Piñeiro, en 2005, con Las viudas de los jueves. Saccomano se ríe cuando se le pregunta qué hay de cierto en la broma y señala que antes de obtener el Premio Clarín, ambas habían demostrado su talento literario y que incluso, se habían destacado en otros concursos. De hecho, Piñeiro había sido finalista de "La sonrisa vertical" de Tusquets, en 1991, y del Premio Planeta, en 2003. En cuanto a Pradelli, antes de obtener el galardón de Clarín había publicado dos novelas: Las cosas ocultas y Amigas mías, que recibió el premio Emecé 2002.

Alicia Steimberg escribió con intención literaria desde los 18 años pero recién se atrevió a publicar su primer libro, Músicos y relojeros, a los 38, después de que la obra resultó finalista de los concursos Barral, Barcelona y Monte Ávila, Caracas. ¿Cómo aprendió a escribir durante esos veinte años? "Escribiendo y leyendo, como se ha aprendido desde los comienzos de la narrativa", responde la autora de Aprender a escribir, quien lleva dos décadas dirigiendo talleres, convencida de que "no se puede enseñar a escribir pero sí a que la escritura mejore". Ganadora del Premio Planeta Biblioteca del Sur con Cuando digo Magdalena, finalista en el concurso Barral, Barcelona con La loca 101 y finalista única en "La sonrisa vertical" con Amatista, alienta a sus alumnos a presentarse a los certámenes. "Y les aconsejo no pagar jamás por la publicación de un libro –agrega– porque eso es como comprarse una casita de juguete y decir: ‘Ésta es mi casa propia’’’.

-¿Es la literatura un don divino?
-A fuerza de escuchar escritores que cuestionan la posibilidad de enseñar a escribir, el sentido común no resiste a la tentación de las preguntas elementales: si se puede enseñar música, escultura, pintura o ballet, ¿por qué no se puede enseñar a escribir?; ¿quién y por qué decidió que aquellas artes admiten una transmisión pedagógica mientras que la literatura es una suerte de don divino que se les concede a unos y se les niega a otros según las veleidades del destino o la genética? Abelardo Castillo ofrece una explicación.

La diferencia reside en la importancia que tiene la técnica en cada uno de esos casos. Para bailar, necesitás un profundo conocimiento de la técnica y de tu cuerpo. Eso se aprende de un maestro que quizás ya no baila y que tal vez nunca bailó bien, pero que es capaz de enseñarte a poner el cuerpo, a respirar, a moverte. En la pintura, la técnica también es fundamental: tenés que saber mezclar los colores, conocer qué es la perspectiva, manejar nociones de volumen. Alguien te tiene que explicar todo eso. De allí que los talleres o academias de pintura tengan un sentido mucho más preciso y visible que el taller literario, porque en literatura, la técnica pasa a segundo término. No es con técnica como se escribe Guerra y paz. Hay escritores que ni siquiera sabían lo que era la literatura y, sin embargo, han escrito grandes libros.

–Pero es difícil aceptar que la capacidad de imaginar buenas historias y escribirlas bien sea genética. ¿Cómo hicieron aquellos escritores?
–No sé cómo, pero lo hicieron. Benjamin Constant es un buen ejemplo. Era político, no tenía una relación directa con la literatura aunque sí con la cultura. En cierta ocasión, alguien dijo en su presencia que era muy difícil escribir una novela con solamente dos personajes porque resultaría intolerable. "Yo puedo hacerla", lo desafió Constant. Y escribió Adolfo, una obra fundamental de la literatura francesa. Borges era un escritor natural desde los 6 o 7 años. ¿Como aprendió a escribir cuentos? Leyendo los cuentos de los otros. ¿Y por qué no escribió novelas? Porque no pudo; si no, las habría escrito. Tan poca importancia tiene la técnica en la literatura que la técnica de la novela, si es una gran novela, corresponde al novelista que la escribe. No hay una novela arquetípica. Si el Quijote es una novela, el Ulyses, de Joyce, no es una novela. Si Cuarteto de Alejandría , de Lawrence Durrell, es una novela, entonces, las de En busca del tiempo perdido, de Proust, no son novelas. Por lo tanto, ¿qué es una novela? Una novela es un género que inventa cada gran novelista cuando escribe una novela, basándose en su propia intención, en sus propias posibilidades y en su propia técnica ¿Quién le enseñó la técnica de la novela a Joyce? Nadie.

La historia de la literatura le da la razón a Castillo: hay talentos que no precisan de los talleres ni las universidades. A Faulkner, le bastó el antojo de llevar una vida relajada para convertirse en escritor. Sucedió en Nueva Orleáns, mientras ganaba el pan haciendo changas: pintaba casas, timoneaba embarcaciones o piloteaba aviones. Por las tardes, veía a Sherwood Anderson paseándose tranquilamente por las calles. A la noche, se sentaba a beber con él y a escucharlo. Pero la vida matinal de Sherwood era un enigma para Faulkner: por mucho que lo buscara, no conseguía encontrarlo jamás. ¿Dónde estaba Sherwood? Encerrado, trabajando. "Decidí que si ésa era la vida de un escritor, lo mío era convertirme en escritor", contó Faulkner. Dicho y hecho: se encerró y en tres semanas, terminó su primer libro, La paga del soldado. Pensó que su vecino podría echarle una mano para que alguien se interesara en publicarlo. Anderson le propuso un trato irrechazable: "Si no estoy obligado a leer tu manuscrito, le diré a mi editor que lo acepte".

Paul Bowles fue un niño solitario al que en vez de juguetes, le regalaban "cosas constructivas", según dijo. Entre otras, unos bloques de madera que llevan grabadas las letras del abecedario. Con ellos aprendió a leer, a los tres años. Y fue así, con cierto ánimo lúdico y en estado de gracia, como se forjó un destino de escritor. "A los dieciséis, ya escribía poesía surrealista. Leía André Breton, que explicaba cómo hacerlo, y así aprendía a escribir sin ser consciente de lo que estaba haciendo", le dijo a Jeffrey Bailey en la entrevista publicada en Paris Review. "Aprendí cómo lograr que lo que escribía fuera gramaticalmente correcto y que tuviera incluso cierto estilo sin la menor idea de lo que estaba escribiendo –confesó–. Una parte de mi mente escribía y Dios sabe lo que estaba haciendo la otra parte. Supongo que estaba excavando en el subconsciente, dragando limo. No sé cómo funcionan esas cosas, y no quiero saberlo".

En un territorio teñido de subjetividades, la pregunta del millón es quién y con qué criterio decide que alguien es escritor. "Él mismo –responde, sin dudarlo, Abelardo Castillo–. En algún momento de su vida, siente que es escritor. Yo sentí que era escritor la primera vez que me compré una libretita y anoté palabras." Lo dice y enseguida, vuelve sobre sus pasos: "La verdad es que la primera vez que me sentí escritor fue en una Feria del Libro, cuando ya tenía más de cincuenta años y ya había escrito mis obras más conocidas, incluso El que tiene sed, que para algunos es mi mejor novela".

–¿Qué sucedió en aquella Feria del Libro que lo hizo sentirse escritor?
–Lo recuerdo muy bien. En el stand de Galerna, veo a un chico que está robando un libro. Yo me pongo a hablar con Levín [N de la R: Hugo Levín, dueño del grupo Galerna] para distraerlo a fin de que el chico robe tranquilo. Lo que robó fue un libro mío. Entonces, me sentí escritor. Te sentís escritor vos mismo, por una decisión tuya en cualquier momento. De pronto has tenido un gran amor, se te ha ido o te has ido, estás deshecho del dolor y de repente, pensás: "¡Qué historia es ésta! Me parece que está para escribirla". En ese momento, decís: soy escritor. No soy un enamorado, porque el enamorado se mata o sale corriendo a buscar a la persona amada. El tipo que al perder un gran amor piensa "Qué tema para un cuento o para una novela", ése es un escritor.

Articulo:
http://adncultura.lanacion.com.ar 29/11/2008

Con-fabulación nº67/ Enrique RODRIGUEZ PÉREZ: La lógica de la destrucción


Con-fabulación nº67
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La lógica de la destrucción
Por Enrique Rodríguez Pérez *

Las palabras se han vuelto planas. Se oyen, se siguen. El discurso dominante arrecia contra el pensamiento crítico. Avanza como un arma invisible. Desplaza, excluye, dispara. Como no causa la muerte, produce moribundos. Ideas muertas que se repiten, que aprueban todo. El rey vence porque manipula la acción, la palabra. Hace parecer legal lo ilegal e ilegal lo legal. Confunde mediante un discurso que aparentemente es objetivo y nada ambiguo, pero es lo más ambiguo que se ha elaborado porque es el discurso de la doble moral. Encarcelamos al paramilitar, al parapolítico, narcotraficante, al guerrillero, al delincuente, al estafador. La sociedad se está limpiando. Pero queda el bueno, el honesto gobernando, maquillado en la máscara del "yo soy la verdad", de Platón. Hace creer que hace justicia, pero derrumba la justicia por todos los medios. Usa lo ilegal para demoler lo legal, vehiculado por la comunicación de los medios y los estereotipos.

EL lenguaje se achica, sólo presenta una mirada, una versión. Todo se ha vuelto periodístico. Se ha llegado a la realización del proyecto moderno racionalista de un modo simple. Todo ordenado bajo una mirada que cree tener el poder de decirlo y solucionarlo todo. Y pobre de aquel que refute los argumentos. Sin embargo, al ver por atrás del discurso, no hay argumentos y cuando se enfrenta a sus contradictores, exige argumentos y no consignas. Pero el rey esboza consignas, repite consignas para que el pueblo, en su ingenuidad lingüística, las convierta en actitudes de seguidor incondicional. Y surgen estos juegos de palabras: falso positivo, libérenlos ya, no más…, pirámide, yidis política, parapolítica, operación jaque, marcha violenta, y sobre todo seguridad democrática (porque está tan mal que toca asegurarla, pero queda peor), terrorista el otro. ¡Qué metáforas del contrasentido!

El lenguaje lineal y finalista desarma el pensamiento poético, el movimiento creador. Como un gendarme modela la palabra como repetición. Ilustra de una única forma, reprime sutilmente (que es lo más peligroso e insano) la toma de posición que refuta o está en desacuerdo. Como una pantalla de televisión se ve el país, achicado, modelado. Sólo la verdad está en un lado; en el otro, equivocación, resentimiento, populismo. Sin dejar ver que en ese discurso pantallero lo que se exacerba es, precisamente, la incoherencia, el populismo, el miedo. El cristiano recalcitrante se pone la ruana, el sombrero costeño, el bastón del indígena y pega y violenta y ruge. El rey se ha multiplicado, se entalla, se pavonea como un gallo de pelea. El gobernador se autodefine honesto y el eco de la masa lo repite. Todos se vuelven emperadores de la fantasía, sin saberlo.

El discurso vuelve a repetirse, a confundirse con el discurso del emperador. ¿Y dónde está el lenguaje como signo, como significación? ¿Y qué pasa con el poema que diluye lo plano, que hace crestas, que problematiza, que produce duplicidades abiertas? ¿Dónde se junta la metáfora y la ética, la poesía y la política?


Pensamiento que se consume de muerto

La palabra aplanada destruye el pensamiento. Y éste no reacciona porque se hunde en el mito de la masa. El pensamiento mecánico se vuelve consigna repetida aquí y allá. Eslogan dicho infinitas veces. Modelo planificado para que se quede en la memoria. Y se queda como engaño que causa bienestar y progreso, rectitud y salud democrática.

Pero este terrible juego de la apariencia oculta el desastre, la decadencia de la razón que proclama la libertad individual, el dominio de la naturaleza, la colonización de las dimensiones vitales, el poder de lo bueno y de lo bello, la pasividad del sujeto, la alienación económica.

Pensamiento caído, desterrado, en decadencia. Incapaz de la duda, de lo incierto, de lo móvil. Sin energía para pensar el infinito, la multiplicidad, la simultaneidad, lo diverso. Pensamiento instrumental que se afianza en la fuerza del poder que esconde una debilidad atropellante.

Aquí el pensador queda cercenado en su cabeza, queda con pies y manos para trabajar mil veces tres. Dominado por la jerga de la libertad y la seguridad. Libertad y seguridad para unos, los más fuertes; sumisión e inseguridad para los débiles. Tanto que tienen que comprar seguros para todo, para ver si pueden sobrevivir. Compran a crédito los seguros que venden los demócratas, los ilusionantes, los modeladores de la falsa apertura, de la máscara de la dicha.

El pensador "antidemócrata" es expulsado. Siempre condenado a callarse, a someterse. Sin embargo, aún resurge de la carne, del sufrimiento creador, del talle de lo que no renuncia a la rebelión. Se hace poeta, profiere la palabra que lacera, que retumba en el mármol para partirlo, que ondea sobre las cabezas dormidas como un logos irreverente. El pensador poetiza para desarmar la máscara y para reconocerse enmascarable, así se hace auténtico, divisible, diferente, de carne y hueso. Ajeno al modelo, no moldeable pero inventor de la pluralidad.


Estética de la imagen y la masa

La estética de la vida moderna aplanada. Estética de la vida colombiana. Se teje la imagen desde la imagen. Se logra una perfección simbólica que parece ser auténtica, pero al verla por detrás sólo guarda podredumbre, deshonestidad, manipulación, juego violento. Imagen que se construye sobre la guerra para construir la paz, sangrienta forma de antipatía, siniestra mano que tiene rostro casi noble, bonachón. Amabilidad horadante y repulsiva. Calidez y ternura que guarda odio y demencia.

Estética de uno y otro bando, tan igual que duerme y enarbola el mismo odio, las mismas armas. Juego de imágenes de aquí y allá. Pero el terror se disfraza de convivencia para ir asesinando desde la sombra. Cada página de periódico, cada comercial de televisión, cada noticiero, cada idea política es la multiplicación de esa violencia soterrada que predica confianza. Como está tan bien lograda, perfectamente construida, convence. Pero ¿qué diferencia habría entre los dos bandos, entre la derecha y la izquierda, entre el arriba y el abajo. Si están el uno y el otro actuando de la misma forma, jugando con las mismas imágenes y procedimientos. ¿Qué diferencia hay entre la imagen del carriel y la toalla, entre la gorra y la escopeta, entre la bota de caucho y la bota de cuero? ¿Entre la corbata y el fusil?

El mecanismo se diluye en las mentes como agua impura, como lluvia bebible. ¿Dónde acampar de este temporal de las visiones, de los signos incompletos?


Política del deterioro

Bajo esta ruina de país, en su apariencia de medianía; fluye una corriente que se fragua en la desconfianza, la sospecha, el cansancio. Sin embargo, aún hay mucha quietud, pero amanecen los indígenas en la Universidad Nacional, como una señal de que nada anda bien. Sin ser escuchados por el imperio caricaturesco criollo, regresan a sus tierras. ¿Qué se espera de un país que no admite las razones de sus propias raíces?

De inmediato, con un misterio no misterioso se gesta el escándalo de las pirámides, para borrar la otra protesta. ¿Pero acaso, el sistema financiero de nuestro país, no es una pirámide invertida? Y a ellos no los arrestan, pero empobrecen a los pobres y a los de clase media con sus mecanismos de tarjetas y cobros e intereses. ¿Pero el sistema cómo va a dejar que lo supuestamente ilegal invada y ponga en quiebra los bancos? Esto pone en entredicho todas las liquidaciones y los controles para parecer buenos, relativiza las capturas, hace sospechar de la justicia que se busca.

Poco a poco se va borrando el fenómeno de la parapolítica. Hay superposiciones mediáticas que lo logran: los premios de Juanes, los partidos, las marchas que enmascaran intereses oficialistas con el eco en la masa, las operaciones jaque (efecto cinematográfico del engaño). El país sigue en manos de todas estas parapolíticas parafinancieras. Ahora se engaña para liberar secuestrados y se piden recompensas: ¿Acaso nos son formas del secuestro al revés? Lo que cuenta es el comercio con la gente.

Y quién inició esta guerra. ¿La guerrilla apareció por arte de magia? ¿Sólo en estos actores hay deterioro moral y decadencia violenta? ¿Qué es más violento que la pobreza, las detenciones de líderes sociales, los desplazamientos causados por todos los bandos, los gases lacrimógenos, los falsos positivos, el enriquecimiento de los ricos?

Finalmente, ¿habrá oportunidad para consolidar otra forma distinta de pensar, que se distancie de estas lógicas ambiguas? ¿Acaso la poesía, las artes, la cultura, la política vinculada con la ética, no impulsan a la acción, a la transformación del pensamiento? ¿Y en las escuelas, dónde está la poesía, dónde el arte? Por eso, hay un reto, romper estas apariencias cómodas de bienestar, gestar un pensamiento creador que se rebele contra estos imperios diminutos y sutiles que nos envuelven como araña sangrante.

* Poeta y catedrático de la Universidad Nacional de Colombia

***
Conjuro Capital

Nicolás Suescún (Bogotá, 1937) Poeta, narrador y artista gráfico, ha publicado los libros de poesía, La vida es, 3 AM, La voz de nadie, Bag-Bag y Empezar en cero; y los de cuentos, El retorno a casa, El último escalón, El extraño y otros cuentos y Oniromanía. Además, la antología Trece cuentos colombianos y la antinovela ilustrada, Los cuadernos de N. Ha hecho las traducciones de Una temporada en el infierno, Iluminaciones y El barco ebrio; Poesía escogida de W.B. Yeats; Una sombra verde bajo un verde pensar; poemas de Andrew Marvell y Los jinetes negros de Stephen Crane. Entre sus traducciones de prosa se encuentran: Dies novelas y sus autores de Somerset Maugham, Madame Bovary de Flaubert, Aceite de perro y otros cuentos macabros de Ambrose Bierce, Los periodistas literarios de Norman Sims, Seraphita de Balzac, Timón de Atenas de Shakespeare, Colombia antes de la Independencia de Anthony McFarlane, Repúblicas en armas de Clément Thibaut, y El río de Wade Davis. Ha hecho numerosas traducciones al español del inglés y del francés, y de poetas de muchos países para las Memorias del Festival Internacional de Poesía de Medellín y para la página http//
poetryinternational.org


Máquina del tiempo
Por Nicolás Suescún

Ha perdido sus manos el reloj
y el hombre marca el tiempo con las suyas,
siempre girando sobre su propio eje,
ruidoso viajero del espacio,
ese vasto silencio
que no rompen ni su voz ni sus gritos
o su neurótico paso por la tierra,
si ingratitud de hijo pródigo que jamás retorna,
hasta que suene la hora de su muerte,
a la gran Madre Tierra que le dio la vida.

Ha perdido sus manos el reloj
y el hombre marca el tiempo con las suyas.


Juan Sebastián Gaviria (Bogotá en 1980). Viajero y Poeta. Desde 1999 está trabajando en un único libro, el cual ha sido publicado dos veces en distintas etapas: por Común Presencia Editores en 2004 bajo el título Inti Manic y por el Colectivo ExTinta en 2006, bajo el título Música Mecánica. Su obra abarca poemas escritos durante un viaje de cuatro años por Suramérica y durante su trayecto en motocicleta (Bogotá- Alaska, Alaska-Bogotá), así como escritos realizados durante temporadas de cautiverio. Actualmente planea su próximo viaje y continúa trabajando en su poemario único.


13
Por Juan Sebastián Gaviria

El sol grababa el camino en tus ojos
cada vez que te encandila.
Congelamos en el tiempo las transfusiones
de sangre –puede que estemos propagando
lo que queremos apagar. Lo que implica tocarte.
Lo que implica pensar en tocarte. Y no tengo
ningún problema con que mi ultima palabra
sea tu nombre.


Omar Martínez Ortiz (Bogotá, 1963). Su labor literaria comprende 8 libros publicados y su participación en diferentes proyectos y actividades literarias, como la Fundaciòn Común Presencia y el desarrollo de una propuesta como es el Laberinto Cultural. Su obra aborda diferentes temática urbanas y humanas a través de la poesía, el cuento, la novela y el ensayo. Autor de: Cantos de Pandora (Mago Ediciones 1996); Fantasmas en ayuno (Mago Ediciones, 1997); Opción invisible (Ediciones El Paso, 1997); Ejercicios para una sombra (Ediciones El Paso, 1998); Cuentos de lo Inefable (Ediciones El Paso, 2003); el libro de ensayos sobre literatura: Textos Alternos (Ediciones El Paso, 2003); Disolución de la Ola (Ediciones El Paso, 2003) y Voces en desorden (Ediciones El Paso, 2003).


El trapecio de la sangre
Por Omar Martínez Ortiz

Frente a las cenizas del último espejo
un alucinado
Cazador solitario
propicia los cielos efímeros
imagina un parto de hadas

(Descender
Herirse con el anuncio del rayo
Horizonte corroído por un peso:
Las imágenes devastadoras
la cercanía del edén
en cada una de las penélopes del infinito
alimentando la hiedra del recuerdo...)

Y aunque habite en el centro del sol
no sabe si las heridas devuelven el corazón

Salto abierto a lo inmóvil
Llama escindida en el agua.


John Fitzgerald Torres (Bogotá, 1964). Magister en literatura. Ha publicado los libros de poesía: La camisa en llamas (1987), En el centro de la hoguera (1990), Palabras de más (1998), Orsai (2002), Alguien creerá que esto es la poesía (2002), además de haber publicado sus textos en antologías, y escrito artículos y cuentos para varios medios nacionales e internacionales.


El sol ausente
Por John Fitzgerald Torres

1.
Algo se ufana en torno suyo,
Radiante:

Una arboleda agreste en la fragancia,
La tersura del cuello almidonado,
El sólido turquí del traje;

La lozanía de una noche apacible
gravitando como nube en los hombros

Y el sol de la mañana enternecido
Con la testa altiva y engominada
Al entrar al edificio,

Elegante
e impecable hacia la muerte.

Los libros de cuentos y poemas de autores bogotanos bautizado Conjuro Capital, proyecto editorial de Común Presencia con el apoyo de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, serán presentados a mediados de diciembre.

***
André Breton
CONFABULADOR CLÁSICO

Surrealista, romántico, anarquista, sacerdote, dócil, inclemente, dulce y fiero, enamorado, promulgador del escándalo, propulsor del anatema, freudiano, anti-freudiano, trostkista, sensualista, místico, mítico, terrorista... todo esto fue André Bretón, el Papa del Surrealismo, y alguien que con sus obras -Nadja, Los Manifiestos, El Amor loco, Los Vasos comunicantes, la Inmaculada Concepción, etc…-intentó poner en entredicho el aparato racional de Occidente. Nacido en 1896 y muerto en 1966, su legado aún cabalga por el mundo. Entre sus amores estuvo Alphonsine Donathiel Marqués de sade, el escritor que en el siglo XVIII creó una teología contra el amor y un fresco brutal sobre la finitud y la caída del cuerpo.

EL MARQUÉS DE SADE

El marqués de Sade ha vuelto a entrar en el volcán en erupción
De donde había salido
Con sus hermosas manos todavía ornadas de flecos
Sus ojos de doncella
Y ese permanente razonamiento de sálvese quien pueda
Tan exclusivamente suyo
Pero desde el salón fosforescente iluminado por lámparas de entrañas
Nunca ha cesado de lanzar las órdenes misteriosas
Que abren una brecha en la noche moral
Por esa brecha veo
Las grandes sombras crujientes la vieja corteza gastada
Que se desvanecen
Para permitirme amarte
Como el primer hombre amó a la primera mujer
Con toda libertad
Esa libertad
Por la cual el fuego mismo ha llegado a ser hombre
Por la cual el marqués de Sade desafió a los siglos con sus grandes árboles abstractos
Y acróbatas trágicos
Aferrados al hilo de la Virgen del deseo




Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...