jeudi 28 décembre 2006

Salomón VALDERRAMA CRUZ/Bajo el mar



Salomón Valderrama Cruz nace en abril de 1979 en Chilia, Departamento de La Libertad (Perú). Realizó estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Universidad Nacional Federico Villarreal. Aparece su primer libro de poemas Encrucijada el año 2002 y, en el 2003, Anemómetro. Ha sido publicado en revistas y otros medios de difusión literaria de Perú, Argentina, Chile, Brasil, Venezuela, Colombia, Estados Unidos, México, El Salvador, España, Puerto Rico, Francia, Canadá y Alemania. Ha sido antologado en Generación del 2000?: Muestra de Poesía Joven (Círculo Abierto Editores, Lima, 2006.) Está por publicar los libros, Facción de imperdido al arte y Amórfor.
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E-mail:
facciondeimperdidoalarte@yahoo.com


Bajo el mar
Por Salomón Valderrama Cruz

Existir sin sentido y en el mundo perdido
la frugalidad de un tiempo vivido
en la soledad incomprendida
me compaña y me acompaña

En la vida sin motivo
en la vida sin sentido pero en la vida de un océano
de un océano escondido
un mar me reconstruye me instruye y me destruye

En el vaivén de un olvido me destruye
en la armonía de un tiempo escondido me envuelve
y en sus aguas yo me baño
como artista depravado

Siempre rebelde ante el océano
siempre renuente ante la muerte
de un mar que no es mío de un mar que no es de nadie
que está pero que estanca que acompaña pero que pierde

En una vida infinitamente corta
en una vida infinitamente nada
el hombre se vuelve olvido
el hombre se vuelve nada

Y bajo el mar se busca
se pierde y se encuentra
su vorágine se extingue y se anula
ante la arbitrariedad que es y es el mar

Al navegar con los ojos vetados
sin-conocer sin-conocerse bajo el sol sobre la tierra
sin-brújula sin-astrolabio
solo navegar en la barca cavada en la tierra

Por los que en silente silencio te quisieron
mucho antes que se anastomosaran las charcas
sobre tu olvido habrá siempre alguien que te piense
al divisar su estrella preferida en el camino

Recorriendo si es posible todo el océano
por localizar las huellas lo estimado
más allá de los linderos en la mente
alguna vez pensando navegando el océano

Para dejar de ser pequeño en apariencia
dejando la resquebrajadura indeleble
el que alguna vez existió bajo el mar en la arbitrariedad
al ser exhumado por las bravías aguas

Por no haber sido arquetipo de tu padre de tu madre
como las charcas los ríos y lagunas
ante la monstruosidad de su destino fatal
ser la mutación final y acabar borrado en el mar

Sin ser-malo sin ser-bueno
sólo haber sido y ser bajo el mar
un hombre que nació que encontró que vivió que creó
que murió bajo el océano y que nunca se olvidó.


En el hueso costero de Lima, noviembre de 1999.
De ENCRUCIJADA
Salomón Valderrama Cruz

lundi 25 décembre 2006

Jorge ETCHEVERRY/La tradición cristiana de la Pascua


Jorge Etcheverry jorgee@magma.ca


La tradición cristiana de la Pascua
Por Jorge Etcheverry

despliega sus alas y cubre gran parte del hemisferio Occidental con la enorme sombra de sus alas que proyecta buenos deseos, sentimientos de ternura, compasión incluso digamos humanismo, y que brota de las míticas circunstancias de mi nacimiento. Algo hemos logrado, parece.
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Esta mi figura crucificada se ha convertido en uno de los hitos del amaestramiento del Animal Humano. No por nada me cansé de decirles que cada vez que hicieran el mal a alguien me iban a estar dando otro tragode vinagre a mí, me iban a estar añadiendo otra espina en la corona, me iban a estar hundiendo un poquito más los clavos en las palmas de las manos. A mi padre no le gustó mucho el asunto de mi venida al mundo, pero reconocía la necesidad de mandarme para acá a que arreglara un poco el negocio. Y era la única manera de:

1.- obligarlos a amarme;
2.- hacerlos que me identificaran con todos los otros seres humanos y así eliminar o mitigar el abuso o la crueldad (caso ideal que no creo llegue a producirse nunca, aunque me tengaque quedar aquí colgado por toda la eternidad). Los fulanos prefieren quedarse enredados en el simbolismo, beber mi sangre, comer mi carne, pero ahí se quedan, a la hora de los quiubos no tienen problema para andar metiéndole mano a las señoras de los amigos, a los cabros chicos, para tratar de aprovecharse de los demás, contándoles cuentos para quitarles sus cositas, a veces en nombre mío, sobre todo cuando tienen plata y manija. Enun momento me acuerdo que dije que no había caso que entraran los ricos en mi reino, (como Dios es mi papá es como si fuera mío), "Es más difícil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos", clarito dije, eché a correazos a los bolicheros del templo, les dije a mis cronistas que escribieran eso destacado, pero con el correr del tiempo esto se fue haciendo más y más chico hasta convertirse en un parrafito, porque estaban entrando en la religión personas con bastantes medios, políticos importantes, y había que suavizar un poco el mensaje. Imagínense que con el correr del tiempo incluso salieron algunos en Europa, creo, que decían que si a uno le iba bien en los negocios eran signo de la buena voluntad divina y después se iban a ir al cielo. Pero en fin, está también toda esa otra cosa del infierno, que es como el cuco para esos cabros chicos, otra vez una idea para que se portaran bien, parece que no resultó mucho tampoco, pese a que en las últimas décadas le pasé el sobre azul a Gabriel, aunque no lo había contratado yo sino mi padre, y le di el trabajo a un señor ruso, Pavlov. Lo que pasa es que parece que la gente no tiene mucha imaginación, o como que les falta dar el pasito que falta. Meexplico: cuando llega el momento de pasar del amor que me tienen a mí (dizque), que por otro lado se les despierta de puro verme sufrir, al amor al así llamado prójimo, ahí las cosas se hacen abstractas, el traspaso no se produce y se quedan dando vuelta en cosas de ritos, como esos canutos que vendían el curo cabelludo de los indios o comerciaban esclavos, para dar unos ejemplos, y después no tomaban café, o no se corrían la paja, claro,las cosas facilitas que no les tocaran el bolsillo. Le tengo bien dicho a Pedro que cuando se presenten a las Puertas del Cielo esos tipos y señoras, algunos incluso uniformados con ropa negra, me los mande derechito al infierno, por tontos o por vivos, con esto seres ni yo con mi sabiduría estoy muy seguro, para qué decir mi papá, que en lo que a ellos respecta yabotó la esponja y anda en otra.


Villancico del nacimiento de verdad
Por Jorge Etcheverry


Y fíjese señora
que los animales vinieron
y entibiaron al niño con su aliento
y la virgen lavaba su ropita
en la artesa

Y fíjese señora
que todos venían con regalos
desde los canales y las cuevas
desde las islas perdidas

El imbunche
Ivún = pequeño ser
y ché = persona
los orificios cosidos
y saltando
La Pincoya
Triste, de negro
El Caleuche
barca de arte
navegando entre nubes
con sus tripulantes
de cabeza vuelta hacia la espalda

Y el Colo Colo
animal dañino que nadie ha visto
Laucha sin cola
Que come solo y no convida
Marmosa Thylamis Elegans
refrescó la frente del niño
con gotas de saliva

Y Fíjense
Vinieron
Cada uno con su gracia
el Machucho
el Gallipán
el Piguchén
la Lampalagua
Y el niño se reía
del Trauco
que anda a saltos
la Huenauca
que anda a saltos
pero en una sola pierna

Y fíjense
que vinieron los cóndores
de la cumbre del mundo
con telas tejidas de cristal de nieve
Y las llamas
con vellones tejidos de su piel
por la gente del altiplano
Y el Choroy
-Loro de los canales-
trajo un abanico de plumas multicolores
(Hace calor de díaen la Judea)

Y la Llorona dejó de llorar
por las playas
Y el sol apareció más temprano
iluminando los canales
Porque nació el niño

Y fíjese señora
que se prendieron solos los fuegos
de la Tierra del Fuego
y los guanacos
todos cuello y ojos
salieron a mirar

Y fíjate niña
que un niñita como tú
una chilotita
pudo ver desde su isla
una nueva estrella
Porque nació el niño

Fíjense, así pasó
Como se los estoy contando.

mercredi 20 décembre 2006

Jorge BOUSOÑO GONZÁLEZ


Jorge BOUSOÑO GONZÁLEZ, nació en 1957 y reside en Guanabacoa, Ciudad de La Habana, Cuba. Graduado de Licenciatura en Cibernética Matemática en la Universidad de La Habana (1990). Sus textos poéticos aparecen en las antologías colectivas: "Letras Derramadas", Bianchi Editores / Uruguay - Ediciones Pilar / Brasil bajo el sello aBrace (2001); "Maestros Desconocidos de la Poesía Contemporánea Hispanoamericana - volumen I", The Refined Savage Editions / USA (2002); "Sensibilidades otoño-invierno", Alternativa Editorial / España (2002); "Anaconda", Editorial Poetas de América / Canadá (2003); "Como ángeles en llama", Editorial Maribelina bajo el sello de la Casa del Poeta Peruano / Perú (2004); "La cósmica vereda de un poema", Asociación Latinoamericana de Poetas - ASOLAPO / Ecuador (2004); "1ra antología histórica de poesía de la Academia Virtual Brasileira de las Letras", AVBL / Brasil (2004); "Letras del Desamor", Bianchi Editores / Uruguay - Ediciones Pilar / Brasil bajo el sello aBrace (2005); "Letras en Movimiento aBrace", Bianchi Editores / Uruguay - Ediciones Pilar / Brasil bajo el sello aBrace (2006). Además, varias de sus obras han sido publicadas en diversas revistas y sitios web de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, Honduras, Italia, México, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay, USA y Venezuela.

Representante de Cuba en el Movimiento Cultural aBrace, y Consul de Cuba en Poetas del Mundo.


e-mail:
jorbocu@yahoo.com

web's :
http://poiesologia.com/poesia.php
http://www.artepoetica.net/jorge_b.htm
http://www.ecognosco.com/ArteyLit/literatura.htm
http://www.poetasdelmundo.com/verInfo.asp?ID=773
http://poetas.com/poetas/bousono.shtml?category=19
http://www.granma.cubaweb.cu/cartas/articulo451.html
http://www.salvemosalateneo.com/web/artista2.php?ida=17
http://freeweb.supereva.com/archivocubano/bausono_01.html
http://www.islapoetica.com.mx/foro-palabra/jorge-bousono.htm
http://www.siporcuba.it/jbcindex.htm
http://perso.wanadoo.es/claustropoetico/boletin/primavera06/colaboran_en_este_numero.htm


¿SERÁN COSAS DEL OTOÑO?

El paso de octubre a noviembre
se hace reflexivo

amor, amor
pobre de ti
si sólo te trazan senderos entre nubes

te tildan de felicidad
esa promiscua señora
que cada cual se dibuja

tienes tantas piedras atravesadas
que puedes quedar muy solo
en tu avidez de deseos y sensaciones

nada

hay tanto amor abandonado
tanta felicidad letal
que muchos ven al amor en espejismos
y remota tras el horizonte
a su felicidad

de momento, yo
hago amaneceres plenos, con total entrega

ese es mi amor

la felicidad realmente
no siempre nos abraza
no siempre depende de nuestra piel.



VÍSPERA DE AUSENCIAS

Viento
hijo que abandona todo
y desaparece

voy a abrir puertas y ventanas
desprender todas las nostalgias colgadas del techo
sacudir las tristezas de encima de los muebles
para que partan junto contigo

cuotas de dolor
siempre quedan impregnadas
en alguna grieta de la pared

son cosas de recuerdo
son cosas de haber quedado.



INCOHERENTES TRAZOS DE LA LOCURA

delirio primogénito

Soledad traviesa
osas esconderme los destellos
y aderezos de este amanecer


delirio secundario

cuando un sueño termina
se lleva consigo las alas


delirio al tercio

el tiempo
amigo furtivo
impone sus intervalos a presencia

he de atrapar al instante entre las manos
apretarlo bien fuerte
para que no derrame su pasión


delirio cuarto

te quise
tanto como no había sido
así
como nunca volverá a ser


delirio quíntuple

allí estaré

de cresta en cresta
mar embravecido

al borde del magma
volcán erguido.


CARTA INCONCLUSA

Tal vez no hubo tiempo
para que la sinceridad se afianzara
ante el temor cotidiano
los habituales desprecios

conversaciones inconclusas
piezas por dejar en su correcto lugar
para que el manantial fluyera limpio
sin preocupaciones

nostalgia salvaje y carnal:
extraño en estos días que no claudican

llegue hasta ese lugar que te retiene
ahora
el eco de mi fe
de mis mejores deseos
las puertas abiertas

creo aun que sonará el teléfono
presiento y casi convencido
que me sorprenderá una carta

lo cierto es
que no dejo de pensar que estás
aquí.


EL CASCANUECES (PAS DE DEUX)

Los trazos del tiempo
marcan años en cada tronco

aletargada
la madurez se atraviesa en el camino:
acorta rienda a los instintos

y van
y vienen
desde esta altura
así se perciben las olas

tocar un sueño con las manos
siempre ha sido un alto reto
aunque no sea tan perfecto
como se había deseado

y como mismo se disipa la bruma
tienes que desvanecerte
porque ya es hora

al despertar
hay quien deja una herida
hay quien deja su huella

hay quien recupera su vida
hay quien vuelve a ser
la misma pieza del tablero.
.

Felipe CUSSEN/Antonio GAMONEDA


La poesía incandescente de Antonio Gamoneda
Por Felipe Cussen
.
La obra del poeta español, que acaba de ganar el Premio Cervantes, entreteje el pasado y el presente, los sentidos y la abstracción, en un dinamismo que lo acerca a la experiencia mística. A continuación, ofrecemos algunos poemas de sus libros

No sorprende que en un medio poético tan pobre (por autorreferente y conservador) como el español tuvieran que pasar varias décadas para que una voz original y potente como la de Antonio Gamoneda (1931) comenzara a ser escuchada. Fue sólo luego de Edad (1987), recopilación de su poesía editada en Cátedra gracias a los buenos oficios de Miguel Casado, cuando su obra poética comenzó a obtener el reconocimiento merecido y alcanzó una mejor distribución con Libro del frío (Siruela, 1992), Arden las pérdidas (Tusquets, 2003) y una nueva compilación, en Galaxia Gutenberg, Esta luz (2004). Tampoco sorprende que tras haber recibido hace meses el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y ahora el Cervantes, haya críticos peninsulares alegando que éste le fue otorgado sólo por ser coterráneo del leonés Zapatero. Y sorprende todavía menos que aquí en Chile casi no se encuentren sus libros, y que ni siquiera nos interese leerlo (menos aún a Francisco Pino, Juan Eduardo Cirlot, Carlos Edmundo de Ory, Eduardo Scala, José-Miguel Ullán, Olvido García y otros ilustres también desconocidos por la mayoría de los lectores ibéricos), pues ya nos bastan como lectura las fructíferas discusiones de tal o cual blog local en que todos postean orgullosos sus críticas a los libros que no han leído.

Esta dificultad de recepción, sin embargo, no nace exclusivamente de la desidia e ignorancia que habitualmente campean a uno y otro lado del charco cuando de poesía se trata. Tiene sus raíces, además, en las exigencias autoimpuestas por Gamoneda en virtud de una fidelidad a toda prueba con su oficio, que se evidencia notablemente en la continua reescritura a la que somete sus textos, incluidos los ya editados, como si nunca terminaran de decir lo que quiere decir. Pero la inasibilidad del significado no sólo es un efecto final, sino la condición propia de su creación, tal cual declara: "Yo no poseo mi pensamiento hasta que no me lo hace sensible/inteligible mi propia escritura, o, dicho de otra manera; sólo sé lo que digo cuando ya está dicho". Ese proceso sólo surge tras lentas incubaciones y responde, siguiendo al propio Gamoneda, a un impulso musical que va conduciendo las palabras en una monodia (como la llama Ildefonso Rodríguez) que lenta y sentenciosamente devela sus espacios de aridez.

Desde un comienzo habían sido notorias las diferencias de propósitos con sus coetáneos de la generación del 50, empeñados en una poesía de tinte social y comunicación directa con los lectores, y más aún con la llamada "poesía de la experiencia", que desde los años 80 ha acaparado el panorama español con fáciles clichés de sentimentalidad y cotidianidad. Para Gamoneda, esta última no rebasa los calificativos de banal o redundante al valerse del lenguaje en un plano simplemente informativo, que se queda corto a la hora de afrontar la descripción de una realidad más compleja, en la que lo visible se mezcla con la mentira y el olvido. Su lenguaje, en consecuencia, es producto del tejido entre pasado y presente, sensorialidad y abstracción, mediante emociones que encarnan atributos materiales ("El error pesa en nuestros párpados", "En dos alambres puse mi esperanza"). Miguel Casado lo considera el resultado de una fusión entre el plano interior y exterior: "por un lado, el mundo no parece existir ya sino detrás de los ojos; por otro, ese turbulento dinamismo interno se experimenta como alienación, como extrañamiento de sí, lo que somete sin posible resistencia".

Sabemos que esta confusión es propia de aquellos instantes de mayor concentración del sentido, cuando, según Bataille, el pensamiento es derrotado por el éxtasis y se descubre que "el sinsentido tiene más sentido que el sentido". En esa dirección ha guiado Gamoneda su trayectoria, que define simplemente como el relato de su tránsito hacia la muerte, intentando sostener el lenguaje hasta el punto de tensión en que se abandona al fuego y da paso a un nuevo tipo de conocimiento: "todo lenguaje, al alcanzar el estado de incandescencia, se revela como un cuerpo ininteligible", afirma Octavio Paz, y estos versos de Gamoneda parecerían corroborarlo: "Queda un placer: ardemos// en palabras incomprensibles". Esa lucidez enceguecedora a la que somos invitados se convierte en una experiencia muy similar a la que provoca El lamento de las imágenes , la instalación de Alfredo Jaar en la que después de caminar por pasillos oscuros, el espectador se enfrenta a una enorme pantalla de luz que amenaza con borrar sus pensamientos. Creo, entonces, que no podemos achacar la dificultad de esta poesía a un capricho, sino a la búsqueda de una participación más intensa, en la que el lector comparta el mismo anonadamiento del autor. Y una vez desaparecidos tras el umbral, las huellas de ambos se confundirán en un mismo testimonio desdibujado en la arena: "Este relato incomprensible es lo que queda de nosotros"

El Mercurio - Santiago de Chile

lundi 18 décembre 2006

Carlos ALMONTE/La mirada de un genio


La mirada de un genio
Por Carlos Almonte

Desde el frío cuarto del vecino, las hormigas caen lentamente traspasando el orificio hurgado con mis manos. La pared se ha restablecido. No hay escape, ya lo he comprobado. Entre un cuarto y otro su mirada se repite, y el recuerdo de sus labios blandos y calientes.

Con esfuerzo enciendo el cigarrillo que ahí se ve, eso que reposa tristemente entre mis labios. Permanezco inmóvil, como si en aquel acto destructivo me instalara entre su cuerpo de sureña larva cristalina. Sin embargo el ruido de nudillos en la puerta logra contraerme y me permite reflejar la transparencia.

Los demás orates en el patio cantan, bailan y enloquecen cada noche un poco más. Me pregunto si aquel humo viene de mi sexo tenso, o tal vez de un pensamiento, o una palabra.

Me revuelco, hiero y pinto con las uñas y la sangre mezclo en mi saliva y mi cabello. Dejo un signo negro como herencia, como altar enfermo, signo de su hálito y pisada.

Miro el vidrio roto y una mano que saluda hacia adelante.
Miro el rastro de la puerta hecha pedazos.
Miro una mirada obscena entre el polvo de ladrillos.

No saludo.
No controlo.
No la miro.

La energía se concentra en olvidar.




Andres BIANQUE/Un Nieto Flemático


andres bianque
andresbianque@hotmail.com
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Un nieto flemático
Por Andres Bianque

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Repentinamente Alguien lo toma de los hombros y le azota un grito jabonoso sobre su rostro
¡Viva Pinochet! Brama la voz anónima, y le queda mirando interrogante.
Entre fatigado, poco ganoso, y con voz de vieja diabólica, pero que apenas se puede los pies, grita también, Viva Pinochet.
Su voz es una mezcla entre uña arrastrada por tambor quemado y oveja enferma.
El que inquirió con el primer grito pone cara de acidez vitalicia, y entre choqueado y condescendiente, grita con voz disminuida, un pequeño, viva.
Y se escabulle por entre la multitud a paso raudo. Su cara es un péndulo. Oscila entre la tristeza y la exaltación.
El calor le diseña el trópico en las axilas, el sudor agrega efectos sonoros cada vez que mueve los brazos.
Está es la quinta vez que entona el himno nacional, todos saben como empieza, pero nadie sabe en que orden van las estrofas siguientes.
Los de voz de mando, arrean las demás voces bajo el estribillo de “Vuestros nombres valientes soldados”
Y la espuma les salta de la boca a todos, y se humedecen la pera con la lengua.
Hay una pausa entre los adherentes, el mastica sus planes, lentamente.
Tiene tiempo, ha estado en la fila que lleva hacia el ataúd de Pinochet por más de tres horas, sabe que le quedan por lo menos dos horas más.
Su rostro es un semáforo. Cambia desde el carmesí impotente y rabioso de sangre Marxista, va al verde militar marcial, magistral, magnifico, hasta el amarillo que se solapa entre los ricos.
Fija sus ojos en ese horizonte cercano, la puerta de entrada ya se divisa a lo lejos. Mueve su cabeza en signo afirmativo una y otra vez, lentamente, y los ojos se le salen de sus orbitas y giran en torno al planeta donde habita su brillante idea.
¡El que no salta es de Izquierda!
¡El que no salta es de Izquierda!
Grita la multitud, y el salta con cuidado tratando de no dejar caer la bolsa con ciruelas verdes y rojas que trae consigo.
Cuando se detiene el resorte de momios, derechistas, fascistas, gorilas y otras especies. Mete su mano disimuladamente dentro de la bolsa y palpa las ciruelas.
Están gorditas, blandas y calientitas.
Justo a punto para ser devoradas por un héroe anónimo.
La fila comienza a avanzar, le duelen los pies, la garganta le pica, ya ha cantado 26 veces la canción nacional y por supuesto ha tenido que gritar eufórico la parte de los valientes soldados ante la mirada inquisitiva de sus fortuitos acompañantes. Necesita ir al baño no sabe como llamar a los que están a su alrededor para que le cuiden el puesto mientras el va y vuelve.
¿Compañero?
No, suena muy de izquierda,
¿Camarada?
Menos, suena medio ruso.
¿Compadre?
Tampoco, suena muy confianzudo,
¿Amigo?
Menos.
¿Socio?
Eso sí, eso le gusta a los ricos, tener socios.
Socio, le dice a uno,
¿Me cuida el puesto y voy de una carrerita al baño?
Pero por supuesto, exclama una voz refinada.
Camino al baño, observa a un hombre que vende agua mineral en botellas. Están heladitas grita el obrero del comercio minoritario. Mientras atienden a otro cliente, otra ideota cruza su cabeza afiebrada.
¿Qué se le ofrece casero? Dice el vendedor ambulante. -Dame 8 botellas, le dice resuelto. El vendedor lo mira como con un poco de rareza. Después que le ha pasado las botellas, murmura a las espaldas de este.
¡La vidita que llevan estos ricos! Hola, ¿se acuerda de mi?
Claro, claro, adelante. Y el se vuelve a instalar en su puesto en la cola que conduce al cuerpo del general. Lo miran entre ojos al pobre. Alguien le comenta al oído a otro que está en las cercanías.
¡Putas el güeón cagao! Una bolsa llena de refrescos y no ser capaz de convidar una. No más de 300 metros lo separan del óbito militar. Coge una ciruela y la empieza a masticar lentamente, como una vaca muerta de aburrimiento. La sustancia viscosa se le adhiere a los dientes, a las encías y la lengua. Una jalea caliente le quema la boca y la garganta.
Abre una botella del agua mineral y se traga el líquido con bronca hasta terminar de un solo intento el medio litro de agua pomposa. Lleva comidas, ocho ciruelas verdes y dos rojas.
Le quedan cinco botellas en la bolsa. Sigue cantando, saltando y bramando al ritmo de la derecha. (Entendiendo cuantos importantes aportes musicales y artísticos la derecha ha entregado a la cultura del mundo)
Cien metros más y ya estará justo frente al capitán general. Cara a cara. Pero el pavor, la vergüenza y el miedo lo hacen presa.
Ha sufrido más que camarógrafo de película porno en ese ambiente. Lo abordan las preguntas.
¿Y si fallo?
¿Y si no alcanzo?
¿Y si me demoro mucho en bajarme los pantalones?
¿Y sí sólo me bajo el cierre del pantalón y es justo ahí donde me dejan caer toda su molestia?
(En las copas de los árboles ve sentada una multitud, a ratos lo miran y le sonríen).
Él también les sonríe suavemente.
Y el gesto arbóreo de esos que ya no están, de esos que unos pocos ven, le dan fuerzas en su vigilia. Piensa en esos peregrinos que ya han andado el camino de la muerte. En como fueron arrojados a la veda del camino como estorbos molestos.
Y camina sobre sus pasos perdidos, guiado por huellas que marcaron la historia.
Y mira con sus ojos la suave brisa que a ratos refresca el ambiente. Nadie sospecha de él, nadie intuye siquiera que pudiese haber entremedio de ese acuario de pirañas terrestres un espíritu movido por el hilo conductor entre el rescate de la memoria y el respeto presente y futuro de los que ya no están. Un ser humano dispuesto a ser lapidado en su justa búsqueda de justicia.)
Y le pide al mismo hombre de antes que le cuide el puesto mientras va al baño. Está vez si va, y deja caer las ciruelas en un tacho de basura.
Y deja caer el agua de las botellas sobre el pasto. Sentado en la taza del baño repasa sus planes. Las alternativas son pocas y todas peligrosas.
¿Qué hago? Se pregunta una y otra vez. No sí va a hacer algo. Eso lo tiene claro, lo que no tiene claro es qué. Sus reflexiones son interrumpidas por el estornudo estomacal producido por el elixir a base de ciruelas que se ha comido.
Y entre espasmo y exhalación interna, fija los ojos en un mamarracho pegado a la puerta del baño y ve todo más claro. ¡Eso!, eso es lo que tengo que hacer. Entre rápido y suertudo se hace de una taza de café.
Y enciende un cigarrillo y lo fuma de tres piteadas.
Y enciende el próximo con el mismo cigarrillo.
Y toma el café a sorbitos pequeños y fuma y fuma y fuma. Una voz inquisidora le dice que no fume tanto, que cuide su salud. ¡Lo necesitamos fuerte y sano amigo! Concluye la voz. El sonríe con esa sonrisa de hemorroide secreto que ha tenido toda la tarde.
Y murmura para sus adentros. ¿Desde cuándo te interesan las demás personas hijo de una gran puta?
Y vuelve a fumar.
Y chupa con bronca el tabaco hasta quemarlo en un santiamén.
Y se eleva una vez más el grito de:
¡El que no salta es de izquierda, El que no salta es de Izquierda!
Y él salta con una mano alzada y la otra aferrada a la garganta rascándose frenético. Como si le picara la planta del pie y estuviera con bototos de montaña plantado en algún bus repleto.
Y entre el calor, el manicomio itinerante que lo envuelve, el cigarro que le ara la tráquea ya ha atravesado la puerta de entrada y lentamente se ha situado hasta llegar a casi sólo un metro del ataúd del General.
Y una vieja arrendada para tales menesteres se echa a llorar casi sobre el delgado vidrio que separa al militar del gentío.
Y es su turno, por fin es su turno.
Y levanta las cejas como si fuese el ganador de algún loto codiciado, abre la boca grande, inhala todo el aire de la sala, echa la cabeza hacia atrás y el oxígeno tragado va buscando entre los alvéolos, celdillas y toda la inmensidad de los pulmones su paquete escondido. Las manos del aire inhalado arrancan una lapa mucosa adherida a las paredes de su espalda.
Y primero el pollo trota, después comienza a tomar vuelo y comienza a correr y volar con todas sus fuerzas gelatinosas hacia el blanco elegido. Una masa coloidal azota la ventanilla donde descansa Pinochet en su vehículo hacia el infierno. El ataúd tiembla hasta los cirios que lo adornan. Un escupo chicotea la cara de Augusto, el escupitajo queda maquillando el cofre como una cicatriz de humor verde, negro y su poquitito de ciruela venida del sauna de su pecho.
Y ahí mismo lo levantan de una patada en la raja. Una de las viejas contratadas le aforra su charchazo en pleno hocico. Él cubre su boca en un gesto innato. Le llega su palmetazo en la oreja. Su combo en plena cabeza.
Y se transforma en pulpo pugilístico, y él también empieza a repartir sin discriminar a nadie su manotazo y su patadita huacha a los que pretenden quemarlo, lapidarlo, desollarlo, desmembrarlo. La fuerza Militar intercede y le arrancan el conejo a un montón de lobos hambrientos.
Lo último que escucha es algo así como un “Muérete Comunista Conchetumadre! Mientras algunos militares se ponen la servilleta al cuello para hablar con él, uno de los que está a cargo lo interroga. ¿Y eso? ¿Te volviste loco? No, responde él. Pinochet Mandó a Asesinar a mis dos Abuelos!
El que está a cargo se arranca la servilleta del pecho, cierra los ojos y en un raro momento de debilidad, pide que lo escolten hasta afuera de las dependencias. Que se vaya, que no le hagan nada, pero que no vuelva. Luego en la calle, grita a todo pulmón. ¡Bien! ¡Bien hecho Por las rechuchas!
Todo esto con aire de ventrílocuo, poco y nada le quedaba de voz.
Ochenta y cuatro veces alcanzó a cantar la canción nacional y la partecita esa de los valientes soldados y la cacha de la espada. A pesar del cerco comunicacional y el alambre de púas que se erige en contra de la transparencia informativa, pudo ver relatada su hazaña por otros que no estuvieron allí.
Y se sintió feliz, orgulloso, satisfecho. Su primer plan de auto-provocarse una diarrea apocalíptica y saltar a raja pelada frente al ataúd no hubiese sido el mejor plan. A poto pelado arrancando, como pobre imitador de Chaplín empelotas, las cámaras filmándole el culo y el empeñado en sentarse sobre el “ex-presidente” hubiese sido tanto bochornoso como peligroso.
¿Y si algún fascista le enterraba la bayoneta en el culo? ¿Quién carajo gritaría su nombre en alguna marcha de izquierda? Después, el haber tratado de inflar la vejiga hasta casi hacerla explotar tampoco fue de las mejores ideas. Bajándose el cierre del pantalón y enseñando su virilidad y apuntando cual cañón de ligamentos hacia la cara de Pinochet, tampoco era la mejor idea.
¿Y si algún fascista le cortaba el que te dije con algún sable militar? Sería el primer eunuco revolucionario de Chile. La fama que adquiriría, poco y nada le serviría con alguna compañera impactada por tan noble acción.
Entonces, el escupo, el escupitajo, el pollo, la flema, la pantruca monstruo, era la mejor opción. Al final, en boca cerrada no entran moscas. Su boca autografió la firma imborrable sobre el sarcófago de esa momia despreciable. Su boca no fue más que la opinión generalizadaza, no sólo de Chile, sino del mundo entero. A veces despierta por las noches cantando la canción nacional. Se zamarrea un rato, se acomoda la almohada a la cabeza, hace unos ruiditos con la boca, traga saliva y se duerme tranquilo con una sonrisa acunando su sueño tranquilo.
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Andrés Bianque. Diciembre 15, mes del escupo y la sangre. 2006

William SMITH/El parque esta lleno de fantasmas


El parque esta lleno de fantasmas
Por William SMITH

El Parque está lleno de fantasmas.
Cuando pasamos por allí nos alzan las manos
nos saludan y/ haciéndonos señales/ nos quedan
mirando
desde la lluvia.

Los fantasmas nos quedan mirando con sus ojos miopes
y detrás de sus gafas atiborradas de polvo
y
olvido

El parque se ha llenado de fantasmas.
Desde 1999. Se cuelgan de los arbustos/ se orinan
los jardines/ escupen en los bancos/ se tiran
a dormir sobre los sardineles
y
a veces/ a media mañana/ se mojan el ocio
y la tristeza
con el agua de las mangueras
bajo
el
sol.

El parque se ha llenado de fantasmas
que nos miran desde la lluvia o sus propios
extravíos.

Ellos
suelen esconderse tras los árboles frondosos
platicar/ asiduos/ sobre las pérgolas
dormitar/ amotinados/ encima de las fuentes
revolotear
impredecibles
en el gras humedecido
de la noche fatua
o el inminente amanecer.

Por eso/ no mires a los fantasmas que nos miran
atravesar el parque vacío
de vuelta a casa.

A veces
cuando pasamos por allí/ nos señalan entre todos
nos silban presuntuosos
e
impertinentes
nos claman por un cigarrillo reciente/ para
sus antiguas agonías
sin final.

No. No mires a los fantasmas que nos miran
hallándonos en sus memorias
y recuerdos obsoletos.

Porque ellos/ quedos/ nos quedan mirando
exactamente
cada uno desde su propia decrepitud y alucinación
cada uno desde su propio deseo y desencanto
o
desde la invulnerabilidad
de sus miedos y rencores
de sus miedos y desesperanzas.

Y/ porque además
pueden hablarnos/ cuando pasamos por allí.

Los fantasmas nos hablan
por sus bocas oblicuas
por sus escapularios desteñidos
por sus túnicas harapientas
por sus crecidas uñas
llenas de la tierra y el musgo
de
la
muerte.

Los solitarios fantasmas del parque solitario
y frío.

Ellos nos acosan cuando vamos solos
sonriendo/ satisfechos/ ebrios.

Inicialmente
nos abaten con sus lenguaje
y eruditismos
luego nos desbordan con sus vanguardismos
y apologías
luego nos abruman con sus filosofías
y comprobaciones
después nos subliman con sus evocaciones
y añoranzas
y/ finalmente/ nos seducen con las historias
de sus agravios
y el olor de sus alientos
entremezclados
e
indóciles.

Los solitarios fantasmas del parque solitario
y frío.

Así
de tantas sus miserias
y tantos sus afanes/ que
en el mes que fuere
al final de la tarde que fuere
en la estación que asista
los fantasmas pueden llegar a conmovernos
y delatarnos infieles/ polutos/ sucumbibles
entre tantos espectros de todas las edades
y
épocas.

Así/ desde ese momento/ todos ellos pueden tocarnos
a la vez.

Y terminan/ pues
encendiéndonos la nostalgia
prendiéndonos la tristeza
alentando nuestras adhesiones
más marchitos que nunca
clamando nuestras compasiones
más ininteligibles que nunca.
Y ya no se detienen hasta trastocarnos
las identidades
los principios
la fe.

Desde ese momento/ todos ellos pueden
tocarnos
a la vez.

Sin sentir/ sin pena/ óseamente/ de costado
desde la lluvia.
Sin perdonarnos la sed infinita
el hambre infinito
el sabor de vinagre infinito
el tamaño de los clavos infinitos
nuestro
infinito
desamor.

Los fantasmas
nos habrían tocado la piel y el ensueño
los nacimientos/ los nombres propios
las débiles edades./ Muy de tarde/ de costado.
En 1999/ cuando el más frágil ocaso
nos proyecta mortales y traslúcidos
sobre el cemento emplastado
del parque abarrotado se fantasmas
que nos miran súbitamente.
Desde entonces
ya no seríamos más los mismos.

La muerte nos habría volado
la memoria y el tiempo
con sus ojos rubios
perdido la historia y el amor
con sus voces broncas
fundando el sopor y la soledad
con sus pies descalzos.

Y/ ya después
no queda más tiempo para redescubrir otros veranos
sin llorar.

La muerte de todos los fantasmas/ que
al mismo tiempo/ serían nuestras mismas muertes
deshojadas
poco a poco.

Y/ sin más ni más/ nos quedaríamos allí
oscultando al silencio bifurcado

saboteando la estación incinerante
recriminado a la noche asonada.
Recriminado a la noche asonada.
La noche asonada que se cierra/ se cierra
y ya no se abre
nunca jamás.

Por eso/ no mires a los fantasmas que nos miran
desde la lluvia o todas
sus imprecaciones.

Te volverías
durmiente y alucinado/ vagando por allí
entre
los árboles y los bancos
de una noche cercada que se queda dormida
el enrejado y los jardines
de una antigua canción que ahora escuchas
y habías olvidado
las estatuas y las pérgolas
de un poema que no puedes escribir y lo sufres
la fuente y los postes
de un sueño que se precipita y/ muy despacio/ se pierde
la niebla y la garúa que/ a solas/ te yerran.
La niebla y la garúa
la garúa y las niebla que te yerran
en el parque cundido de fantasmas que nos miran
nos hablan
nos tocan
sin cesar/ insomnes/ sin inmutarse
escondiéndose/ en ese momento
todos juntos
a la vez.

No. No mires a los fantasmas que nos miran
atravesar el parque vacío
de vuelta a casa.

Aunque
llamen por tu nombre a la distancia
aunque
jueguen canicas en cuclillas
aunque
silben del crepúsculo sus canciones
aunque
desnuden sus torsos prominentes
aunque
esté a punto/ entre abetos y abeludes
de aparecer
mustiamente
la
luna.



HAIKUS

1.

Sale la luna:
una ventana blanca
nos mira queda.


2.

Hoy te esperé,
y la diáfana noche
hízose aura.


3.

Si quiero decir:
“el azul del océano”:
digo: “tus ojos”.


4.

Garúa insensata,
no llames con la mano
que no es puerta.


5.

Un punto oscuro
en el cielo juliano:
estrella apagada.


6.

La mañana niebla:
titilan infelices
las dos hornilla.


7.

Lluvia volátil
¿quién tira del cabello
a la floresta?



8.

Si no amanece,
ya no volveríame
broche de rocío.


9.

Una lagrima
de luna deja pasar:
¡Niebla espesa!


10.

Quiero besarte
mucho antes de Otoño
aún lejos del Mar.


11.

Cuando saltes
saltamontes solo con
sigilo el siglo.


12.

Lluvia de abril:
yo bebo mi copa; tú
cambia de disco.


13.

¿Cómo hacerme
el fuego serpenteante
de tu corazón?


14.

En el camino

la garúa yerra unas
huellas fatigadas.

15.

Enamorada
la tarde brinda estrellas
en copa de mar.


16.

Del caminante
donde la tarde cae,
allí su hogar.


17.

Vientos de abril:
¿qué otros pensamientos
traen a caballo?


18.

Flauta lejana
en el camino solo
hundes mi paso.


19.

Luna: medalla
azul entre dos cerros
como dos senos.


20.

Si durmiéramos
ahora, ya no más serías
luna plateada.

jeudi 14 décembre 2006

Ángeles GARCÍA/En el laberinto de los ismos


En el laberinto de los ismos
Siruela publica la versión definitiva del diccionario artístico de Juan Eduardo Cirlot
Por Ángeles GARCÍA

Juan Eduardo Cirlot (Barcelona, 1916-1973) fue toda su vida un gran coleccionista. Ilustraciones, postales, espadas. Todo merecía su atención, estudio y clasificación. La palabra no podía ser ajena a este prestigioso poeta y crítico y por ello dedicó gran parte de su vida a lo que se considera una de sus obras más importantes y originales: el Diccionario de los ismos.

Reeditado ahora por sus hijas Lourdes y Victoria Cirlot en Siruela, el Diccionario de los ismos fue publicado por primera vez en 1949 con unas 500 voces. En 1956, el propio autor revisó y enriqueció con dos decenas de definiciones la primera versión. Pero durante toda su vida, Cirlot siguió trabajando con nuevas voces que ahora han sido añadidas a lo que fue la segunda edición. También se han completado algunas de las voces de las anteriores ediciones.

¿En qué se diferencia este diccionario de otros que persiguen idénticos objetivos? ¿Por qué se ha convertido en un clásico de referencia para todo estudioso del arte en su sentido más amplio?

De entrada, el Diccionario de los ismos es un compendio de estética en el que al arte se le suma la música, la filosofía y la literatura. Pero también Cirlot incluye ismos relativos a enfermedades o patologías como reumatismo, alcoholismo, daltonismo. O ismos de carácter esotérico como el salamandrismo o el satanismo.

"Mi padre", explica Lourdes Cirlot, "era ante todo un coleccionista de palabras. Cuando se interesaba por una, llegaba a realizar un auténtico tratado en torno a ella. Muchas definiciones son estudios en profundidad de un tema".

Cirlot sumaba las voces sin seguir un orden preestablecido. "Su diccionario es un collage de palabras", añade Victoria Cirlot, "salpicado con un humor profundamente surrealista. Puede parecer que las palabras elegidas no tengan nada que ver entre sí, pero luego resulta que todas surgen de un cuadro determinado. Cada elemento de esa obra era un manantial de sugerencias".

Juan Eduardo Cirlot tuvo siempre una clara intención de transgredir, tal como se muestra en su obra poética y en su prosa. Ese afán rompedor le hizo sufrir el rechazo de muchos de sus contemporáneos y de algunos de sus críticos posteriores. De este Diccionario de los ismos se ha dicho que es incompleto y que faltan voces imprescindibles. "Hay voces que no están porque él decidió excluirlas", dice Lourdes Cirlot, "y otras que responden a hechos ocurridos después de que él diera por finalizado el diccionario, como es el caso del pop y todos los popismos y derivados".

El historiador y crítico Ángel González García, responsable del prólogo de esta edición, mantiene que los ismos son siempre unipersonales y que Cirlot, partícipe directo de los grandes movimientos de vanguardia del siglo y dueño de una fuerte personalidad, tenía que imprimir su sello en todo lo que hacía. "La obra de Cirlot es forzosamente personal, producto de sus gustos, amores o desprecios", añade el historiador.

Juan Eduardo Cirlot fue testigo y actor de los movimientos de vanguardia del pasado siglo. Como teórico e investigador, publicó sus artículos en revistas nacionales e internacionales. También son numerosas sus monografías sobre artistas españoles y extranjeros y sobre los movimientos de vanguardia. Estuvo especialmente vinculado al movimiento surrealista, la abstracción informalista en España tuvo especialmente seguimiento entre los artistas catalanes. Está considerado un personaje clave en el complicado panorama intelectual español de los años del franquismo, tanto por la importancia de sus trabajos de divulgación de arte y simbología como por sus trabajos de experimentación en el campo de la poesía.


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Victoria Cirlot:

"Su diccionario es un 'collage' de palabras salpicado
con un humor profundamente surrealista"


Ángel González:

"Su obra es forzosamente personal,
producto de sus amores o desprecios"

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'Cirlotismos'

- Banalismo. No debe confundirse al arte con la temática. Por consiguiente, no se produce arte banal cuando se escoge como motivo un tema sin trascendencia, sino cuando el proceso creador, integrado por la técnica y la inspiración, resulta insuficiente (...).

- Conceptismo. Forma de expresión que muestra predilección por el lenguaje impreciso. Imprecisión no es equivalente de confusión, pues, en arte, rara vez se da lo confuso como resultado de una explícita voluntad en tal sentido, mientras que lo impreciso sí es usado frecuentemente como el medio más adecuado para traducir lo que la psicología denomina "estados crepusculares de ánimo" (...).

- Fideísmo. Doctrina heterodoxa que, considerando a la razón como esencialmente impotente para inteligir las verdades de la religión, presupone la existencia, en el hombre, de una facultad independiente, que es la que le otorga capacidad para la fe (...).

- Salamandrismo. Ismo esotérico introducido por el tratadista de arte alemán Leon Arnaut en los cenáculos simbolistas de París. En esencia, consiste en la aportación de varias ideas de valor plástico e ideológico extraídas de las antiguas mitologías de la América precolombina, donde las almas de los difuntos eran asimiladas a la salamandra.

- Sensacionalismo. La práctica de lo sensacional, como estilo, puede asimilarse a lo efectista. (...) Se busca sustituir el efecto de las extensas o profundas explicaciones por un efecto brusco, cuidadosamente elegido y preparado (...).

- Sentimentalismo. (...) Se considera sentimentalista aquella posición en la cual todo otro factor expresivo o representativo queda automáticamente subordinado a la necesidad de expansión sentimental. En la música gregoriana, en la pintura de Mantegna, en la lírica de Dante o de Eliot, hay un grave y profundo sentimiento, el cual es el que enhebra toda la conductividad, la coherencia de la creación (...).

- Esnobismo. Por esnobismo suele entenderse la admiración apasionada por todo lo nuevo, lo que vendría a ser la respuesta adecuada a la concepción existencialista del arte, la cual dice crear estrictamente para el presente, sin preocuparse en absoluto de dejar para épocas posteriores. Todo esto entraña una farsa, el existencialismo, aun negando valores intemporales, no puede evitar la salida a un humanismo que presupone una tabla de jerarquías y, por consiguiente, unos intereses espirituales a salvar (...).

- Titanismo. En el fondo, el titanismo expresa el anhelo oculto en el hombre de invertir las posiciones respectivas de la criatura y su creador; por ello, tiende a una magnificación de lo humano elevándolo hasta ese grado de exaltación espiritual que se traduce en las puras dimensiones espaciales, dando lugar a los titanes de la mitología, de la literatura y de las artes plásticas (...).

- Vibracionismo. Nombre dado a su modalidad pictórica por el artista uruguayo Rafael Barradas, publicando su primer manifiesto vibracionista en 1920. No deja de tener relación con el futurismo y con el cubismo, aun cuando su autor considere lo contrario.

Articulos:
http://www.elpais.com/cultura/

dimanche 10 décembre 2006

SILSH/Incapacidad



Porteña enamorada de Buenos Aires y del Río de la Plata, que desde los cuatro años juega a armar palabras. Incansable "laburante" que quiere seguir resistiendo en su complicado país y que alimenta su costado sensible a través de la escritura para poder vivir y darle sonido a su voz interior. Adicta al "pucho" y al "mate" además de ser una apasionada por la lectura y la música que, de curiosa, se recibió de Lic. en Publicidad dejando inconcluso su antiguo amor por la bioquímica.
Ha publicado su libro de poemas "Descalza y con sombrero" (Letramundi-Argentina) en el 2004.
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Incapacidad
Por SILSH

Se bebió sin más
el resplandor
a orillas de las sombras.

Sobre las flores muertas
de blanda soledad
en los zapatos
desafinaba un piano
su rutina.

Con pálida avidez
por los rincones
logró burlar a las persianas.

Flotando en el pabilo
hundió la noche
sin encender
un sueño.

Andrés Fabián VALDÉS/Una noche con el sistema del Prof. Diestra y del Dr. Mano Izquierda


Andrés Fabián Valdés, Oriundo de Uruguay, nacido el día 17 de julio de 1978. Actualmente domiciliado en Colombres 43 quinto F, Almagro, Capital Federal (Argentina).

1997: Egresa como publicista gráfico en Escuela de Artes y Artesanías “Dr. Pedro Figari”. 2004: Seleccionado en el VIII Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve (Editorial De Los Cuatro Vientos, Argentina).
2005: Septiembre – Comienza a publicar bimensualmente hasta el mes de junio del año 2006 en la revista de arte “Vademécum”.


Correo electrónico:
navegaaporfia@hotmail.com

Una noche con el sistema del Prof. Diestra y del Dr. Mano Izquierda
Por Fabian Valdés

Corre, cruza la esquina y se mete entre el tránsito, mientras imagino un desastre que arrastrará enormes consecuencias. Un automóvil me esquiva a centímetros de distancia. Otros me tocan bocina pero él prosigue corriendo fuera de juicio. Sus piernas cortan el aire. La respiración me es incontrolable. Se voltea y no los ve. Tampoco los escucha, sin embargo intuyo la presencia de ellos. La vorágine vial me confunde. ¡Me desespera! Una hora antes había estado encendiendo fuego a unos escritorios de la empresa donde ejercían sus profesiones.
.
La alarma sonó tal cual como él buscaba y se accionó el sistema anti-incendio que inundó las oficinas. Todo había quedado arruinado por el agua: papeles, archivos, computadoras, etc., etc.. Ahora corre. Y maldice por ello. Como poseído por una demencia suicida les hace señas a los autos para que me esquiven. Las bocinas me ensordecen y las luces me ciegan. Vuelve a voltearse y no los ve. Las esquinas y las calles me marean. Transpiro a un ritmo frenético y la aceleración cardiaca me extermina. Aún así corre más rápido. Cruza un semáforo en rojo y tras el roce mortal de una carrocería oigo violentas frenadas. Un dolor me desgarra las piernas. ¡Estoy casi asfixiado! Un par de horas antes se hallaba en su apartamento discutiendo por teléfono con un compañero de la oficina; nos culpábamos por la pérdida de un importante cliente europeo. Todos debatíamos dominados por una intensa agresividad. Sabíamos que por la gravedad del asunto, en cuanto éste se informara en la junta de dirigentes, uno de ambos sería irremediablemente despedido; pero lo aborrecible del hecho era que ese compañero de oficina era mi más querido amigo desde tiempos de la adolescencia. Escucho una sirena ¡y se aproxima! Un vehículo policial dobla en la esquina. Elude un par de autos y me intercepta como un rayo. Las luces delanteras me ofuscan. Estoy exhausto, ya no me queda escapatoria, quizás rendido se detiene. Siento un miedo brutal. El corazón me late vertiginosamente. Sus ojos nunca habían visto las luces de urgencia a tan corta distancia. La puerta de la patrulla se abre, un oficial desciende de ella y se me acerca a paso firme.

-Buenas noches señor. Hágame el favor de entregarme sus documentos.
-…
-¿Se encuentra bien señor?
-No los traigo conmigo.
Al mirarme con pausada severidad, me pregunta:
-¿Permiso de conducir?
-No tengo permiso de conducir. Digo, ahora no lo tengo aquí.
-¿Sabía que avanzaba en dirección contraria?
-…
-Es mi obligación multarlo.
-¿Multarme?
-Acaba de violar una ley de tránsito. Pudo haber causado un accidente.
-¿Un accidente?
-Señor, sea más prudente cuando salga a las calles. Usted es responsable de su vida y también de la vida de los demás.
-Discúlpeme oficial; no fue mi intención comportarme como un inconsciente.
-Muchos lo hacen y en el mejor de los casos terminan sobre una camilla en el hospital. No es que busque asustarlo, sólo pretendo darle un buen consejo: sea cuidadoso…
-Lo seré, créame, lo seré.
-No parece haber ingerido alcohol ni tampoco algún tipo de droga.
-¡No no eso jamás! Ha sido el desgaste de estar muchas horas trabajando en la oficina.
-Señor por esta vez le dejaré marcharse sin mayor problema; pero espero no cruzármelo en otra misma situación, sino tendría que retirarle la licencia de conductor.
- Le agradezco oficial. –Le menciona mientras mi cuerpo tiembla de pavor. Doy por finalizada la conversación y se aleja unos pasos.
-Espere… -Me observa de abajo hacia arriba e interroga. -¿Señor usted se encuentra desnudo?
-…
-¿Lo está o no? –Afirma la voz y endurece el rostro.
-Sí oficial.
-¡No debería salir así!
-Déjeme explicarle…
-¿Qué hace? ¡No me explique nada! El pronóstico anunció lluvia para esta madrugada. ¡Márchese ya antes de que el tiempo se descomponga! ¡Apúrese!... ¡Corra!...
-…


mercredi 6 décembre 2006

Andrés Fabián VALDÉS/El nacimiento del sol


Andrés Fabián Valdés, Oriundo de Uruguay, nacido el día 17 de julio de 1978. Actualmente domiciliado en Colombres 43 quinto F, Almagro, Capital Federal (Argentina).

1997: Egresa como publicista gráfico en Escuela de Artes y Artesanías “Dr. Pedro Figari”. 2004: Seleccionado en el VIII Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve (Editorial De Los Cuatro Vientos, Argentina).
2005: Septiembre – Comienza a publicar bimensualmente hasta el mes de junio del año 2006 en la revista de arte “Vademécum”.


Correo electrónico:
navegaaporfia@hotmail.com

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El nacimiento del sol
Por Fabian Valdés
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Le miró con ternura; sus ojos parecen dos gotas extinguiendo el fuego y su boca una caricia que recorre la piel. Ella, aun sintiendo vergüenza, se recogió la pollera y se posó cómoda sobre la hierba. Por primera vez sus senos transpiran y su amor se abre como una rosa. La brisa silvestre les refresca. Los labios brincan al igual que nerviosos pajarillos. Él es presa de ansiedad, pues ahora tiene cuanto existe en su anhelo. Nadie les puede descubrir; la noche no es oscura, por el contrario es luminosa y reflexible, pero ellos se encuentran lejos del pueblo, en una colina junto a un lago espejado. Tal vez muy cerca, o demasiado lejos, un campesino corre rápidamente. Se le nota fatigado, más por una odiosa rabia que por la agitación física. Sus ojos endemoniados exclaman amenazas sin juicio alguno; sin embargo avanza seguro de su dirección.

Los jóvenes se murmuran palabras dulces. Sus manos, convertidas en caricias temerosas, son arrastradas por el deseo; un deseo elevado e inexperto. Él le jura que la ama. Ella aprieta sus manos y hunde los dedos en la tierra. Las respiraciones se expanden en profundidad mientras sus cuerpos y sus almas se acercan por un ritmo creciente. Se poseen íntimamente, eternamente. La brisa alza su soplo y la hierba se humedece. El campesino corta distancia a paso iracundo. La luna le baña los senderos. Las suelas de sus botas estallan contra las rocas. Cree que ha sido traicionado; ella le había prometido que estaría temprano en casa. El muchacho le sonríe con ternura. Ella gime broncamente por primera vez; la molestia le es gratificante. El extraño corre a reventar. Quiere golpearlos y enseñarles las reglas. Darles una paliza hasta desintegrar todo recuerdo. Los labios de ella tiemblan afectados por la bondad. De sus pupilas emerge un brillo divino. Le nacen lágrimas de los ojos. El hombre ya corre sin tocar el suelo. Presiona los puños. Atraviesa arbustos. Salta alambrados. Intuye que es tarde. Maldice. Se le escurre espuma por la boca. Ya son audibles las respiraciones aceleradas. Tan solo unos metros les separa. Un alarido cruza el valle ¡y los tres se miran! ¡Se miran desafiantes! Aunque ya es tarde, demasiado tarde: ambos se hallan abrazados, contemplando el azul profundo y radiante del cielo y meciendo al niño recién nacido.



mardi 5 décembre 2006

Omar REQUENA/La reelección a vuelo de mosca



Omar REQUENA nació en Caracas en 1972. Vive actualmente en Ocumare del Tuy, la primera capital estatal mirandina. Cursó estudios de Derecho y Artes Visuales en la misma ciudad. Actualmente inicia el segundo semestre de Comunicación Social en la U.B.V. (Universidad Bolivariana de Venezuela) Tiene inéditos un poemario y una colección de piezas breves para teatro. Trabaja actualmente en su primer libro de relatos.
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La reeleccion a vuelvo de mosca
Por Omar Requena

1
Varios minutos al este, luego de las diez de la noche. En cadena nacional de radio y televisión, el C.N.E. (Consejo Nacional Electoral) ha emitido el primer boletín de resultados. La reelección de Hugo Chávez es prácticamente un hecho consumado. Indiscutible.

2
Tarde-noche pluviosa en Caracas. Desde el Balcón del Pueblo, en el Palacio de Miraflores, Chávez improvisa un discurso que aplaude y vitorea una multitud entusiasta, eufórica ante la perspectiva del triunfo. Han sido ellos el mejor termómetro de lo que sucedería comicialmente. Una victoria anunciada. La víspera, caravanas rojas recorrían Ocumare (y gran parte del país, seguramente) repitiendo consignas bolivarianas, sonando silbatos. El conocido toque de "diana" militar, invitaba a la contienda electoral desde muy temprano en la madrugada. Iniciativa del Comando Miranda, partidarios del candidato-presidente.

3
En la rara duermevela del sábado-domingo, pude oír los fuegos artificiales que cada tanto sonaban, marcando con desorden el paso de las horas. En los cortísimos intervalos de sueño, imágenes inconexas y en rápida sucesión. Obviamente, no las recuerdo. Cuando amaneció, estaba agotado, pero sin murria. El vodka con hielo y limón de la noche, no fue tan mala idea después de todo.

4
El primer boletín electoral llego justo cuando me duchaba para aliviar el calor. Las paredes retumbaban con los golpes, y escuché gritos de júbilo que venían de los otros apartamentos, viajando por el dicto del descompuesto extractor de aire. Enseguida salté al cuarto y miré: Hugo Rafael Chávez Frías: 5.936.141 votos contabilizados, Manuel Rosales: 3.715.292 votos contabilizados. El resto de los aspirantes a la presidencia, candidatos por iniciativa propia, solo consiguió un 0.26% de los votos totales.

5
Una quimera eso de pretender 10 millones de votos (“10 millones por el buche”, fue el slogan chavista) La oposición tragaría la desmesurada cifra y sería barrida del escenario político.
En la pantalla, un Rosales cariacontecido, acepta los resultados en su alocución a la prensa. Pero con una salvedad: dice que la brecha entre él y Chávez es aún más pequeña de lo que ha mostrado el CCNE. No faltaron las denuncias de irregularidades, nimias, pero que intentaron magnificar algunos canales privados. Incluso, se habló de efectivos del Plan República, de llevar personas afectas al gobierno a votar en masa, obligando a reabrir las mesas de votación que ya estaban en fase de escrutinio.

6
La violencia, como pronóstico, quedó desmontada. Pese a la evidente polarización en ambos sectores, el comportamiento del electorado estuvo a la altura. Apenas dos muertes que lamentar durante la jornada, y eso en circunstancias –digamos- “ajenas” al proceso de votación. Sin embargo, es un problema que debe atajarse definitivamente por el gobierno reelecto, con determinación y voluntad política. Asignatura pendiente, Presidente Chávez: devolverle al ciudadano común la tranquilidad de pisar las calles sin el temor ha ser interceptado en cualquier esquina y agredido, asaltado o muerto.

7
Once de la noche. En el Balcón del Pueblo, se oye un grito: “no tengan miedo al socialismo”. Continúa la lluvia. Junto a Chávez están una de sus hijas; Cilia Flores, presidenta de la Asamblea Nacional; Samuel Moncada, ministro de Educación Superior. Está igualmente Francisco “Farruco” Sesto, flamante ministro de Cultura y poeta de mediano talento. Curioso, hace unos diez años no era nadie. Recuerdo pasajes de una conversación con Lenin Márquez, en los que aseverábamos que solamente una cosa puede salvar a Venezuela: la Cultura, asumida como labor vital, como prioridad en un país donde el arte es considerado todavía un accesorio. Las iniciativas que se llevan a cabo no bastan: queremos una tierra de artistas, señor Farruco, con canales adecuados para la creación y difusión. Con verdaderos incentivos. Porque, nosotros soñamos hasta por usted mismo, señor ministro. ¿No lo cree?

8
La Historia ha dado un espaldarazo al proyecto Bolivariano. Una vez más. Se debate la esencia del Socialismo del Siglo XXI. Tenga los ribetes que tenga, no hay excusas: Venezuela debe cambiar definitivamente. La responsabilidad que ha puesto la nación en manos del gobierno es aún mayor que en años precedentes, pese al golpe del 11 de Abril y el Paro Petrolero; pese a la “Guarimba”, al paramilitarismo colombiano que se ramifica entre sectores venezolanos violentos, movidos por intereses oscuros y criminales; pese a la injerencia obstinada del gobierno-policía-del-mundo, que nos ha incluido en su “Eje del Mal”, y nos tilda de amenaza para América Latina.

9
Potenciar (y revisar a fondo) los programas sociales. Luchar sinceramente contra el peculado, el enriquecimiento ilícito de cierta “Oligarquía Chavista”, contra la violencia enquistada en nuestros pueblos y ciudades. Rojos, sí, pero no de sangre derramada absurdamente. Recuperar la confianza en las instituciones públicas, perdida en manos incapaces y oportunistas, que jamás darán la talla. Entender lo efímero de la riqueza petrolera y asumir la diversificación de nuestra economía, si en verdad aspiramos a la autosuficiencia.

10
Demasiado por hacer y levantar. Pero, más que nada, lograr un gobierno conciliador. Fuera los motes de “escuálido” para el opositor, del “salvaje chavista”, que tanto daño nos han hecho. Basta de estereotipos basados en el color y la posición social o económica: este país es de todos. Y comprender que los proyectos históricos no se imponen con sonrisitas socarronas: se discuten, se sopesan, se miden y se explican convenientemente. Aceptar la pluralidad, lo heterogéneo de nuestro sentir político. La disensión honesta y democrática no debe ser satanizada o expuestas al ridículo. Inclusión a todos los niveles de la vida nacional.

11
En cuanto a la oposición, el proceso les ha servido para medirse y constatar que representan un sector importante y necesario. Su reto: ofrecer alternativas reales, renovar su discurso y estrategia política, que no ha calado entre sectores indiferentes, por ejemplo. Desentenderse de falsos paradigmas y medias verdades.
Consumado está. Veremos qué traen los próximos seis años.

Ilustración: Siegfreid WOLDHEK
http://www.woldhek.nl/index.asp

dimanche 3 décembre 2006

Mario VARGAS LLOSA/Historia y mito: el abecedario del amor

Historia y mito: el abecedario del amor
Por Mario Vargas Llosa

En Diccionario del amante de América Latina (Paidós), Mario Vargas Llosa ha reunido los artículos que escribió desde su juventud acerca de todos los temas imaginables relacionados con este continente


Yo descubrí América Latina en París, en los años sesenta. Hasta entonces había sido un joven peruano que, además de leer a los escritores de mi propio país, leía casi exclusivamente a escritores norteamericanos y europeos, sobre todo franceses. Con excepción de algunas celebridades, como Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, apenas conocía a alguno que otro escritor hispanoamericano y en esos años jamás pensé en América Latina como una comunidad cultural, sino más bien como un archipiélago de países muy poco relacionados entre sí.

Que era algo muy distinto lo aprendí en París, ciudad que, en los años sesenta, se convirtió, en palabras de Octavio Paz, en la capital de la literatura latinoamericana. En efecto, la mayoría de los escritores más importantes de esa región de mundo habían vivido, o vivían, o pasaban por París, y los que no, de todas maneras terminaban siendo descubiertos, traducidos y promovidos por Francia, gracias a lo cual América Latina reconocía y empezaba a leer a sus propios escritores.

Los sesenta fueron unos años exaltantes. América Latina pasó a estar en el centro de la actualidad gracias a la Revolución cubana y a las guerrillas y a los mitos y ficciones que pusieron en circulación. Muchos europeos, norteamericanos, africanos y asiáticos veían surgir en el continente de los cuartelazos y de los caudillos una esperanza política de cambio radical, el renacimiento de la utopía socialista y un nuevo romanticismo revolucionario. Y, al mismo tiempo, descubrían la existencia de una literatura nueva, rica, pujante e inventiva, que, además de fantasear con libertad y con audacia, experimentaba nuevas maneras de contar historias y quería desacartonar el lenguaje narrativo.

Mi descubrimiento de América Latina en esos años me catapultó a leer a sus poetas, historiadores y novelistas, a interesarme por su pasado y su presente, a viajar por todos sus países y a vivir sus problemas y sus luchas políticas como si fueran míos. Desde entonces comencé a sentirme, ante todo, un latinoamericano. Lo he seguido siendo todos estos años y lo seré los que me quedan por vivir, aunque ahora entienda mejor que antaño que lo latinoamericano no es más que una expresión de lo universal, sobre todo de lo occidental, y aunque mis ilusiones de una América Latina libre, próspera, impregnada con la cultura de la libertad hayan pasado muchas veces del optimismo al pesimismo y de éste otra vez al optimismo, y de nuevo al pesimismo, a medida que el mundo en el que nací parecía encontrar el rumbo democrático o caía otra vez más en el autoritarismo y la violencia.

¿Qué significa sentirse un latinoamericano? Primero que nada, tener conciencia de que las demarcaciones territoriales que dividen a nuestros países son artificiales, ucases políticos impuestos de manera arbitraria en los años coloniales y que los líderes de la emancipación y los gobiernos republicanos en vez de reparar, legitimaron y a veces agravaron, dividiendo y aislando a sociedades en las que el denominador común era mucho más profundo que las diferencias particulares. Esta balcanización forzada de América Latina, a diferencia de lo que ocurrió en América del Norte, donde las trece colonias se unieron y su unión disparó el despegue de los Estados Unidos, ha sido uno de los factores más conspicuos de nuestro subdesarrollo, pues estimuló los nacionalismos, las guerras y conflictos en que los países latinoamericanos se han desangrado, malgastando ingentes recursos que hubieran podido servir para su modernización y progreso. Sólo en el campo de la cultura la integración latinoamericana ha llegado a ser algo real, impuesto por la experiencia y la necesidad -todos aquellos que escriben, componen, pintan o practican cualquier otra tarea creativa descubren que lo que los une es mucho más importante que lo que los separa de los otros latinoamericanos-, en tanto que en los otros dominios, la política y la economía sobre todo, los intentos de unificar acciones gubernativas y mercados se han visto siempre frenados por los reflejos nacionalistas, por desgracia muy enraizados en todo el continente: es la razón por la que todos los organismos concebidos para unir a la región, desde el Pacto Andino hasta el Mercosur, nunca han prosperado.

Las fronteras nacionales no señalan las verdaderas diferencias que existen en América Latina. Ellas se dan en el seno de cada país y de manera transversal, englobando regiones y grupos de países. Hay una América Latina occidentalizada, que habla en español, portugués e inglés (en el Caribe y en Centroamérica) y es católica, protestante, atea o agnóstica, y una América Latina indígena, que, en países como México, Guatemala, Ecuador, Perú y Bolivia, consta de muchos millones de personas, y que conserva instituciones, prácticas y creencias de raíz prehispánica. Pero la América indígena no es homogénea, sino, a su vez, otro archipiélago y experimenta distintos niveles de modernización. En tanto que algunas lenguas y tradiciones son patrimonio de vastos conglomerados sociales, como el quechua y el aymara, otras, como es el caso de las culturas amazónicas, sobreviven en comunidades pequeñas, a veces de apenas un puñado de familias.

El mestizaje, por fortuna, está muy extendido y tiende puentes, acerca y va fundiendo a estos dos mundos. En algunos países, como en México, ha integrado cultural y racialmente a la mayoría de la sociedad -es tal vez el único logro de la revolución mexicana-, dejando convertidas en minorías a aquellos dos extremos étnicos. Esta integración, por cierto, esmucho menos dinámica en el resto del continente, pero continúa ocurriendo y, a la larga, terminará por prevalecer, dando a América Latina el perfil distintivo de un continente mestizo. Aunque, esperemos, sin uniformarla totalmente y privarla de matices, algo que no parece posible ni deseable en el siglo de la globalización y la interdependencia entre nacionales. Lo indispensable es que, más pronto que tarde, gracias a la democracia -la libertad y la legalidad conjugadas- todos los latinoamericanos, con prescindencia de raza, lengua, religión y cultura, sean iguales ante la ley, disfruten de los mismos derechos y oportunidades y coexistan en la diversidad sin verse discriminados ni excluidos. América Latina no puede renunciar a esa diversidad multicultural que hace de ella un prototipo del mundo.

Este libro es un testimonio del compromiso con América Latina que contraje en París, pronto hará medio siglo, y al que sigo fiel. Aunque cualquiera que hojee sus páginas comprobará que, a lo largo del tiempo, mis opiniones literarias y mis juicios políticos y mis entusiasmos y críticas han cambiado muchas veces de blanco y contenido -todas las veces que la mudable realidad me lo exigía-, mi interés, mi curiosidad y también mi pasión por ese mundo complejo, trágico y formidable, de inmensa creatividad y de sufrimiento y penalidades indecibles, en el que las formas más refinadas de la civilización se mezclan con las de la peor barbarie, se han conservado intactos hasta hoy.

Una de las obsesiones recurrentes de la cultura latinoamericana ha sido definir su identidad. A mi juicio, se trata de una pretensión tan inútil como imposible, pues la identidad es algo que tienen los individuos y de la que carecen las colectividades, una vez que superan los condicionamientos tribales. Pero, al igual que en otras partes del mundo, esta manía por determinar la especificidad histórico-social o metafísica de un conjunto gregario ha hecho correr océanos de tinta en América Latina y generado feroces diatribas e interminables polémicas. La más célebre y prolongada de todas, aquella que enfrentó a hispanistas, para quienes la verdadera historia de América Latina comenzó con la llegada de españoles y portugueses y la articulación del continente con el mundo occidental, e indigenistas, para quienes la genuina y profunda realidad de América está en las civilizaciones prehispánicas y en sus descendientes, los pueblos indígenas, y no en los herederos contemporáneos de los conquistadores, que todavía hoy marginan y explotan a aquellos.

En verdad, cualquier empeño por fijar una identidad única a América Latina tiene el inconveniente de practicar una cirugía discriminatoria que excluye a millones de latinoamericanos y a muchas formas y manifestaciones de su frondosa variedad cultural.

La riqueza de América Latina está en ser tantas cosas a la vez que hacen de ella un macrocosmos en el que cohabitan casi todas las razas y culturas del mundo. A cinco siglos de la llegada de los europeos a sus playas, cordilleras y selvas, los latinoamericanos de origen español, portugués, italiano, alemán, chino o japonés son tan oriundos del continente como los que tienen sus antecesores en los antiguos aztecas, toltecas, mayas, quechuas, aymaras o caribes. Y la marca que han dejado los africanos en el continente, en el que llevan también cinco siglos, está presente por doquier: en los tipos humanos, en el habla, en la música, en la comida y hasta en ciertas maneras de practicar la religión. No es exagerado decir que no hay tradición, cultura, lengua y raza que no haya aportado algo a ese fosforescente vórtice de mezclas y alianzas que se dan en todos los órdenes de la vida en América Latina. Esta amalgama es su riqueza. Ser un continente que carece de identidad porque las tiene todas.

Aunque no se aborde de manera explícita, un asunto merodea por todos los vericuetos de este diccionario: la paradoja de la abismal contradicción que existe en América Latina entre su realidad social y política y su producción literaria y artística. El mismo continente que, por sus astronómicas diferencias de ingreso entre pobres y ricos, sus niveles de marginación, desempleo y pobreza, por la corrupción que socava sus instituciones, por sus gobiernos dictatoriales y populistas, por los niveles de analfabetismo y de escolaridad, sus índices de criminalidad y narcotráfico y el éxodo de sus pobladores, es la encarnación misma del subdesarrollo, detenta un altísimo coeficiente de originalidad literaria y artística. En el campo de la cultura sólo se puede hablar de subdesarrollo en América Latina en su vertiente sociológica: la pequeñez del mercado cultural, lo poco que se lee, el ámbito restringido de las actividades artísticas. Pero, en lo tocante a la producción, ni sus escritores, ni sus cineastas, ni sus pintores, ni sus músicos (que hacen bailar al mundo entero) podrían ser llamados subdesarrollados. En sus mejores exponentes, el arte y la literatura latinoamericanos han dejado atrás hace tiempo lo pintoresco y lo folclórico y alcanzado unos niveles de elaboración y de originalidad que les garantizan una vigencia universal.

¿Cómo explicar esta paradoja? Por los grandes contrastes de la realidad de América Latina, donde no sólo conviven todas las geografías, las etnias, las religiones y las costumbres, sino también, como lo mostró Alejo Carpentier en Los pasos perdidos , todas las épocas históricas. En tanto que las élites culturales se modernizaban y abrían al mundo y se renovaban gracias a un cotejo constante con los grandes centros de pensamiento y creación cultural de la vida contemporánea, la vida política, con muchas excepciones, permanecía anclada en un pasado autoritario de caudillos y camarillas que ejercitaban el despotismo, saqueaban los recursos públicos, y mantenían la vida económica congelada en el feudalismo y el mercantilismo. Un divorcio monstruoso se produjo: en tanto que los pequeños reductos de la vida cultural -mínimos espacios de libertad librados a su suerte por un poder político generalmente inculto y desdeñoso de la cultura- se hallaban en contacto con la modernidad y evolucionaban y salían de ellos escritores y artistas de alto nivel, el resto de la sociedad permanecía poco menos que inmovilizada en un anacronismo autodestructor. Es verdad que en los últimos tiempos han mejorado algo las cosas, pues hay en América Latina una gran mayoría de gobiernos democráticos. Pero algunos de ellos se tambalean por su incapacidad para satisfacer las demandas sociales y por la corrupción que los corroe, y el continente tiene todavía, como recuerdo emblemático de su pasado, la dictadura más longeva del mundo: la de Fidel Castro (46 años en el poder).

Este libro es, a su modo, una mezcolanza plural, muy parecida, aunque en formato microscópico, de lo que, creo yo, es América Latina. Se compone de textos escritos desde que, en mi juventud, me descubrí un latinoamericano, hasta la fecha, que se ocupan de todos los temas imaginables -la revolución, la fotografía, ciertos hábitos del lenguaje popular, el cine, las dictaduras, el paisaje, los escritores, la historia, el humor, el fútbol, los viajes, la pintura-, y comprenden variedad de géneros: el reportaje periodístico, el artículo, la evocación, la reseña, la nota necrológica, la crónica y hasta la ficción. Como están escritos en épocas diferentes hay entre ellos divergencias y contradicciones, que hubiera sido deshonesto tratar de disimular. Lo que les da unidad es que todos ellos, desde distintas perspectivas y con diferentes pretextos, tratan de capturar a través de la escritura un instante, una imagen, de ese vértigo incesante que es América Latina, en alguna de sus infinitas manifestaciones.

El libro no aspira a ser objetivo e impersonal. Por el contrario, está cargado de subjetividad. La mayoría de los textos están escritos en primera persona y dan cuenta de mis experiencias y reacciones frente a determinados asuntos de la realidad latinoamericana. Y, por eso, de una manera un tanto accidental, este libro es también como el revés de una autobiografía, la materia prima que la haría posible. No se puede entender América latina sin salir de ella y observarla con los ojos y, también, los mitos y estereotipos que se han elaborado sobre ella en el extranjero, porque esa dimensión mítica es inseparable de la realidad histórica de una comunidad, y, asimismo, porque muchos de esos mitos y estereotipos América Latina los ha hecho suyos y metabolizado, empeñándose a menudo en ser lo que, por razones ideológicas y folclóricas, muchos europeos y norteamericanos decían que era y querían que fuera, empezando por el cronista colonial León Pinelo, quién "demostró" que en la Amazonia se encontraba el Paraíso Terrenal. Por eso, en estas páginas figuran muchos pensadores y escritores que, sin ser latinoamericanos, han tenido una influencia relevante en su vida cultural y política, y, como premio o castigo, merecerían serlo.

Entre esas influencias ha prevalecido, en buena parte de la historia latinoamericana, la cultura francesa. Desde los tiempos de la Independencia, en que las ideas de los enciclopedistas y los doctrinarios de la Revolución dejaron una huella fundamental en los ideales de emancipación, y pasando por el positivismo que marcó el quehacer intelectual y cívico de un confín a otro de la región pero, sobre todo, a Brasil y México, hasta hace relativamente poco tiempo los modelos estéticos, las ideologías, los valores filosóficos, los temas y prioridades del debate intelectual en América Latina han seguido muy de cerca lo que ocurría en Francia. Y, a menudo, lo que llegaba hasta nosotros de otras culturas lo hacía a través de las traducciones, las modas y las interpretaciones francesas. Eso ha cambiado en nuestro tiempo, con la ramificación de centros culturales y la desaparición de las fronteras, pero, hasta mi generación por lo menos, la vida artística y cultural de América Latina sería incomprensible sin la fecundación francesa. Es la razón por la que Francia está presente en este libro; además de reflejar una preferencia personal, esta presencia, creo, sintoniza cabalmente con una verdad histórica.

Jamás hubiera sido posible este diccionario sin la ayuda generosa de mi traductor y amigo, Albert Bensoussan, incansable sugiriendo la inclusión de textos, perfeccionando la estructura del libro y preparando las notas aclaratorias, y la de mi antigua colaboradora y amiga, Rosario Muñoz-Nájar de Bedoya, quien se las arregló siempre, escarbando archivos, bibliotecas y cajones, para hacer aparecer los textos que creía desaparecidos. A ambos, muchas gracias.

Articulo:
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